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Entrevista con Mary Kaldor

Mary Kaldor

“Las ONG actúan de facilitadoras”

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RESUMEN

Mary Kaldor tiene un compromiso de larga data con la sociedad civil en el Reino Unido y en otras partes del mundo. Es profesora de Gobernanza Global de la London School of Economics (LSE), donde además es directora de la Unidad de Investigación sobre Sociedad Civil y Seguridad Humana. Ha sido una figura clave en el desarrollo de la democracia cosmopolita. Escribe sobre globalización, relaciones internacionales e intervención humanitaria, sociedad civil global y gobernanza global.

En su entrevista con Conectas Derechos Humanos, Kaldor exhibe una confianza persistente en el potencial del lenguaje de derechos humanos y su uso por parte de la sociedad civil. Observa que “usar el lenguaje de derechos humanos en relación con la justicia social implica un enorme avance porque significa que uno deja de pensar en términos estadistas y habla en términos de derechos individuales, reemplazando el enfoque colectivo que a menudo resulta un tanto represivo”.

No obstante, Kaldor reconoce los desafíos que enfrentan hoy las organizaciones de la sociedad civil. Recuerda que le “llamó particularmente la atención el hecho de que, durante las manifestaciones en Medio Oriente y otros lugares en 2011, nadie usaba el término “sociedad civil”. Para ellos, la sociedad civil tenía que ver con las ONG y el dinero. Entonces yo me preguntaba si seguía siendo un término útil”. Aún a la luz de esos desafíos, Kaldor señala con prudencia que “las recientes protestas callejeras son mucho más una señal de que la gente no se siente representada por sus legisladores, por aquéllos a quienes votaron”.

Entonces, ¿cuál es el rol de la sociedad civil en este escenario? Según Kaldor, como ha dicho en otras partes, “al hablar de la sociedad civil me refiero al medio a través del cual las personas participan de los asuntos públicos fuera de las instituciones formales. En la era de la globalización, en la que la fuerza y la diplomacia pierden importancia en las relaciones entre los Estados, cobra mucha más prominencia el papel de la sociedad civil para producir cambios políticos”. Esto, combinado con la tecnología digital, hace que Kaldor piense que “estamos atravesando una era de cambios revolucionarios increíbles”. La entrevista que reproducimos a continuación permite entender mejor el rol actual de la sociedad civil, el potencial del lenguaje de derechos humanos y a quién representa la sociedad civil. 

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Derechos Humanos • Desde hace diez años ustedes publican el Yearbook on Global Civil Society (Anuario sobre la Sociedad Civil Global) y exploran los distintos significados de la sociedad civil global. En 2012, en un artículo para OpenDemocracy, usted dijo que una de las formas en que interpretaba a la sociedad civil era como “el medio a través del cual las personas participan de los asuntos públicos”. Desde una perspectiva histórica, vemos que el movimiento de derechos humanos ha dado algunos pasos muy interesantes hacia la promoción de la justicia y, especialmente, en la fijación de normas en el ámbito internacional. ¿Le parece que el lenguaje de derechos humanos sigue siendo un lenguaje efectivo para las organizaciones de la sociedad civil en la búsqueda de la transformación social y la justicia social?

Mary Kaldor • Mi respuesta inicial es sí. Los derechos humanos son muy importantes y creo que esto implica varios aspectos. Uno es que los derechos humanos llevan el debate a un nivel global sólo por el término mismo derechos humanos. Los pueblos lucharon por sus derechos en los distintos países, pero esos derechos eran para los ciudadanos del país en cuestión. Entonces el término mismo derechos humanos implica que la lucha va más allá de las fronteras. Eso es lo primero que hay que decir.

En segundo lugar, las luchas por los derechos humanos han tendido a concentrarse en los derechos civiles y políticos. Es interesante observar que siempre se tiende a hablar mucho más de la justicia social en términos colectivos. Entonces, el lenguaje de la izquierda y de la justicia social tiende a no ser el lenguaje de derechos humanos, sino el lenguaje de clase y colectividad. Muy a menudo eso se vincula con el estatismo porque la gente que lucha por la justicia social ve al Estado como el proveedor de bienestar. Esas personas por lo general se dirigen al Estado, mientras que los activistas de derechos humanos tienden a ver al Estado como opresivo. Entonces suele haber una contradicción bastante importante entre quienes luchan por la justicia social y quienes luchan por los derechos humanos, que ciertamente estaba bastante institucionalizada durante el período de la Guerra Fría. En Europa Oriental y en lugares como China y la Unión Soviética, la gente decía que gozaba de derechos sociales y económicos, mientras que en Occidente había derechos civiles y políticos. Yo no creo que ellos [quienes vivían bajo el régimen comunista] tuvieran ningún derecho, porque no se puede tener derechos sociales y económicos sin derechos humanos.

Usar el lenguaje de derechos humanos en relación con la justicia social es un gran avance, porque significa que uno ya no piensa en términos estadistas, sino que habla en términos de derechos individuales, reemplazando el enfoque colectivo que a menudo resulta un tanto represivo.

Asimismo, muchas actividades de derechos humanos no hacen lo suficiente por la justicia social y tampoco la gente que lucha por la justicia social hace lo suficiente por los derechos políticos y civiles. Hay mucho más por hacer. Los chinos quizás digan que gozan de derechos económicos y sociales, pero no es así. Cuando se lucha por los derechos económicos y sociales, como ocurrió en países como Gran Bretaña, Francia o en Europa Occidental, se vuelve muy difícil revocarlos o cambiarlos.

Conectas • En el Yearbook on Global Civil Society 2009, usted explora el rol de la sociedad global en relación con la erradicación de la pobreza, y allí se plantea la pregunta acerca de si “la sociedad civil global [está] en la práctica dominada por las ideas y valores de los países ricos transmitidos por las ONG internacionales y otras instituciones organizadas y financiadas desde el Norte Global”. En este sentido, ¿cuál le parece que puede ser o ya es el impacto de la mayor diversidad de voces dentro del movimiento internacional de derechos humanos?

M.K. • Cuando elaboramos ese anuario sobre la pobreza, decíamos una y otra vez –y ésa fue ciertamente mi idea cuando iniciamos el proyecto en 2001– que la sociedad civil global es una plataforma que ofrece oportunidades a voces a las que antes no escuchaba nadie, porque se supone que debe ser en cierto sentido respetable.

“Sociedad civil” era el término que usaban los activistas de Europa del Este y de Brasil, y se convirtió en una palabra respetable. Entonces, si uno decía “soy un activista por la paz” no era nadie, pero si decía “soy miembro de la sociedad civil”, de repente se convertía en alguien importante. De modo que yo pensé que la sociedad civil era una plataforma realmente buena, pero en realidad se ha ido asociando cada vez más a las ONG internacionales y así, se ha convertido en un término dominado por el Norte Global.

Sin embargo, me llamó particularmente la atención el hecho de que, durante las manifestaciones en Medio Oriente y otros lugares en 2011, nadie usaba el término “sociedad civil”. Para ellos, la sociedad civil tenía que ver con las ONG y el dinero, entonces yo me preguntaba si seguía siendo un término útil. Me gusta usarlo en parte por su asociación con mi trabajo, pero también porque tiene una larga historia conceptual con la que podemos involucrarnos.

Por todos esos motivos, creo que es un término útil. Pero por otro lado, si uno quiere llegar a un conjunto más amplio de personas –ciertamente es lo que tratamos de hacer en el programa de Global Civil Society– y si pensamos en algo como el Foro Social Mundial, entonces el término pareciera estar mucho más conducido por el Sur. El Foro Social Mundial, o los movimientos transnacionales de campesinos, o los Zapatistas son realmente interesantes. ¿Pero se habrían llamado a sí mismos sociedad civil global? No lo creo.

Esto tiene dos caras. Por un lado, como “sociedad civil” es un término aceptado por todos, ofrece la oportunidad de hablar. Por ejemplo, ¿el FMI habla con la sociedad civil? ¿No deberían hablar con nosotros? Yo soy la sociedad civil. Por otro lado, y ésta es la contradicción señalada por Gramsci, la sociedad civil es una expresión de las relaciones de poder. Lo que dice Gramsci es que la sociedad civil tiene que ver con la hegemonía más que con el dominio. Entonces, sí, tiene que ver con la hegemonía del Norte, pero no con el dominio del Norte. Y justamente porque se trata de hegemonía y no de dominio, les ofrece a las personas la oportunidad de participar.

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Conectas • Considerando la definición de sociedad civil como el ámbito y el espacio en el que se pueden expresar distintas voces, ¿a quiénes representan las organizaciones de derechos humanos? La mayoría de las organizaciones –a diferencia de los gobiernos representativos– no están sujetas a elecciones periódicas. 

M.K. • Hay un artículo interesante que escribió en 2003 un escritor llamado Michael Edwards, que dice que “la sociedad civil es una voz, no un voto”. No creo que las organizaciones de la sociedad civil representen a nadie más que a ellas mismas, a menos que tengan miembros, en cuyo caso pueden decir que representan a sus miembros. Las organizaciones de derechos humanos pueden organizar campañas a favor de los Rakhine de Birmania, o de otros pueblos oprimidos, en cuyo caso pueden decir que representan la voz de esos pueblos, pero no su voto.

Conectas • ¿Le parece posible o recomendable que las organizaciones creen mecanismos de participación para la definición de sus agendas? ¿Deberían abrir canales de diálogo con la sociedad para debatir sus prioridades y estrategias?

M.K. • Creo que eso es extremadamente importante, pero es muy difícil saber cómo hacerlo. Las organizaciones de derechos humanos por lo general están financiadas por donantes ricos del Norte y sus beneficiarios son personas oprimidas que no participan del debate acerca de cómo debería gastarse el dinero. Cuando yo era miembro del directorio de la Westminster Foundation for Democracy, que es una fundación del gobierno británico que apoya la democracia, sugería una y otra vez que debíamos celebrar reuniones con las personas afectadas, para hablar sobre cómo debíamos gastar el dinero. Pero es algo difícil de hacer, sobre todo si es algo voluntario. Es realmente difícil, creo, a menos que se trate de un Estado, en el que las personas pagan sus impuestos y esperan recibir servicios a cambio. Creo que cuanto más se pueda hacer en este sentido, estableciendo este tipo de mecanismos y a través de los medios y la publicidad, mejor.

Conectas • A propósito de esto, ¿le parece que las recientes protestas callejeras en todas partes del mundo son una señal de que la gente no se siente representada por las ONG?

M.K. • Creo que las recientes protestas callejeras son mucho más una señal de que la gente no se siente representada por sus legisladores, por aquéllos a quienes votaron. Y creo que hay una gran crisis de representación política en este momento, que tiene que ver con varias cosas, una de las cuales se relaciona con la tecnología de las elecciones. Mientras que todo el foco de la responsabilización está puesto en el momento mismo en el que se emite el voto, en las elecciones hoy en día existe toda una tecnología de grupos testigo (focus groups), en virtud de lo cual se va detrás del voto indeciso. En este sentido, los partidos no expresan lo que la gente quiere que expresen, sino que expresan lo que les parece que un pequeño margen de personas en la franja media quiere que digan. Y, en consecuencia, no hay un debate público serio y la gente siente que no hay nadie en el parlamento que realmente represente lo que ellos piensan. Además, en parte también se trata del problema de que en la era de la globalización, no son los gobiernos los que toman algunas de las decisiones claves como las decisiones de las políticas neoliberales o las políticas en relación con la deuda. Sigo pensando que en este momento ciertamente hay una gran crisis de representación, pero en general diría que la gente tiende a confiar más en las ONG que en sus gobiernos.

Conectas • ¿Cómo ve el rol de las distintas ONG en relación con las protestas callejeras? ¿Qué opina de su contribución a las protestas en todo el mundo?

M.K. • Creo que depende de cada ONG. Las ONG no son lo mismo que la sociedad civil. La sociedad civil tiene que ver con la participación. Una forma de entender a las ONG es pensarlas como movimientos sociales “domesticados”. A menudo han evolucionado desde un origen de movimientos sociales, pero se han ido profesionalizando y burocratizando y compiten unas con otras por fondos, entonces su comportamiento refleja tanto su pasado como su lógica actual. Hay muchas ONG distintas, pero creo que algunas ONG realmente desempeñan el papel de facilitadoras. En junio voy a asistir a una reunión en Sarajevo, donde el Foro Social Mundial y otra ONG, Helsinki Citizens Assembly, ofrecen un espacio donde pueden participar muchos de los manifestantes.

Conectas • ¿Entonces sigue muy vigente el rol de mediadores?

M.K. • Sí, y es interesante que las ONG desempeñen ese papel ahora. Cuando yo era joven y participaba de las protestas, lo hacían los movimientos de los trabajadores y lo siguen haciendo al día de hoy también.

Conectas • En el informe de 2012 de la Global Civil Society también se argumenta que sociedad civil significa un lugar donde se producen manifestaciones, donde las personas pueden hablar, debatir y actuar libremente, y que las manifestaciones concretas de la sociedad civil –desde reuniones en un café hasta Facebook– varían según el tiempo y el lugar. En su opinión, ¿cuál ha sido la influencia que han tenido las nuevas tecnologías de la información y la comunicación sobre el activismo? 

M.K. • Hay muchas respuestas diferentes. En primer lugar, facilitan el activismo. Es ahora mucho más fácil movilizarse y organizarse mediante las redes sociales y Twitter. En segundo lugar, creo que la tecnología ha acelerado enormemente nuestra conciencia acerca de lo que ocurre en otras partes del mundo, lo que es muy importante. No hay dudas de que las redes sociales, los teléfonos móviles, Twitter y demás han tenido una importancia tremenda.

Por otro lado, también se pueden señalar aspectos muy negativos. Creo que estas tecnologías promueven el extremismo. Es mucho más fácil ser extremista en Facebook que cara a cara. También alientan el “clickactivismo”, la idea de que uno puede simplemente firmar una petición online y sentir que ha hecho algo.

Pero con sus pros y sus contras, ésta es una revolución enorme, tan importante como fue la imprenta. La historia del mundo probablemente debería contarse a través de la historia de las tecnologías de la comunicación, de la evolución de la palabra hablada a la escrita. Leí algo sobre San Agustín y alguien que comentaba que estaba sentado solo leyendo un libro sin mover los labios. Antes de aquella época, siempre se asumía que uno leía en voz alta. Con la imprenta, surgen las lenguas vernáculas, el advenimiento del nacionalismo; con las novelas y los periódicos, surge el secularismo. ¡Y creo que ahora nos encontramos en una era de cambios revolucionarios increíbles! Y no creo que hayamos comenzado a entender, o a pensar siquiera, hacia dónde nos lleva.

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Mary Kaldor

Mary Kaldor tiene una larga relación con la sociedad civil en el Reino Unido y en el extranjero. Actualmente es profesora de Gobernanza Global en la London School of Economics (LSE), donde también es directora de la Unidad de Investigación sobre la Sociedad Civil y Seguridad Humana. Kaldor escribe sobre globalización, relaciones internacionales e intervención humanitaria, sociedad civil global y gobernanza global. Es autora de libros como: 'The Ultimate Weapon is No Weapon: Human Security and the Changing Rules of War and Peace', 'New and Old Wars: Organised Violence in a Global Era' e 'Global Civil Society: An Answer to War'.

Original en inglés. Traducido por Florencia Rodríguez.

Entrevista realizada en marzo de 2014 por Fabiana Leibl (Conectas Derechos Humanos).