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Sistemas, cerebros y lugares silenciosos

Martin Kirk

Ideas sobre el futuro de la lucha por los derechos humanos

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RESUMEN

Ochenta y seis años después de la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ¿cómo nos está yendo? ¿Estamos consiguiendo manejar mejor este planeta caótico y “proteger lo humano”? Y, considerando esto, ¿qué les espera en el futuro a los defensores y activistas de derechos humanos? En este artículo, el autor intenta responder a estas cuestiones. Enfocándose en un análisis a nivel de sistemas, el autor considera el sistema planetario en tres partes. Primero, la biosfera, de la que depende la vida de nuestra frágil especie; después, el sistema económico y financiero que ahora dicta en gran medida nuestro destino; y finalmente, el conjunto de organismos internacionales cuyo trabajo es, formalmente, promover y proteger los derechos humanos en el futuro. El autor concluye en tono optimista, proporcionando cinco recomendaciones dirigidas principalmente al sector de los derechos humanos en sus actividades de campaña.

Palabras Clave

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Ochenta y seis años después de la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ¿cómo nos va? ¿Estamos consiguiendo manejar mejor este planeta caótico y “proteger lo humano”? Y, considerando esto, ¿qué les espera en el futuro a los defensores y activistas de los derechos humanos?

Este artículo es mi intento de tratar estas cuestiones. Voy a salirme un poco del camino previsto, es decir, en lugar de basarme en un caso de análisis político tradicional o de tendencias estadísticas (aunque habrá un poco de eso), me enfocaré en un análisis de nivel de sistemas. Tres sistemas en uno, de hecho: la biosfera; los sistemas económicos y financieros; y los organismos internacionales. Esto conducirá a cinco recomendaciones para campañas de derechos humanos y a una reflexión corta sobre qué hacer con el hecho de que la racionalidad y la razón sólo pueden ayudarnos hasta cierto punto.

Me baso completamente en una idea expuesta de modo elocuente por Susan George:

Estudia a los ricos y poderosos, no a los pobres y desempoderados… Deja que los pobres se estudien a sí mismos. Ya saben lo que está mal en sus vidas y si realmente quieres ayudarlos, lo mejor que puedes hacer es darles una idea más clara de cómo sus opresores están trabajando ahora y puede esperarse que trabajen en el futuro.
(GEORGE, 1976 apud STATE…, 2014).

Los pobres y desempoderados en esta cita pueden sustituirse fácilmente por los abusados y oprimidos; a menudo son las mismas personas e incluso cuando no los son, se aplican las mismas fuerzas de opresión.

No voy a hacer concesiones. Presento mi caso de un modo que probablemente no convenza al público general: utilizando análisis claros y duros y haciendo las reclamaciones más fuertes que puedo exhibir. Hemos aprendido por experiencia que utilizar los escenarios más catastróficos y el miedo para comprometer a las personas es una estrategia contraproducente (CROMPTON; KASSER, 2009) pero este artículo está escrito para profesionales, personas totalmente capaces de considerar todas las realidades, por muy inquietantes que sean.

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1.  ¿En qué punto estamos? Una mirada sistémica

Así pues, ¿en qué punto estamos? Ningún análisis sensato podría concluir otra cosa que no sea que hemos llegado a un estado de crisis urgente y profunda. No es una hipérbole sugerir que la magnitud de los problemas a los que nos enfrentamos es casi inimaginable. Y lo que es más, cada día que pasa nos adentramos más y con mayor velocidad en el peligro.

En este artículo voy a eludir algunas de las preocupaciones tradicionales en relación a los derechos humanos y contemplar el sistema planetario en tres partes. Primero, la biosfera, de la que depende la vida de nuestra frágil especie; después, el sistema económico y financiero que ahora dicta en gran medida nuestro destino; y finalmente, el conjunto de organismos internacionales cuyo trabajo es, formalmente, promover y proteger los derechos humanos en el futuro.

Sólo a través de esta amplia perspectiva sistémica podemos comprender por qué estamos a punto de entrar en una fase de abusos de derechos humanos crónica y generalizada, y cuál podría ser la mejor manera en que podemos protegerlos. Es en el cambio climático, el caos económico y la normativa política que se siembran y riegan las semillas del abuso sistemático de derechos humanos. Si no queremos quedarnos de brazos cruzados, debemos enfocar nuestra atención en estos sistemas y, críticamente, en lo que los mantiene unidos.

Hay patrones discernibles y predecibles en cualquier sistema complejo. Todo el sistema de la tierra puede ser mucho más complejo de lo que podamos comprender pero obedece a ciertas leyes. Tiene entradas y salidas, existencias y flujos, controles y retroalimentaciones, y la mayoría está fuera del alcance de la predecible influencia de ningún individuo o gobierno. Ésta es una de las paradojas de esta época: los gobiernos nunca han sido tan poderosos, pero, al mismo tiempo, menos capaces de proporcionar paz y justicia. También es un hecho difícil de aceptar para los defensores de derechos humanos porque, como cualquier agente de poder, tenemos que creer en el potencial de nuestra influencia. En nuestra búsqueda por mejorar las cosas, escogemos campañas que pensamos, aunque a menudo con un considerable optimismo, que nuestro poder logra realizar. Pero todo el optimismo del mundo no ha conseguido dirigir nuestra atención al sistema en su totalidad. Nosotros, los profesionales de derechos humanos, subdividimos. Seleccionamos, priorizamos y nos enfocamos. Escogemos campañas según categorías pre-prescritas de tema, conocimiento y competencias. ¡Por supuesto que lo hacemos! ¿De qué otro modo podríamos enfrentarnos a los lunes por la mañana? La inmensidad de la tarea aplastaría nuestro espíritu. Así que adoptamos este enfoque de gestión, como los líderes que nos gobiernan. Eso es lo que nos han enseñado.

El problema es que este enfoque de gestión sólo nos permite comprender y efectuar cambios técnicos, en el mejor de los casos. Nos recompensa por usar categorías que separan tanto como enfocan. Es como si estuviésemos entrenados a hacer pequeños ajustes al carburador de un motor de combustión interna cuando lo que realmente necesitamos hacer es cambiar el hecho de que hace combustión internamente. Estamos entrenados a ver como cosas separadas aunque están profundamente conectadas: el espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA por sus siglas en inglés) y el abuso de los derechos LGBT en Uganda, por ejemplo; la epidemia de suicidios entre agricultores en la India y la destrucción de la selva amazónica; la explosión de la deuda estudiantil en los EE.UU. y el aumento de los precios de los alimentos en Kenia. Porque miramos desde esta perspectiva fragmentada, estamos constantemente confundidos y horrorizados ante lo que el sistema escupe por su propia lógica en forma de brutalidad, pobreza masiva y conflicto. Nos comportamos como si cada atrocidad fuese una única aberración, incluso natural, a ser solventada por el gobierno de ese dictador, la aprobación de esa ley o la firma de esos objetivos internacionales. Vemos tantas Sirias; vivimos durante tanto tiempo con el Campo de Internamiento de Gaza; y nos han pedido tantas veces que demos dinero, tiempo o espacio para una interminable marea de niños famélicos, condenados a pena de muerte, e inmigrantes desesperados que puede parecer indulgente dedicar tiempo a pensar de un modo que puede ser visto como demasiado abstracto, o de maneras que contradicen tanta de la sabiduría que recibimos en el colegio, de nuestros padres, de nuestros líderes. Y así, nuestros líderes salen indemnes de sus fracasos a gran escala; el fracaso de no ser honestos sobre lo atrapados que están en sistemas que no pueden posiblemente comprender, controlar ni abandonar.

Además, tendemos a tener una memoria muy corta cuando se trata de causas y efectos; piensa sólo en lo rápido que se culpa a un nuevo gobierno por el estado de la nación, o como alabamos, o culpamos, a las personas que vemos justo delante nuestro en las revoluciones; pero la cruda verdad es que casi siempre damos un peso desmesurado a lo que está inmediatamente delante nuestro, y somos en gran medida incapaces de comprender, no hablemos de controlar, a las fuerzas que revisten a algunos de nosotros en el lujo mientras condenan a muchísimos más a la penuria y al dolor. Lo que está claro es que estamos limitando la comprensión que podríamos tener de muchas de nuestras prácticas actuales. El único enfoque sensato y adecuadamente humilde es estudiar las fuerzas y principios inherentes a todo el sistema.

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2.  Biosfera

Así que empecemos echando un vistazo al sistema que posibilita todos los otros sistemas: nuestra biosfera sustentadora de vida. Hace ya un tiempo que es brutalmente evidente que este sistema se está adaptando a presiones importantes. El almacenamiento de CO2 en la atmósfera está produciendo efectos peligrosos y estamos haciendo menos que nada para afrontar la causa. El cambio climático se conoce desde los años ’60. Los líderes mundiales tomaron nota en serio por primera vez en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1990. Desde Río, hemos aumentado la cantidad de CO2 que bombeamos a la atmósfera casi un 61% por año. No sólo estamos fracasando en reducir las emisiones globales, estamos aumentándolas cada año, con la excepción de una ligera diminución después del estancamiento económico causado por la crisis de 2008.1 Si quitamos todo el revuelo en las relaciones públicas y la política, nuestro fracaso es manifiesto.

Ahora bien, asumiendo que un aumento de 2 grados centígrados en las temperaturas globales es el punto en el que las cosas pasan de mal a peor para los humanos, y un punto que, por tanto, queremos evitar, podemos lanzar aproximadamente 565 giga toneladas más de CO2 a la atmósfera hasta mediados de siglo. Según las mejores estimaciones actuales, las reservas de petróleo ya localizadas y programadas para la quema2 lanzarán 2,795 giga toneladas. Así que adiós a los 2 grados, y probablemente a los 3 y, muy posiblemente, a los 4 grados (MCKIBBEN, 2012). Nadie sabe con certeza que ocurrirá con los cambios de temperatura, pero según Thomas Lovejoy, ex asesor en jefe de biodiversidad para el Banco Mundial, “si vemos lo que estamos viendo hoy con un [aumento de] 0,8 grados centígrados, dos grados es simplemente demasiado” (MCKIBBEN, 2012).

Con “lo que estamos viendo hoy,” quiere decir, en las palabras del Global Humanitarian Forum (Foro Humanitario Global), “[M]uchas comunidades se enfrentan a múltiples presiones con serias implicaciones sociales, políticas y de seguridad… Como resultado millones de personas están desplazadas o en permanente movimiento. Muchos millones más las seguirán” (GLOBAL HUMANITARIAN FORUM, 2009, p. ii). Se refiere al aumento de fenómenos meteorológicos extremos,3 y el aumento del 14% en incidencia de conflictos que estamos viendo que parece atribuible al aumento de las temperaturas (HSIANG; BURKE; MIGUEL, 2013).

No necesito insistir en este punto, las estadísticas están al alcance de todos. No obstante, cabe repetir sólo una parte de las predicciones más recientes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), para subrayar el hecho de que lo que estamos viendo ahora es poca cosa comparado con lo que está viniendo. En América Latina, predicen la “[S]ustitución gradual de la selva tropical por la sabana en la Amazonia oriental; cambios significativos en la disponibilidad de agua para el consumo humano, la agricultura y la generación de energía”. En África, “[P]ara 2020, se prevé que entre 75 y 250 millones de personas estarán expuestas a una falta creciente de agua; las cosechas de la agricultura de secano podrían reducirse hasta un 50% en algunas regiones; la producción agrícola, incluyendo el acceso a la comida, puede quedar seriamente comprometida”. En Asia, “para 2050 se pronostica una reducción de la disponibilidad de agua potable en Asia Central, del Sur, Oriental y en el Sudeste Asiático; se prevé que aumente el índice de mortalidad debido a enfermedades asociadas a inundaciones y sequías en algunas regiones” (THE CURRENT…, 2014). Y debe tenerse en cuenta que el IPCC tiene un historial de predicciones demasiado conservadoras.

Sir Martin Rees, galardonado con el Premio Mundial de Ciencias Albert Einstein y la Medalla Isaac Newton y ex presidente de la Real Sociedad de Londres, se pregunta ahora con frecuencia “¿Será este el último siglo de la humanidad? (REES, 2005). En un libro que publicó en 2003, afirmaba que la raza humana tenía un 50% de posibilidades de llegar al 2100.4 Y también James Hanson, quizá el climatólogo más prominente del mundo, quién, después de años de investigación y cabildeo respetuoso, ahora es más probable que lo encontremos en la calle protestando, diciendo que si algunos de los proyectos planeados para explotar nuevas fuentes de combustibles fósiles, como las arenas de alquitrán en Canadá, siguen adelante, podría significar “el fin de la partida para el planeta” (MAYER, 2011).

Puedes dudar de alguna de estas afirmaciones o de las muchas otras opiniones similares de científicos altamente acreditados, pero no puedes razonablemente descartarlas todas. Con que sólo uno de ellos esté parcialmente en lo cierto, nos estamos dirigiendo a los rápidos. Y cómo nos enseña prácticamente toda la historia, en momentos de estrés, los seres humanos no tardan en volverse unos contra los otros. En el estrés extremo al que estamos a punto de enfrentarnos, ¿es posible que lleguemos a ver al ideal de los derechos humanos universales borrado del mapa completamente? ¿Pueden tales cosas soportar el estrés permanente y el conflicto entre corporaciones mastodónticas, gobiernos y bloques económicos? Como dice el antiguo proverbio Kikuyu, “Cuando luchan elefantes quién sufre es la hierba”.

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3.  El sistema económico y financiero

Volveremos al clima más adelante, pero veamos ahora el sistema económico y financiero y la trayectoria que está estableciendo para nosotros.

Oxfam hizo mucho ruido recientemente al llamar la atención sobre el hecho de que las 85 personas más ricas del planeta tienen la misma riqueza que las 3,500 millones de personas más pobres juntas (OXFAM, 2014). Necesitamos reconocer dos hechos simples para ver lo que esto significa para el futuro de los derechos humanos. Primero, que no ocurrió por accidente; es el resultado lógico de nuestro sistema económico y financiero. La causa más inmediata son las deliberadas e inflexibles políticas neoliberales que han dominado en Occidente y han sido impuestas por la fuerza en gran parte del mundo en desarrollo desde los años ’80. Así, mientras que la desigualdad siempre ha sido, siempre será y siempre debe ser, en alguna medida, parte de la sociedad humana, lo que vemos hoy es un fenómeno muy moderno, influido por la lógica con la que una ideología particular, y yo diría extrema, ha infectado todo el sistema económico. Y el afianzamiento de esta ideología en las estructuras del poder global se consolida a diario (MONBIOT, 2013).

El segundo hecho es que la desigualdad causa discordia social, por decirlo suavemente. Kate Pickett y Richard Wilson han demostrado esto holgadamente en su influyente estudio de 2009 sobre la desigualdad de las riquezas en y entre las naciones; The Spirit Level (WILKINSON; PICKETT, 2009, 2014). Escoger un indicador de bienestar social y desigualdad es incluso peor. Un mayor índice de homicidios, embarazos de adolescentes, niveles de encarcelamiento, obesidad, mortalidad infantil y un nivel de estudio menor, están todos correlacionados con un aumento de la desigualdad. Los estudios realizados desde la publicación del libro5 han reforzado todo lo que se dijo en él y añadido algunos impactos para mejorar la medición: un aumento de la desigualdad también alimenta el consumismo, acrecienta la deuda personal e incluso incrementa los niveles de narcisismo. En otras palabras, una sociedad desigual es una sociedad enferma. En los actuales niveles que estamos observando en el mundo, fomentar o no luchar para reducir la desigualdad creada sistemáticamente es como dar vía libre al abuso de la especie.

Por decirlo con otras palabras, cualquiera preocupado con el nivel de abusos de los derechos humanos en el futuro debe trabajar para cambiar la lógica de este sistema económico creador de desigualdad en el presente; no porque algunos valores imperativos o de fidelidad política se solapen con otros defensores de la justicia social, sino porque esta lógica está creando todas las causas y condiciones, a escala planetaria, necesarios para que los abusos de derechos humanos se disparen. La causa y los efectos pueden o no acabar estando íntimamente ligados en el tiempo, pero a nivel del sistema planetario, la suerte está echada.

No es difícil identificar algunas de las estructuras y decisiones que esta infección ha causado. Cualquier lista de las diez primeras debe incluir los paraísos fiscales, la excepcionalidad ante la ley de las corporaciones (reflexionar sobre la idea que las corporaciones son “demasiado grandes para caer” para ver la cúspide de esta tendencia); la avalancha de dinero en la política, sobre todo en los EE.UU.; y las muy manipuladas normas comerciales a favor de aquellos con más dinero y mejores abogados; reglas del comercio que además aún hoy están siendo rediseñadas, como en el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TTP) y otros acuerdos similares, para investir aún más poder a las corporaciones en busca de lucro (MONBIOT, 2013). Y sosteniéndolo todo está la creación del hiperconsumidor, cuya compasión es adormecida y cuyos instintos competitivos son permanentemente enardecidos6 por las omnipresentes demandas de comprar, comprar, comprar y una continua glorificación de la idea de que la felicidad es lo que posees. ¿Para qué sirve sino la industria de la publicidad de 500 mil millones de dólares? En su conjunto, la economía global es ahora esencialmente un sistema de extracción de riquezas; despiadadamente eficiente en extraer riqueza financiera y recursos de la mayoría de la gente.

Los motivos de todo esto son, por supuesto, muchos y complejos. Pero si damos un paso atrás para mirar con perspectiva es bastante simple. Fundamentalmente, se reduce al hecho de que los incentivos y recompensas estructurales que dirigen este sistema capitalista corporativista son incapaces de registrar directamente nada que no sea valor económico. El sistema es sordo, mudo y ciego a la destrucción del clima y al sufrimiento humano en masa. Es, en este momento, mucho mayor que cualquier gobierno o corporación. Es, a todos los efectos, una fuerza viviente. No está viva en un sentido tradicional, por supuesto, pero posee indudablemente una energía fuera de nuestro control. A no ser que se cambie la lógica inherente a este sistema, el futuro está prácticamente escrito.

Lo que resulta extraño es considerar que el sistema tiene un poderoso sistema inmunológico hecho de seres humanos con los que combate cualquier ataque. Una parte del mismo es el pequeño ejército de defensores con los que estamos muy familiarizados, siendo ejemplos extremos los que están en la red Fox News. Aun siendo peligrosos y retrógrados, los portavoces conservadores están lejos de ser el enemigo más pernicioso. Las verdaderas células blancas en el torrente sanguíneo son los simples empleados, aquellas personas decentes, con buena intención, que obedecen a su conciencia, con integridad, para promover programas de responsabilidad social corporativa (RSC), planes de mejora de la cadena de producción y de reciclaje; empleados de ONG que involuntariamente distraen a las personas de ver el horror del sistema al promover la falsa solución de la caridad, y unos medios de comunicaciones convencionales entrenados, y a veces forzados, a ver y describir sólo una parte. Las buenas intenciones están siendo explotadas, y los trabajadores utilizados como poco más que escudos humanos para proteger la capacidad del sistema de impulsar el “aquí no pasa nada”. Incluso la clase gobernante sólo es responsable hasta cierto punto; mientras trabajen en el sistema, lo cual tienen que hacer para llegar a ser la clase gobernante; o, como lo describe John Ralston Saul, “[S]on precisamente las personas a las que nuestro sistema sale a buscar” (SAUL, 2013, p. 26); su poder está limitado. Si parece que estoy invocando a una fuerza malvada sólo cabe recordar que el sistema está haciendo simplemente lo que todos los sistemas complejos hacen: protegerse y crecer.

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4.  Sistema internacional

Finalmente, antes de pasar a las buenas noticias, un vistazo a la tercera parte del sistema internacional: la constelación de instituciones que se ocupan, al menos en principio, de algo más que de generar capital.

Las Naciones Unidas son como nodo central de este sistema- las Naciones Unidas en su sentido amplio, es decir, incluyendo al Banco Mundial y al Fondo Internacional Monetario (FMI).7 Hasta hace poco, la influencia corporativa sobre estos organismos se ha contenido de algún modo y mantenido apartada de la vista de todos. Esto no quiere decir que los intereses corporativos no hayan sido siempre una parte importante del plan de desarrollo global de Occidente: los planes de ajuste estructural de los años ’80 y ’90 fueron un ejemplo claro de la maquinaría para tirar abajo los muros de protección que necesitaban los países en desarrollo para desarrollar su propia industria (tal y como hizo Occidente en el estado correspondiente de su desarrollo) para que las grandes corporaciones occidentales pudiesen establecerse ahí. Aun así, hubo un tiempo en el que las corporaciones y los intereses privados raramente aparecían en la mesa de toma de decisiones.

Todo eso está cambiando ahora. Observadores cercanos sabrán que estamos asistiendo a la lenta infección corporativista de todo el sistema de Naciones Unidas. No es demasiado descabellado sugerir que podríamos estar asistiendo a las etapas iniciales de la privatización de las Naciones Unidas. Por tomar solo un ejemplo: un personaje de la talla de Ban Ki-Moon, el Secretario General, está convirtiendo en su misión personal guiar el comienzo de una nueva era de “colaboraciones” con el sector privado. Al hacer esto, está recogiendo y ultra recargando una iniciativa lanzada por Kofi Annan en el año 2000, el Pacto Global. Según la literatura oficial, el Pacto es “una iniciativa de política estratégica para las empresas que están comprometidas a alinear sus operaciones y estrategias con diez principios universalmente aceptados en los ámbitos de los derechos humanos, el trabajo, el medio ambiente y la anticorrupción” (BAN, 2013).

Para ayudarle en esta misión, el Sr. Ban se ha saltado el protocolo y ha nombrado a un nuevo Subsecretario General sin la aprobación de la Asamblea General. Sólo podía hacer esta maniobra extrapresupuestaria porque el puesto está pagado por Bill Gates. Y, resulta que ha sido ocupado por Robert Orr, un afiliado de larga data del Sr. Gates (LEE, 2012). Así que ahora tenemos a este individuo privado y no responsable, que por haber acumulado la mayor riqueza personal que el mundo nunca haya conocido, se le permite financiar los más altos niveles de las Naciones Unidas.

Dejando a un lado el pequeño, pero mordaz, ejemplo de Gates y Orr, los que somos pragmáticos podemos argumentar que meter a la gran empresa en la casa de las Naciones Unidas y hacer que se comprometa con sus elevados principios es una idea excelente, como lo es canalizar los mares de riqueza que controlan hacia las atribuladas Naciones Unidas. El problema con este punto de vista fue muy bien resumido por la antigua directora de UNICEF Carol Bellamy “Es peligroso asumir que los objetivos del sector privado son de algún modo sinónimos a los de las Naciones Unidas, porque ciertamente no lo son” (DEEN, 1999).

El caso de KPMG es sólo un ejemplo del aspecto que estos objetivos ciertamente distintos tienen en la práctica. KPMG ha sido creada para generar beneficios y crecer, como exige el sistema. Ese es su propósito, ni bueno ni malo. El problema aparece cuando nos olvidamos de que ese es su propósito principal y le damos poder de influencia sobre estructuras que han sido creadas para otras cosas. Aquí el por qué.

KPMG ha estado involucrada desde el principio en el Pacto Global. Su compromiso con los diez principios del Pacto, sin embargo, no ha sido suficiente para evitar que establezca refugios fiscales ilegales para sus clientes más ricos. En 2003, una investigación de abogados estadounidenses descubrió que, al crear activamente paraísos fiscales ilegales, KPMG ha privado a los ciudadanos estadounidenses de 2,500 millones de dólares en impuestos. Una vez descubiertos, KPMG admitió haber obrado mal y pagó 456 millones de dólares en multas.8 Claramente, entonces, firmar el décimo principio del Pacto de “trabajar contra la corrupción9 en todas sus formas” era más bien un acto simbólico para KPMG, y no algo que tuviese que interferir con sus negocios fundamentales. Y por si esto fuera poco, desde entonces KPMG se ha unido al grupo de trabajo sobre el décimo principio, cuya tarea es “proporcionar asistencia para el plan de trabajo de la Oficina del Pacto Global sobre el décimo principio10”, ¡hablando del zorro en el gallinero!

KPMG se está comportando de un modo completamente consistente con la lógica de un sistema neoliberal; hace lo que haría cualquier gran entidad económica. ¿Cómo se consigue sino que un tercio de toda la riqueza en manos privadas (al menos 26 billones de dólares)11 esté en paraísos fiscales? Siendo selectivos sobre cómo interpretan las reglas, los intereses privados pueden ayudar a construir un sistema profundamente explotador a espaldas de todos, sin dejar de parecer ciudadanos globales generosos, ayudando a limar los cantos de este sistema en público.

Así pues, para resumir este corto viaje por los tres sistemas centrales contenidos en el sistema operativo global que está sojuzgando a los derechos humanos, tenemos una biosfera precipitándose a toda velocidad y de modo inevitable hacia una violenta impredecibilidad, si no a un colapso catastrófico (es decir, catastrófico para los humanos y algunas plantas y animales). Tenemos un sistema económico capitalista corporativista que sólo puede reconocer el valor financiero y es incapaz de escuchar los gritos de desesperación que le llegan como resultado del caos que causa. Y lo más parecido que tenemos a un sistema de gobernanza global es débil y está siendo objeto cada vez más de la misma lógica neoliberal.

El cambio climático probablemente agote los recursos naturales vitales de tal modo que enfrente a países contra países e intereses poderosos contra intereses poderosos. La escasez está en el horizonte y sabemos de largas y amargas experiencias que la escasez conduce a la tensión y al conflicto. Como señala el filósofo británico John Gray, la escasez y los males que la acompañan, como las guerras por el acceso a ríos y tierra fértil, son de hecho la norma en la historia.12

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5.  Recomendaciones

Se entendería perfectamente que en este punto te sientas bastante desolado. Si lo estás, espero poder ayudarte a volver a una determinación esperanzada y apasionada. Yo de hecho soy un optimista. Creo que tal y como hemos construido la lógica del sistema operativo mundial, podemos cambiarla. Creo en Martin Luther King cuando supuestamente dijo “el arco del universo moral es largo, pero se dobla hacia la justicia”.

Mi primera recomendación para el sector de derechos humanos es que se radicalicen. Con esto quiero decir, que vean las fuerzas que nos rodean por lo que son y hagan todo lo posible por cambiar sus premisas básicas. Un radical es alguien que piensa o actúa fuera de la ventana Overton del momento, lo que hoy es generalmente aceptado. ¿Y quién, o más bien qué, determina la ventana de Overton de hoy? Contrariamente a lo que suele creerse, muy raramente son los líderes convencionales del momento; todo lo que hacen es competir por el poder dentro de él. De hecho, la ventana de Overton es una articulación de los imperativos del sistema. Cuando el sistema prioriza el crecimiento económico por encima de todo lo demás, como lo hace el nuestro, todo lo que lo cuestione seriamente será tachado de radical y expulsado de la sociedad educada. ¿Creemos realmente que la mejor manera de alcanzar el cambio en las cortas vidas que cada uno de nosotros tenemos en este planeta es ser conducido como ganado de esta manera? Es la antítesis de lo más valioso de los derechos humanos: la libertad de pensamiento. Una vez has percibido el sistema en su totalidad y reconocido la inevitabilidad de lo que significa para los derechos humanos, te reto a que no tengas pensamientos radicales. Abrázalos. Exprésalos. Y recuerda lo que supuestamente dijo George Orwell: “en una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”.

Mi segunda recomendación es encontrar y unirse a los muchos otros que están teniendo pensamientos radicales. Las multitudes en el parque Zucotti, la plaza Tahrir, el parque Gezi y las calles de Río de Janeiro pensaron y expresaron ideas radicales. No antepusieron el acceso y los modales al imperativo de la justicia. Si queremos desafiar al sistema, ellos son nuestros guías e inspiración, mucho más que la última iniciativa RSC o los políticos tibios. El día en que veamos a Amnistía Internacional llenar el cielo de banderas junto con Occupy Wall Street, La Vía Campesina, Idle No More y los estudiantes chilenos será el día en que estaremos asistiendo a un coro realmente poderoso de personas cuyos ojos estén abiertos y cuyas mentes y espíritus estén despiertos. Mejor eso, de lejos, que arrojar tiempo y energía en la agenda de la ONU post-2015, ya que siendo un producto directo del sistema, sólo puede prolongar la manera en que se han hecho las cosas hasta ahora.

Mi tercera recomendación es aprender sobre el cerebro. La batalla se va a ganar o perder en la mente humana. El mundo que hemos creado es un reflejo de nuestra conciencia, así que si queremos cambiar el mundo, tenemos que cambiar el modo como funciona nuestro cerebro. Esto no es tan orwelliano como parece. Nuestros cerebros no son los mismos de un minuto al siguiente; están siendo influenciados constantemente por el entorno. Así que cuando hablo de cambiar el modo como funciona nuestro cerebro, realmente me refiero a incidir en la dirección hacia la que va a evolucionar. Haz que vea el panorama general, en lugar de ser distraído por lo pequeño, brillante o grotesco. Sabemos mucho más acerca de por qué la gente cree y actúa como lo hace que hace diez años. Deberíamos estar buscando conocimientos de este ámbito y contratando a personas formadas para entender estas cosas. Estoy hablando de lingüistas, científicos cognitivos y psicólogos sociales. Estamos muy retrasados con respecto a nuestra época en esto; Edward Bernays escribió su influyente libro Propaganda en 1928 (BERNAYS, 1928) y consiguió que las más altas jerarquías de la América corporativista se tomaran la psicología de la opinión pública en serio.13 Si el sector de los derechos humanos pudiese ponerse al día con sus comprensiones de 1928, eso sería un avance excelente. Pero podemos hacerlo mucho mejor todavía, con sólo reconocer e invertir en el conocimiento que necesitamos.

Mi cuarta recomendación es tomarse en serio el pensamiento sistémico. Es como Microsoft llegó a ser Microsoft. Pero ellos estaban pensando a pequeña escala, hay que pensar a lo grande. Necesitamos hacer que leer los flujos sistémicos y comprender los verdaderos puntos de presión; que a menudo son muy distintos de aquellos a los que nos lleva un análisis político tradicional; sea nuestra segunda naturaleza. Necesitamos ser capaces de identificar los pozos de ventilación de la Estrella de la Muerte del sistema neoliberal, y la manera de hacerlo es mediante el análisis de sistemas.

Mi quinta y última recomendación es volver a pensar para que sirve Internet. Enviar correos electrónicos y escribir blogs está muy bien, pero Internet es esencialmente un oído gigante. Con las herramientas modernas de análisis, podemos calibrar nuestros portátiles para escuchar lo que el mundo está diciendo con el máximo detalle. Podemos escuchar a la mente colectiva mientras procesa pensamientos. Y con los expertos adecuados cerca, podemos encontrarle un sentido. Podemos ir más allá de lanzar opiniones en el oscuro ciberespacio y esperar alcanzar a alguien, o algo, útil. Podemos cabalgar las olas de las creencias y la opinión, en vez de ser empujados de aquí para allá de un modo constantemente reactivo. Y por supuesto, podemos organizarnos en una escala anteriormente inimaginable.

Hasta aquí la atención y la ponderación bien informadas; creo que todo esto nos ayudará con la cuestión de la naturaleza humana. Es fácil obviar el hecho de que el hiperconsumismo neoliberal es un barco extraordinariamente caro y difícil de mantener a flote, porque se basa en premiar constantemente uno de los valores humanos menos productivos. Por supuesto que las personas son en parte egoístas y ambiciosas, pero en la mayor parte son compasivos, empáticos y amables, y éstas son motivaciones mucho más poderosas. Lo dice la ciencia empírica (CROMPTON, 2010). Requiere una industria de la publicidad de 500 mil millones de dólares14 al año, una infraestructura de comunicaciones masiva (¿qué es si no el imperio de Rupert Murdoch?) y cantidades innombrables gastadas en engrasar las ruedas políticas para mantenernos hechizados con este sistema. Es tan natural como el plástico, lo cual me lleva a la última cuestión.

La escala de la argumentación que he hecho aquí es desproporcionadamente grande. Para mí, todo se reduce a quiénes somos, como humanos. ¿Para qué sirven nuestras cortas vidas? Tenemos las respuestas por todas partes donde miremos. Nos las han enseñado a cada uno de nosotros en nuestras propias tradiciones y culturas, pero incluso un vistazo rápido a lo que nos han dicho las personas más sabias, más asombrosamente valientes e inspiradoras de la historia nos da una respuesta. Buda, Sócrates, Platón, Jesús, el profeta Mohammed, Rumi, hasta Mary Woolstonecraft, Mary Seacole, Eleanor Roosevelt, Mahatma Gandhi y Nelson Mandela: en el corazón palpitante de lo que cada uno dijo, está la verdad de que el más grande propósito de cualquier vida es buscar la felicidad y bienestar de los otros. Es en los lugares silenciosos dentro de cada uno de nosotros donde encontraremos las respuestas y la fuerza necesaria, y por tanto, la conexión con nuestra verdadera naturaleza es la fuente última de comprensión y esperanza. Cada uno de nosotros debe hacer este camino por su cuenta, pero si lo hacemos, no hay duda de que podemos cambiar la dirección de este mundo.

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Notas

1. Ver: http://co2now.org/Current-CO2/CO2-Now/global-carbon-emissions.html. Visitado el: 12 ago. 2014.

2. Programado para la quema quiere decir aquí que ya se ha introducido en la economía mediante acciones y cotizaciones. En otras palabras, algunas de las entidades económicas más grandes del planeta ya han cobrado el valor de quemar estas inmensas reservas.

3. Ver: http://www.nasa.gov/centers/langley/science/climate_assessment_2012.html. Visitado el: 12 ago. 2014.

4. Ver: http://www.theguardian.com/books/2003/jun/14/featuresreviews.guardianreview10. Visitado el: 12 ago. 2014.

5. Ver: http://www.theguardian.com/commentisfree/2014/mar/09/society-unequal-the-spirit-level. Visitado el: 12 ago. 2014.

6. Ver p.ej. Tim Kasser (2002); también Tom Crompton (2010).

7. Ver: https://www.imf.org/external/np/exr/facts/imfwb.htm>. Visitado el: 12 ago. 2014.

8. Ver: http://www.irs.gov/uac/KPMG-to-Pay-$456-Million-for-Criminal-Violations. Visitado el: 12 ago. 2014.

9. Estoy utilizando la definición de corrupción que usa Naciones Unidas, y por supuesto el Pacto Global: “El abuso de poder conferido para el beneficio privado”. Ver: http://www.unglobalcompact.org/aboutthegc/thetenprinciples/principle10.html. Visitado el: 12 ago. 2014. Al establecer refugios fiscales ilegales, en mi opinión KPMG ha abusado claramente del poder que se le confirió, y lo utilizó para obtener beneficio privado, aunque no fuese el suyo propio.

10. Ver: http://www.unglobalcompact.org/docs/news_events/9.1_news_archives/2008_06_10/Background_Materials.pdf. Visitado el: 12 ago. 2014.

11. Ver: http://www.taxjustice.net/cms/upload/pdf/Price_of_Offshore_Revisited_120722.pdf. Visitado el: 12 ago. 2014.

12. Ver: http://pypaik.wordpress.com/2009/11/02/the-ethics-of-scarcity-on-john-gray-and-j-g-ballard/. Visitado el: 12 ago. 2014.

13. Para una investigación excelente de esto, ver el documental de la BBC “The Century of the Self” de Adam Curtis.

14. Ver: http://www.nielsen.com/us/en/insights/news/2013/global-ad-spend-grows-3.2-percent-in-2012.html> Visitado el: 12 ago. 2014.

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Referencias

Bibliografía y otras fuentes

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Martin Kirk

Martin Kirk es el Director de Estrategia de /The Rules, un colectivo global de activistas y organizadores trabajando para afrontar las causas subyacentes de la desigualdad y la pobreza. Se unió a /The Rules (/Reglas del juego) desde Oxfam en junio de 2012, donde había sido director de campañas del Reino Unido. Antes de Oxfam, Martin fue el Director de Incidencia Política Global de Save the Children. Martin está graduado en historia, y ha trabajado extensamente en el sector privado, público y de las ONG en las relaciones con gobiernos y promoviendo la participación del público en general en asuntos globales. Su cuenta de twitter es: @martinkirk_ny.

Email: martin@therules.org

Original en inglés. Traducido por Sebastián Porrúa Schiess.

Recibido en mayo de 2014.