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El sistema de procedimientos especiales de la ONU está “controlado para que no surta efecto”

Raquel Rolnik

Entrevista con Raquel Rolnik

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Urbanista y profesora de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo, Brasil, Raquel Rolnik fue directora de Planificación de la Ciudad de São Paulo (Brasil)(1989–1992), coordinadora del área de urbanismo de la organización no gubernamental Instituto Pólis (1997-2002) y secretaria nacional de Programas Urbanos del Ministerio de las Ciudades (2003-2007), además de ser autora de diversos libros y artículos sobre la cuestión urbana y la lucha por el derecho a la vivienda adecuada. Rolnik fue por dos mandatos, Relatora Especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el Derecho a la Vivienda Adecuada y concedió la siguiente entrevista a Conectas, pocas semanas antes de terminar su período de seis años al frente de la relatoría.

En la charla que mantuvo con Conectas, la urbanista reflexiona sobre su experiencia en la ONU, que considera como “absolutamente increíble”, pero que también le permitió vivir de cerca las limitaciones del sistema de los procedimientos especiales -relatores y especialistas- del Consejo de Derechos Humanos, al que caracteriza como “un sistema controlado para que no surta efecto”.

Para ella, el uso del “lenguaje codificado” de los derechos humanos y el bloqueo en la práctica para la recepción de denuncias, hacen que el trabajo de los relatores se mantenga limitado a un pequeño círculo especializado. “Es un sistema controlado para que no sea conocido universalmente. Es un sistema controlado para que no genere grandes debates públicos. Está pensado para permanecer al interior del círculo de los derechos humanos”.

Tal constatación estimuló a la urbanista a ampliar el rol de los temas explorados por la relatoría más allá de cuestiones “tradicionales” de derechos humanos, incluyendo cuestiones presentes en la agenda pública del momento, tales como la financiarización de viviendas y el impacto de los megaeventos sobre el derecho a la vivienda. Rolnik también rompió con la tradición, al visitar no sólo países en desarrollo, sino también a Estados Unidos y al Reino Unido -iniciativa por la que recibió duros ataques personales.

Además, afirma que el gran factor decisivo en el Consejo de Derechos Humanos son los intereses geopolíticos. “En muchas de las situaciones que viví, era mucho más importante la geopolítica Norte-Sur que el contenido que estábamos discutiendo; el contenido discutido era totalmente irrelevante, lo importante era cómo se alineaban los países”.

Más allá de los límites institucionales a su trabajo, Rolnik detecta en las últimas tendencias históricas -principalmente el financiarización del capital y la pérdida de poder de los Estados- una crisis del propio Estado Democrático de Derecho como modelo de representación política y consecuentemente, del propio lenguaje de los derechos humanos, centrado en la responsabilidad de los Estados y en el carácter individual de los derechos. Sin embargo, afirma la urbanista, eso no significa que los derechos humanos perdieron relevancia. Para ella, tales derechos tienen aún un papel importante como instrumento de resistencia al orden económico y “a la propia idea de hegemonía de la propiedad individual y del liberalismo”.

Lea a continuación la entrevista completa con Rolnik, en la que la urbanista comenta temas como el concepto del derecho a la ciudad y la experiencia de estar en la mira de los periódicos británicos.

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Conectas Derechos Humanos • En un estudio sobre las recientes manifestaciones, tal como revela Sara Burke en este número de la revista, investigadores de la Friedrich Ebert Stiftung (FES) y de la Universidad de Columbia llegaron a algunas conclusiones interesantes. Una de ellas es que en estas protestas, las demandas (grievances) han sido expresadas mucho más frecuentemente en términos de justicia económica que en términos de derechos, incluyendo la demanda por la vivienda. Otra conclusión es que el perfil de los manifestantes se amplió mucho, disminuyendo significativamente la proporción de manifestantes “tradicionales” (sindicatos, activistas de ONG, etc.) en relación a los ciudadanos que no solían involucrarse políticamente, principalmente en aquellas protestas dirigidas a la “falta de democracia/representatividad ‘real’”.

Raquel Rolnik • Estos manifestantes están cuestionando cuál es el modelo adecuado para responder a la representación política de los ciudadanos. Principalmente porque, universalmente, el modelo de democracia representativa está totalmente capturado por el poder económico. Al mismo tiempo que el capitalismo globalizado se transforma en el lenguaje predominante de las relaciones económicas entre las personas -y en el capitalismo claramente, manda más quien tiene más dinero- paralelamente, a la propia globalización, el poder de los Estados para controlar ese proceso comienza a ser cada vez más limitado. En la fase más reciente del capitalismo, que se refiere al proceso de hegemonía de las finanzas, el capitalismo financiero o la financiarización del capitalismo, esto es aún más radical. Entonces, me parece que las protestas que están ocurriendo en el mundo entero, a pesar de tener sus agendas específicas y de ser pensadas a partir de las experiencias históricas de cada país, han mostrado claramente las señales de agotamiento de ese modelo, tanto del modelo de representación política como del modelo de organización económica en sí.

Sin embargo, es claro que es un modelo de representación que fue formulado y desarrollado desde el punto de vista operativo, durante cientos de años. Y las utopías que se opusieron a ese modelo, como la utopía del socialismo y del comunismo también fueron experimentadas, y actualmente también contamos con elementos fuertes para criticarlos. Los modelos de democracia representativa con que contamos tardaron años para desarrollarse y ser experimentados. De esta forma, también va a demorar para que nuevas utopías sean formuladas y maduradas por medio de prácticas reales. No quiere decir que la idea de otra sociedad, con otro modelo, va a ser formulada inmediatamente. Es un proceso que va a llevar un buen tiempo.

Conectas • Y dentro de ese escenario, ¿Cree que el lenguaje de los derechos es un lenguaje aún legítimo? ¿Todavía puede ser eficaz para promover justicia social? Por ejemplo, usted ha mencionado que el papel del Estado es limitado frente a un mundo en el que predominan las finanzas -y, en el lenguaje de los derechos humanos, el responsable es siempre el Estado, ¿no es cierto?

R.R. • Puedo mencionar tres cuestiones que resultan de mi reciente aprendizaje sobre derechos humanos en mi experiencia como relatora en estos últimos seis años de trabajo.

En primer lugar, la construcción de los derechos humanos tiene un paralelo en la construcción de la idea del Estado Democrático de Derecho. Nos encontramos ante una crisis del Estado Democrático de Derecho como modelo ideal y de referencia para la representación de los ciudadanos, y la cuestión de los derechos humanos está ligada, porque es parte integral del mismo. Una de las dimensiones es justamente la pérdida del poder de los Estados -que es el responsable fundamental por los derechos humanos.

La segunda dimensión que me parece que también está en juego, en cuanto a los derechos humanos, es que esos derechos -y la forma en la que fueron formulados en el momento en que ocurrió la Declaración Universal, en sus pactos y en su desarrollo a partir de allí- están muy ligados a la idea liberal: el derecho humano como individuo, el poder del individuo. Es casi como si el derecho fuera una propiedad privada del individuo. Esto tiene una relación muy fuerte con la cuestión de la propiedad privada, con el modelo de propiedad privada en el sistema capitalista. Está claro que los derechos económicos, sociales, y culturales siempre se encuentran en tensión respecto a esto, pero todo eso -la libertad individual, el poder de voto- está muy fuertemente estructurado en base a la idea de individuo, que es un pilar fundamental de esa concepción del Estado Democrático de Derecho.

Y finalmente, en la práctica, los derechos humanos, así como el resto de las cuestiones entre Estados en el ámbito internacional, están muy atravesados por la geopolítica. En muchas de las situaciones que viví, era mucho más importante la geopolítica Norte-Sur que el contenido que estábamos discutiendo; el contenido discutido era totalmente irrelevante; lo importante era cómo se alineaban los países. Hay un grupo de países en el Consejo [de Derechos Humanos de la ONU] cuyo único discurso es decir “no”. Considerando la hegemonía histórica, ideológica y política de Europa y de América del Norte sobre el mundo -ideológica incluso en el campo de los derechos humanos (las principales ONG internacionales vienen de allí, la principal actuación viene de allí, la formulación viene de allí, el discurso de la defensa de los derechos humanos viene de allí)-, el Sur reacciona anti-Norte. Al reaccionar anti-Norte es como si estuviera reaccionando anti-derechos humanos, ¡pero no es así! Todo el tiempo se veía esa dualidad operando en el Consejo de Derechos Humanos: países dominantes y hegemónicos versus países del Sur. Y entonces, en la práctica -con la crisis económica de Europa, con la emergencia de nuevas potencias como China, los BRICS- esa geopolítica se rompe, por más que una parte de los BRICS tenga actitudes “imperialistas” en la medida en que ahora reproducen en los mercados africanos, por ejemplo, aquello que los países del Norte hacían en los mercados latinoamericanos en el pasado. Todavía persiste [esa resistencia del Sur al Norte]: el imperialismo, el colonialismo no fueron una ficción, realmente ocurrieron, y [esa experiencia] es muy fuerte en la constitución de los Estados nacionales. Los derechos humanos terminaron siendo capturados por todo esto.

Pero existe otro aspecto: trabajando como relatora para la vivienda adecuada percibí cuánto los derechos pueden también servir en las acciones de resistencia a este orden económico, a la propia idea de hegemonía de la propiedad individual y del liberalismo. Esta es una lectura que hago a partir de mi experiencia en el campo del derecho a la vivienda adecuada, que es el campo de los derechos económicos, sociales y culturales, y acompañando los derechos a la alimentación, al agua, y la relatoría de pobreza y de salud, que fueron los relatores con los que tuve más proximidad -percibí que eso también era verdadero para ellos. Las comunidades resisten. Mi último trabajo como relatora fue el de las Directrices sobre Seguridad de la Tenencia para los Pobres Urbanos, que cuestiona profundamente la idea de que la propiedad individual es la más segura, es aquello que se debe desear. En este sentido, entra mucho más en un campo pluralista desde el punto de vista jurídico, de un pluralismo de formas de propiedad, de un pluralismo de formas de relación de los individuos con el territorio, y que llevaría, en última instancia, si se fuera a pensar filosóficamente, a un pluralismo de formas de organización social y política también.

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Conectas • En este escenario, ¿Cree que el derecho a la ciudad (que aún no está constituido como parte de los derechos humanos) sería una forma de aliar ese pluralismo de necesidades?

R.R. • El derecho a la ciudad es una noción que viene siendo trabajada en el campo de la Sociología y de la Ciencia Política urbana desde [Henri] Lefevre y renovada a partir de David Harvey y de Peter Marcuse, que retomaron la idea del derecho a la ciudad en la contemporaneidad. Desde el punto de vista de los derechos humanos, una de las principales redes de organización de la sociedad civil es Habitat International Coalition, que tiene fuertes vínculos con movimientos sociales y también relaciones con ONG en este campo, y que ha trabajado el debate sobre el derecho a la ciudad como derecho humano.

Pasé seis años trabajando con el derecho a la vivienda y, desde mi punto de vista, el concepto del derecho a la vivienda adecuada es del derecho a la ciudad, es el derecho a la ciudad. Si leemos los instrumentos formales, desde la Declaración Universal, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y principalmente los Comentarios Generales de la ONU, y después el conjunto de relatorías temáticas y resoluciones presentadas por Miloon Kothari, y por mi propio trabajo en esa secuencia, veremos que el concepto de vivienda adecuada no es el derecho a la casa. No se trata de cuatro paredes y un techo, sino de un lugar en el territorio a partir del cual puedes acceder a los demás derechos: el derecho a la educación, el derecho a la salud, el derecho a la protección, el derecho a la libertad de expresión, el derecho a la no discriminación. Es el derecho a la ciudad, en el espacio urbano. Evidentemente, también es el campo del derecho de los grupos más vulnerable a las violaciones de derechos humanos. Dentro de ese grupo, los derechos de aquellos que están en los asentamientos informales e irregulares, los asentamientos de los pobres urbanos, que tienen una ambigüedad en relación a su pertenencia a la ciudad, son de los más violados – las “favelas” o barrios, las ocupaciones, etc. Pero esas violaciones no se limitan a esos grupos. Como acabamos de ver, en la crisis hipotecaria, inmobiliaria, cuán sometida ha estado la libertad individual a una condición de absoluta inseguridad para los españoles, irlandeses y norteamericanos que perdieron sus casas en función de las ejecuciones hipotecarias [foreclosure] y se volvieron sin techo.

Conectas • De hecho, su relatoría estuvo marcada por un hecho muy interesante: las organizaciones de derechos humanos critican mucho la cuestión de la selectividad entre los relatores -en el Consejo de Derechos Humanos, principalmente. Y usted visitó como relatora, Estados Unidos y el Reino Unido, donde ha sido…

R.R. • ¡Atacada!

Conectas • Sí, me gustaría que hablara un poco más sobre eso.

R.R. • La estrategia que adopté en la relatoría, fue buscada. No fue sin querer. Desde el inicio, estaba completamente segura de que debería, en mi actuación como relatora, promover un equilibrio, no sólo entre las regiones, visitando países de diferentes regiones, de Europa Occidental, de Asia, de África, de América Latina y de América del Norte -y con esta meta me frustré un poco, por haber hecho menos en África y Asia de lo que me hubiera gustado- pero también entre países desarrollados y menos desarrollados.

Esa era mi estrategia inicial, pero ¿qué sucedió? Al inicio de mi mandato, para mi suerte o desgracia, estalló la crisis inmobiliaria/hipotecaria en Estados Unidos. Comencé el mandato en 2008, la crisis estalló a fines de 2008, comienzos de 2009. Entonces, inmediatamente, quise hacer una misión a Estados Unidos, al ver que había miles de personas que perdían sus casas y se quedaban en la calle. Al estudiar Estados Unidos y lo que allí sucedió, comencé a seguir temáticamente la crisis financiera y su efecto sobre el derecho a la vivienda. Ahí descubrí el mundo. Descubrí que el modelo hegemónico estaba imponiéndose sobre el conjunto del planeta y generando aquella crisis -y a medida que yo iba pasando por los países- varias crisis. Y, en este sentido, era muy importante ir a Inglaterra, porque Inglaterra y Estados Unidos fueron los formuladores de ese modelo hegemónico de la mercantilización, de la financiarización de la vivienda.

Trabajé mucho el tema de la financierización de la vivienda exactamente porque me tocó el momento de la crisis. Esto marcó mucho a la relatoría, fue muy importante para la relatoría. Y eso, de alguna manera, sacudió la relación Norte-Sur dentro del Consejo, y a mí me dio una visión más amplia del proceso.

Pero hasta ahora -discutiendo la resolución que será votada por el Consejo, renovando el mandato de la relatora para la vivienda y comentando la seguridad de la tenencia- siento que hay una presión, como si el problema de la vivienda fuera aún un problema sólo de los países pobres, puramente limitado a la cuestión de tener dinero para construir casas.

Aunque mi experiencia haya sido absolutamente increíble y creo que el sistema de los procedimientos especiales de la ONU tiene importancia, este es un sistema totalmente controlado. Es un sistema controlado para que no surta efecto. Es un sistema controlado para que no sea universalmente conocido. Es un sistema controlado para no generar grandes debates públicos. Está pensado para permanecer en el interior del círculo de los derechos humanos.

Conectas • ¿Cómo está controlado?

R.R. • Para que permanezca dentro del Consejo de Derechos Humanos, de las ONG de derechos humanos, de los grupos de derechos humanos. El lenguaje en sí, esos informes, con un lenguaje absolutamente difícil de comprender, un lenguaje codificado… Por ejemplo, el Diálogo Interactivo (Interactive Dialogue) no tiene nada de Interactivo y mucho menos de Diálogo porque todo está ya predefinido y tú solo puedes leer lo que ya está escrito, y no se discute.

En todo ese tiempo, yo estaba segura de que lo más importante era salirse de ese control, ganar las calles, ganar los corazones y las mentes del ciudadano común. Por lo tanto, yo también adopté una estrategia, buscada, de escoger algunos temas que ya estaban de alguna forma en la agenda pública, y trabajarlos para intentar aportar la mirada de los derechos humanos. Entonces, trabajé con megaeventos y el derecho a la vivienda -que creo que fue una estrategia exitosa, por todo lo que conseguimos hacer con los medios de comunicación en todo el mundo- y con la crisis financiera. El espacio que tuve en la prensa para hablar de la crisis financiera fue nulo (por razones obvias) e hice un esfuerzo para tratar de ampliar, hacer materiales, guías, traducir folletos, manuales, crear una nueva página web, etc., para ver si se ampliaba esa historia. En ese sentido, la misión a Inglaterra -que fue una misión absolutamente polémica- fue genial, ya que la Relatoría del Derecho a la Vivienda Adecuada fue conocida en el mundo entero. Nadie sabía siquiera que eso existía y las personas empezaron a conocerla. A pesar de que no haya sido nada agradable sufrir ataques y agresiones personales, creo que, desde el punto de vista de la relatoría, la misión a Inglaterra fue muy positiva.

Conectas • ¿Cree que el hecho de haber sido atacada está relacionado con el hecho de que usted viene del Sur?

R.R. • Seguramente. Allí se combinaron varios elementos. La primera gran cuestión fue que la relatoría, independientemente de mi voluntad, desde el primer momento, tuvo gran visibilidad en los medios.
Cuando un relator va a realizar una misión, lanza un comunicado de prensa internacional: “El relator tal va en misión a tal país para examinar el derecho a la vivienda”. Pero nadie dice nada en los medios… Cuando entra al país, ese relator está completamente de incógnito.

En cuanto a Inglaterra, al día siguiente de mi llegada, sale en los principales periódicos que “la ONU manda a alguien para investigar la bedroom tax”1, que era el tema que estaba en la agenda pública.

Evidentemente, yo no estaba investigando la bedroom tax, estaba en misión de la relatoría, pero esto ya empezó el primer día y desde entonces, la relatoría tuvo mucha visibilidad. No di entrevistas a la prensa hasta el día de la declaración final, pero el día de la declaración toda la prensa ya estaba hablando del tema. Era una cuestión política muy presente para el gobierno, por lo tanto, ganó mucha visibilidad.

La estrategia del gobierno fue, claramente, la de descalificar al mensajero. ¿Cómo lo hicieron? Ahí operan las discriminaciones históricas. Número uno: el hecho de que era mujer, “a Brazilian woman” [una mujer brasileña]. ¡Una mujer! Dos: latinoamericana, brasileña. “¿Cómo una mujer latinoamericana, brasileña, se atreve a hablar de política de vivienda en un país como Inglaterra, viniendo ella directamente de las favelas de Brasil?”. Fue una discriminación muy fuerte. Luego vino el ataque ideológico, diciendo que soy izquierdista –eso era una cuestión puramente ideológica, con los neoliberales conservadores intentando sugerir una cierta afiliación partidaria. Había también otros niveles, como el hecho de que soy judía. El hecho de que mis abuelos fueran asesinados en el Holocausto también entró como un elemento de descalificación. Para mí, eso fue absolutamente impactante: una mujer brasilera, judía y con simpatías, relaciones con la religión afro-brasilera, que es cosa de esclavo, negro, africano. Cosa de “gente peor”. Es una visión colonialista muy fuerte.

Por suerte, la relatoría obtuvo mucho apoyo de la sociedad civil dentro de Inglaterra. Pero todo eso fue muy impresionante para mí. Yo no viví eso en ningún país y en todos los países fui igualmente incisiva, independiente, fuerte en mi mensaje. Inglaterra fue el 11º país que visité.

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Conectas • Siguiendo sobre la relatoría, especialmente la relación de la misma con la sociedad civil, ¿Cómo cree que el mecanismo de escuchar las demandas de la sociedad civil ayuda al relator a decidir en la investigación?

R.R. • Tenemos un problema muy serio en el sistema. Hay un bloqueo. Sólo conseguimos operar recibiendo denuncias formales, con todas las informaciones, todo como debe ser y en inglés.

¿Por qué solo conseguimos operar de esta forma? Por un problema de limitación de recursos humanos del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU. ¿Qué disponibilidad hay en términos de recursos humanos para trabajar con los relatores? En la mejor de las hipótesis, hay un funcionario por relator. Los relatores, como yo, salen por ahí buscando armar proyectos, como si fueran ONG, para captar recursos con el fin de tener más apoyos. Yo tengo un equipo de apoyo a la relatoría aquí en la universidad, actualmente con la ayuda de recursos de la Ford Foundation, y en otro momento de Alemania. Si no consigues hacer esto, no consigues trabajar: tienes sólo un funcionario. Ese funcionario tiene un problema de tiempo: tiene que preparar las misiones con nosotros, tiene que preparar los informes de la misión, tiene que ayudar a hacer los informes temáticos, etc. No hay tiempo para investigar denuncias. Y está la limitación del idioma: normalmente [esos funcionarios] son personas altamente calificadas, que hablan inglés y por lo menos un idioma más, pero que no hablan todos los idiomas que existen.

Tenemos un problema de capacidad de respuesta. Yo recibo denuncias –incluso porque la relatoría comenzó a hacerse más conocida– por lo menos cinco veces por día (¡por día!), de lugares diferentes, en idiomas diferentes. Recibo documentos en ruso, árabe, en portugués…Como soy brasileña, entiendo portugués, pero no consigo procesar todo.

Sólo las ONG que operan dentro de ese sistema, por lo tanto, consiguen romper el bloqueo y llegan a los relatores. Este es un problema muy serio.

Conectas • Y una vez que se decide realizar una misión a un país, ¿Cómo es su relación con la sociedad civil local? ¿Estableces una relación con las organizaciones?

R.R. • Sí, eso es muy importante. Fuimos aprendiendo con el correr del tiempo. Todas las misiones tienen dos agendas. Una agenda que es integralmente organizada por el gobierno, en la cual decimos que queremos visitar este o aquel ministerio, tal municipio, tal secretaría. Y hay una agenda paralela, de la cual el gobierno ni siquiera toma conocimiento, que es la agenda con la sociedad civil.

¿Con quién organizamos esta agenda con la sociedad civil? Formalmente, buscamos a las instituciones nacionales de derechos humanos, principalmente aquellas que están de acuerdo con los Principios de París, pues son una referencia. Eventualmente, nos ayudan a encontrar situaciones, casos e instituciones.

Además, siempre buscamos a las instituciones de la sociedad civil que trabajan el tema del derecho a la vivienda en el país. Las contactamos y les pedimos que se organicen entre sí – como el tiempo de visita es limitado, el número de reuniones también lo es– y que nos acompañen en las visitas de campo. Es fundamental que la agenda no sea sólo de reuniones, que podamos ir a las comunidades. Normalmente, las visitas a las comunidades tienen el apoyo de organizaciones de la sociedad civil que trabajan con derechos humanos. Las mejores misiones que hicimos fueron aquellas en las que la sociedad civil se organizó nacionalmente y consiguió abrir espacio para todos, organizar audiencias públicas, etc. En Estados Unidos, existe una cosa maravillosa que son las clínicas jurídicas [legal clinics], que fueron recogiendo los testimonios y transcribiéndolos. Cuando llegábamos a cada ciudad, ya había una gran cantidad de testimonios transcritos.

La cuestión número uno es el trabajo previo, de preparación: cuanta más gente de la sociedad civil esté activa, mejor va a ser la misión. La cuestión número dos es darle seguimiento a la misión [follow-up]. Si hay una sociedad civil organizada, el follow-up ocurre. Si no hay una sociedad civil organizada, ni siquiera puedes realizar bien la misión y, después de la misión, sucede muy poco.

En algunas situaciones sentimos eso. En el caso de Ruanda, por ejemplo: yo fui al país, la visita fue importante, hicimos lo que pudimos, pero no sé muy bien qué va a quedar como resultado de mi misión. Di ese ejemplo porque es un lugar donde no hay una sociedad civil organizada que trabaje sobre el derecho a la vivienda, que ya estuviera trabajando en eso para abrirnos el camino allí. Evidentemente, es comprensible porque estamos hablando de una situación post-genocidio. No es fácil. En fin, es diferente de Estados Unidos, de Argentina, por ejemplo, que son países increíbles desde el punto de vista de la organización de la sociedad civil y del follow-up. Di dos ejemplos, pero también hay muchos otros.

Una parte de las misiones las realicé porque estaba trabajando con la agenda de la financiarización. Otra parte, la realicé porque estaba queriendo trabajar con otros temas, como megaeventos, cambio climático, etc. Pero otra parte de las misiones son agendas del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, que me llegaron porque el Alto Comisionado o determinadas agencias de la ONU precisaban investigarlas. Fue muy importante. De esta forma, desarrollé un trabajo muy grande con todo el sector humanitario y de reconstrucción post-desastre. Trabajé mucho con las ONG y con las estructuras de la ONU que operan en estos sectores. Fue una historia que comenzó en Haití, en Israel y en Palestina, y que después se volvió una agenda y forjó una relación muy importante. Fue con las ONG humanitarias que pensé y discutí parte de las Directrices sobre Seguridad de la Tenencia. Las ONG son muy importantes en este contexto, pero no consiguen llegar a todos lados, ni a todas las situaciones.

Conectas • Una última pregunta relacionada con las protestas y la percepción de que en la sociedad civil, la legitimidad y la representatividad de las organizaciones de derechos humanos están cuestionadas, en buena medida porque los mecanismos que existen son muy difíciles de usar…

R.R. • ¡Es cierto! Los mecanismos son muy formales, controlados, trabajados en código, y el código es para la exclusión.

Conectas • Sí. Ya sea por eso, o por el hecho de que las últimas protestas que se desarrollaron están caracterizándose en otros términos –de justicia social más que derechos-, y no están siendo organizadas por sindicatos o movimientos sociales. Entonces, ¿Cuál es el lugar, en la sociedad civil, para el movimiento de derechos humanos? ¿Uno de complementariedad?

R.R. • No estoy siguiendo todos los movimientos, sólo algunos en los que el tema de la vivienda y del derecho a la ciudad fueron fuertes, y terminaron consecuentemente, llegándome en tanto que relatora.
Algunas ONG de derechos humanos terminaron también participando en esos espacios y trayendo, traduciendo y reciclando sus propias agendas a partir de lo que estaba sucediendo, abriéndose a lo que estaba sucediendo. En el caso de Brasil, por ejemplo, existen varias organizaciones. Puedo dar el ejemplo de Justicia Global, una ONG que está totalmente atenta a esas manifestaciones y movimientos. Es un ejemplo de organización que repiensa su papel y su lugar, a partir de lo que está sucediendo allí. En Turquía también, las ONG que trabajaban en relación con el derecho a la vivienda protagonizaron las protestas y continuaron usando en la medida de lo posible, los mecanismos que podían. Nosotros, relatores, buscamos también responder a esto y relacionarnos con esas cuestiones. Pero hay de todo en el campo de las organizaciones no gubernamentales del planeta, desde las fundaciones de responsabilidad social empresarial, que no tienen absolutamente nada que ver con los derechos humanos, hasta ONG más especializadas. Creo que lo que va a suceder con ellas, así como con los movimientos sociales que ya existían, depende mucho de que estas ONG y movimientos se reciclen y se reposicionen.

Que existe un debate sobre las formas de representación y que eso incluye un debate sobre las propias formas de organización de la sociedad civil, no cabe duda. Que el sindicato está en crisis, no existe la menor duda. Los movimientos sociales en Brasil y el movimiento que acompaño desde fines de 1970, inicios de los años 1980, que es el movimiento por la vivienda quedó prácticamente fuera. No obstante, hay un nuevo movimiento por la vivienda que emergió.

¿Por qué? Ahí está toda la discusión sobre el ciclo histórico brasileño. Tiene que ver con el hecho de que el movimiento social y el sindicato, al mismo tiempo en que se constituyeron como tales, también se constituyeron los nuevos partidos –PT, PCdoB, PSB2– que surgieron del proceso de redemocratización de Brasil. [Esos partidos] llevaron la agenda de la inclusión y –por una circunstancia que no vamos a desarrollar aquí, por la evolución histórica del proceso de redemocratización en Brasil– no rompieron ni con la lógica política predominante, que muchos llaman de PMDBismo,3 ni con las estructuras tradicionales de poder, porque establecieron coaliciones con esas estructuras para poder gobernar –avanzaron en esa agenda de inclusión, de distribución de renta, pero de inclusión a través del consumo. Ellos no respondieron, en absoluto, a una cuestión mucho más amplia, que es justamente, el derecho a la ciudad, la dimensión pública, los servicios públicos de calidad, los equipamientos públicos de calidad. Y los propios movimientos sociales abrazaron esa agenda y están ligados a ese esquema hegemónico político que triunfó.

Ahora hay una nueva generación –que ni siquiera había nacido en los 80– que ya comenzó otra historia, que ya nació en este otro nivel y que cuestiona aquello de otra forma. Esto es parte del ciclo histórico y lo veo como algo muy positivo, porque aquello que no se rompió habrá que romperlo. Cuándo y cómo, es ya otra discusión. Seguramente no será en las próximas elecciones, pues lo que tenemos aquí es más de lo mismo (en el sentido de las coaliciones y de los modelos). Pero creo que es un movimiento bastante interesante que resuena con otras cosas del campo internacional, pero que tiene una enorme especificidad.

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Notas

1. ’Bedroom tax’ se refiere a los recortes en el beneficio social del Reino Unido si es considerado que el beneficiario posee un cuarto libre en su residencia [N.E].

2. Partido de los Trabajadores (PT), Partido Comunista de Brasil (PcdoB), Partido Socialista Brasileño (PSB) [N.E].

3. Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) [N.E].

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Raquel Rolnik

Urbanista y profesora de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo, Brasil, Raquel Rolnik fue directora de Planificación de la Ciudad de São Paulo (1989-1992), coordinadora del área de urbanismo de la organización no gubernamental Instituto Pólis (1997-2002) y secretaria regional de Programas Urbanos del Ministerio de las Ciudades (2003-2007). Rolnik es autora de diversos libros y artículos sobre la cuestión urbana y la lucha por derecho a vivienda adecuada. Durante el periodo de 2008 a 2014 fue Relatora Especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el Derecho a la Vivienda Adecuada.

Original en portugués. Traducido por Maité Llanos.

Entrevista realizada en marzo de 2014 por Maria Brant (Conectas Derechos Humanos).