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Entrevista con María-I. Faguaga Iglesias

María-Ileana Faguaga Iglesias

“Las particularidades de Cuba no son siempre identificadas ni comprendidas por los activistas de derechos humanos de otros países”

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María-I. Faguaga Iglesias conoce el activismo de derechos humanos en Cuba de cerca. Historiadora y antropóloga, Faguaga es profesora adjunta en la Universidad de La Habana y Directora del proyecto de Diálogo Inter-cultural e Inter-religioso de CEHILA-Cuba (Comisión para el Estudio de la Historia de la Iglesia en Latinoamérica). Activista por los derechos de la población afrocubana, sus principales ejes de investigación son: mujer afrocubana, religiones afrocubanas, relaciones de poder y autoridad, así como las posibilidades de diálogo entre las afro religiones cubanas y la Iglesias católica-romana, raza, género y salud.

En esta entrevista, concedida a Conectas, María-I. Faguaga Iglesias explica el histórico de las organizaciones de derechos humanos en Cuba, así como relata las dificultades enfrentadas por activistas y académicos en la isla, entre ellas la falta de acceso a la tecnología. Durante la entrevista la activista destaca como “Se debe tener en cuenta la realidad concreta de los activistas y estudiosos implicados y, sobre todo, de las poblaciones afectadas, aunque no directamente implicadas en el activismo. De lo contrario su trabajo se resiente en densidad y alcance”.

Desde esta perspectiva Faguagas resalta cuán importante es que las ONG que enfocan su trabajo en el eje de los DD.HH., en el Sur o en el Norte con miras al Sur, tengan en cuenta siempre las particularidades y que dentro de esas particularidades está Cuba, cuya situación no es siempre bien entendida.

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Conectas Derechos Humanos • Muchas organizaciones de derechos humanos han repensado sus estrategias de actuación, teniendo en cuenta demandas locales. Grandes organizaciones del Norte han aumentado su presencia en el Sur Global. Y organizaciones del Sur Global, además de su creciente actuación internacional, han reflexionado sobre sus estrategias dentro de un contexto en que las protestas en masa y otras formas de cuestionamiento de las instituciones representativas ganan un mayor espacio. ¿Según su opinión, cual es la diferencia de trabajar con derechos humanos a partir del Sur Global, en particular desde Cuba?

María-I. Faguaga Iglesias • En el debate que promueve el trabajo de los DD.HH desde la perspectiva del Sur, es común que no se tengan en cuenta elementos fundamentales del contexto del mundo actual. Falta una mejor comprensión de las realidades y necesidades específicas de los países que integran el Sur para que los activistas de DD.HH, así como los estudiosos de esa y otras problemáticas sociopolíticas puedan enfrentar adecuadamente obstáculos y retos que no son necesariamente los del mundo capitalista. No considerar esas diferencias dificulta y limita el estudio panorámico que realizan las instancias nacionales, internacionales y transnacionales dedicadas a escrutar, analizar e informar, o al activismo tomando como eje los DD.HH.

Por ejemplo, no tomar las calles no es índice verificable, ipso facto, de que no haya activismo en la defensa de los DD.HH. No tener acceso a publicar los resultados del trabajo intelectual y de terreno no es índice de pasividad o desinterés. Estas desacertadas simplificaciones muestran la necesidad de que las organizaciones internacionales y/o transnacionales tengan en cuenta las diferentes realidades sociales de cada país y miren más allá de las apariencias.

Por todo esto se hace imprescindible el constante diálogo de estas organizaciones con las realidades que son sus objetos de estudio o intervención. Se debe tener en cuenta la realidad concreta de los activistas y estudiosos implicados y, sobre todo, de las poblaciones afectadas, aunque no directamente implicadas en el activismo. De lo contrario su trabajo se resiente en densidad y alcance.

Conectas • Usted tiene una larga experiencia de trabajo con organizaciones de derechos humanos en Cuba. ¿Cuáles son las circunstancias en que desarrollan su activismo los defensores de D.D.H.H en la isla? ¿Cuáles son sus oportunidades, desafíos y retos?

M-I.F.I. • El panorama del activismo sobre los derechos fundamentales en la Isla ha variado sensiblemente desde sus inicios, a finales de los años ’70, hasta el presente. Entonces un pequeño grupo de presos políticos fundaron lo que luego sería el Comité Cubano Pro Derechos Humanos (1976). Esta pequeña organización reunía a intelectuales, ex diplomáticos, antiguos profesores universitarios y otras personas que habían tenido participación activa y directa en el gobierno castrista.

Sus posibilidades de sobrevivencia prácticamente no se avistaban. Esas personas exponían su seguridad y la de sus familiares, en un país en el que uno de los mecanismos de control más efectivos del régimen ha sido la separación de la familia por motivos políticos. En esas condiciones, aislados del mundo, esos primeros activistas por los DD.HH. iniciaron el camino del contacto con las embajadas y la prensa extranjera. Era su única posibilidad de tener repercusión más allá de las fronteras isleñas. Sin recursos económicos ni protección legal, acosados por la policía política, en medio de la incomprensión familiar, aislados en la nación, esos primeros activistas se desenvolvían.

Aquel núcleo inicial se ampliaría y diversificaría hasta fracturarse. Como consecuencia, surgirían, en los años ’80, la Comisión Cubana de DD.HH. y Reconciliación Nacional y el Partido Pro DD.HH. El siglo XXI vería el nacimiento de la Fundación Lawton de derechos Humanos y del Centro de Salud y Derechos Humanos. El hervidero no reconocido, que sociológicamente representaría la década de los ’80, fue el caldo de cultivo de la expansión del activismo independiente en Cuba. Terreno propicio, si bien no se permitía su visibilización, en el que irían surgiendo otras organizaciones. Todas, como el Comité que las antecedió, sometidas al intenso y panorámico trabajo de la policía política.

Gradualmente, el activismo se extendía al interior del país. Allí, donde en los primeros años habían menos activistas, dada la facilidad de ejercer mayores controles por parte de las fuerzas represivas, hoy posiblemente son muchos más que en la capital del país. Difícilmente pudiera señalarse con precisión la fecha de ese despegue. No sería desacertado ubicar ese proceso, cronológicamente, como parte de la apertura a nivel psicológico y del cambio en las mentalidades que ha venido ocurriendo a partir del incremento de las penurias materiales, al comienzo de los años ’90.

Lenta pero sostenidamente se sumaban a ese movimiento jóvenes intelectuales y artistas, y crecía la presencia de afrodescendientes. Profesionales, obreros, amas de casa y estudiantes, heterosexuales, bisexuales, gays y transexuales, blancos, mestizos y negros, de todas las generaciones, nutren ahora ese activismo. El número de mujeres crece, algo en lo que tiene que haber servido el ejemplo de las conocidas como Damas de Blanco. Las ya innúmeras organizaciones existentes expresan la multiculturalidad y el carácter multirracial de la nación cubana.

De las nuevas agrupaciones algunas se concretaron más o menos como partidos o ese ha sido su propósito. Todas, en las condiciones de Cuba, podrían identificarse con el activismo de los DD.HH. Hay que señalar que no todas tienen las mismas prioridades, ni disponen de los mismos recursos en capital humano y material. Además, en las agrupaciones que disponen de mayores recursos materiales, no todos los participantes están en la misma situación al respecto.

Personas humildes a quienes violentaran sus derechos, por ejemplo, a la herencia o a un cambio de empleo o de categoría; personas a quienes la policía atropellara o que, violentados sus derechos laborales, no encontraban apoyo en los sindicatos; artistas cuyo arte y vida eran incomprendidos y censurados por autoridades; algún ex militar que acusara al jefe del ejército por un trato inmerecido; intelectuales censurados y/o contestatarios, aunque en pequeños números, se sumarían a los precursores del activismo. Ampliarían los reclamos iniciales por los derechos de los presos políticos y de los opositores al gobierno. Proceso este que continua hasta hoy.

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Conectas • Justamente me gustaría preguntarle sobre eso. ¿Según su opinión, como cambió el panorama de activismo de derechos humanos en Cuba durante las últimas décadas? ¿Cuál es el papel de los actores internacionales en el escenario local de Cuba?

M-I.F.I. • El panorama nacional ha variado, haciéndose comedidamente más favorable al activismo cívico. Los activistas de DD.HH. (ya se señaló que no todos) disponen hoy en Cuba de nuevas condiciones materiales para desempeñar sus tareas. En muchos casos la vieja máquina de escribir cedió ante la llegada del computador, los cortes de línea del teléfono fijo (caso de tenerlo, pues el porcentaje de personas con teléfono es irrisorio) ceden ante la incomunicación impuesta con el bloqueo a la línea del teléfono móvil.

Eso visibiliza hacia el exterior parte de lo que está sucediendo en la Isla, desde la realidad cotidiana vivida por la mayoría de cubanos y cubanas, hasta las extraordinarias manifestaciones que han venido suscitándose; desde el caso particular de alguien expulsado de su empleo hasta la desatención de ancianos, niños, mujeres y personas diferentemente capacitadas; desde la violencia doméstica hasta la constante represión política.

Hoy existen activistas que publican en diarios y revistas del extranjero. Algunos envían al exterior sus vídeos para ser utilizados en la televisión. Otros graban sus programas televisivos o radiales en Cuba para ser relanzados allende los mares.

Varios han recibido becas de prestigiosas universidades como Harvard. Otros atesoran premios internacionales con sus consecuentes beneficios económicos. Desde enero de 2013, cuando el gobierno puso en vigor nuevas regulaciones migratorias, va en ascenso el número de los que salen al exterior para ofrecer conferencias, presentar sus libros y/o exposiciones, asistir a eventos internacionales, contactar a sus connacionales residentes en otros países, intercambiar con activistas de otras partes del mundo, recibir cursos y hasta entrevistarse con reconocidos líderes como el fundador del paradigmático sindicato polaco Solidaridad (Lech Walesa) y con presidentes como Barack Obama. Con anterioridad, muy pocos consiguieron los ominosos “permiso de salida” y de “entrada”.

Sin embargo, actualmente, las particularidades políticas, culturales, económicas y sociológicas de Cuba no son siempre identificadas ni comprendidas por los activistas de derechos humanos de otros países. No se entiende la necesidad de independencia de posicionamientos y pensamiento de las cubanas y los cubanos de hoy, expresados tantas veces en exacerbadas apetencias de protagonismo.

Conectas • Una de las cuestiones en este número de la Revista Sur es como las nuevas tecnologías de información y comunicación influenciaron el activismo de derechos humanos. ¿Usted ya contó un poco sobre eso, pero cómo funciona el acceso y uso de la tecnología por activistas en Cuba actualmente?

M-I.F.I. • Aunque se pase habitualmente por alto, la penuria material en la Isla se expresa también en el cotidiano del activismo. Disponer de una PC o de un MP3, de una flash o de una cámara fotográfica, de un teléfono móvil y de recursos en divisas para contratar y mantener la línea, como el tan caro acceso a internet, que recientemente fue permitido a los cubanos en escasos centros habilitados para ello, no es algo que esté al alcance de la mayoría de opositores de la Isla.

Además, hay que contar con el elevado costo de la hora de internet en la Isla, que oscila entre 4.50 y 12 CUC**. Nota de Revisor: Un CUC – Peso cubano convertible – equivale a un dólar americano. El CUC es una de las dos monedas oficiales actuales en Cuba y es oficialmente canjeable en el país. La otra moneda actual es el peso cubano.. Cuando 1 CUC se compra en las casas de cambio por 25 pesos y el salario promedio es de unos 300 pesos, es grotesco y abusivo el precio de la conexión, que además no garantiza real libertad pues muchos sitios webs son vetados en Cuba.

Los que sí poseen acceso y tienen el beneplácito de embajadas extranjeras para acceder a internet, no disponen de ese servicio las 24 horas y los gerentes de hoteles, en los que hasta la creación de los pocos pero muy cacareados y controlados centros de internet se ha podido establecer esa conexión, se toman la libertad de ofrecer o no ese servicio a los cubanos.

En los años 1970 e 1980, manuscritos o notas escritas en viejas máquinas de escribir, eran entregados por los activistas en las redacciones de las agencias de la prensa extranjera y en las embajadas. No siempre las agencias se hacían eco de ello. No todas las embajadas los recibían. No podían acudir a diplomáticos de los países ex socialistas, estos con similares prácticas a las de los gobernantes cubanos. No todos los países occidentales les hacían caso. Algunos gobernantes tenían muy sólidas y cómplices relaciones con sus homólogos isleños.

Después iniciaron las conferencias de prensa, claro que sin la presencia de los medios nacionales. Se hicieron de una estructura interna y de un logo para darle cierta legitimidad legal a sus documentos. Sus casas eran – y siguen siendo – sus sitios de reuniones.

En esas condiciones persistieron y ampliaron sus intereses, con el creciente acoso, la presión y la represión policíaca. Si nos apartamos de las demandas fundamentales y primeras del cambio de gobierno con la concomitante mudanza de régimen político y de sistema económico, las denuncias solían tener un carácter individual. Ahora se integran en una mirada colectiva.

Es fundamental considerar la existencia de lo que pudiéramos denominar ciberpolicía. Es decir, de un sector de la policía política cuyo contenido de trabajo es el seguimiento y control de las comunicaciones virtuales. Personas ajenas a las que asiste el derecho policial, arbitrariamente concedido y políticamente protegido, para entrar en el buzón de cada usuario y tomar cuenta de sus comunicaciones, desde sus contactos hasta el contenido, de bloquear cuentas o enlentecer más las comunicaciones para determinado usuario.

Con esas condiciones trabaja cada activista que accede a internet o a la telefonía. Sabiendo que sus comunicaciones son rastreadas y pueden ser interceptadas e interrumpidas, que sus mensajes pueden no llegar a sus destinatarios y puede no recibir los que le envían. Sabiendo que existen leyes con las cuales el gobierno le declara legalmente “enemigo”, enjuiciándole y condenándole a prisión. El contenido de e-mails intercambiados por opositores ha sido utilizado en la televisión nacional, en campañas destinadas a desacreditarles.

Conectas • Según su opinión, cual es papel de académicos en Cuba actualmente? ¿Cuál es la relación de los mismos con activistas de derechos humanos?

M-I.F.I. • El caso del estudioso de los DD.HH. en Cuba merece su propio análisis. Baste de momento precisar que los organismos cuyo eje es esa materia deberían identificar y distinguir entre los que pudiéramos denominar diploacadémicos y los otros. Los primeros están gubernamentalmente autorizados y estimulados para establecer contactos internacionales. Los otros hacen su trabajo pese a múltiples dificultades, la primera de estas es la negativa de las instituciones a aceptar su presencia y el resultado de sus investigaciones, en paralelo con el acoso de la policía política.

Suelen ser de estos últimos, condenados al ostracismo, los resultados de las investigaciones más ajustadas a la realidad. Pero claro, hay excepciones, y no deberíamos por tanto rechazar o aceptar a priori ningún análisis, basándonos únicamente en el posicionamiento del investigador. Académicos conocidos han ido ajustando a los tiempos sus resultados de investigación. Y están los intelectuales fuera del sistema, opositores o no, cuyas investigaciones parecen en ocasiones distantes del escenario en que desenvuelven sus exploraciones.

En cualquier caso, la clave está en procurar el siempre difícil equilibrio. No atarse a apariencias ni a figuras. Dejar las puertas abiertas al conocimiento y a las experiencias de activistas y estudiosos, de quienes residen en la Isla y en el exterior, sean cubanos y cubanas o no, pero sin olvidar que siempre hay que contrastar las informaciones.

Los organismos que en el mundo se encargan de monitorear la situación de los DD.HH., deberían continuar pugnando para que el gobierno de la Isla ratifique los convenios internacionales que ha firmado, y para que permita su entrada oficialmente al país. Pues enviar a sus delegados con subterfugios (por ejemplo, haciéndoles pasar por turistas), los somete a la siempre existente posibilidad de ser detectados, expulsados por los gobernantes de Cuba.

Los organismos de DD.HH. tal vez podrían establecer algún mecanismo de protección internacional para los activistas y estudiosos de la Isla. Hasta el presente, la única y muy escasa protección que tienen los activistas y estudiosos en Cuba es o su reconocimiento internacional o sus contactos con el exterior.

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María-Ileana Faguaga Iglesias

Historiadora y antropóloga, Faguagua es profesora adjunta en la Universidad de La Habana y directora del proyecto de Diálogo Intercultural e Interreligioso de CEHILA-Cuba (Comisión para el Estudio de la Historia de la Iglesia Latinoamericana). Activista por los derechos de la población afrocubana, sus principales ares de investigación son: mujer afrocubana, religiones afrocubanas, relaciones de poder y autoridad, así como las posibilidades de dialogo entre las religiones afrocubanas y la Iglesia Católica Romana, raza, género y salud. 

Original en español.

Entrevista realizada en marzo de 2014 por Juana Kweitel (Conectas Derechos Humanos).