Panorama Institucional

Perfil de Pedro Paulo Poppovic

Pedro Paulo Poppovic

“No creamos la Revista Sur porque teníamos certezas, sino porque estábamos llenos de dudas”

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Por João Paulo Charleaux - Conectas Derechos Humanos

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En un mundo editorial en el que las ideas de analistas, escritores, académicos y periodistas se miden por la cantidad de “me gusta” que reciben en las redes sociales, hacen falta voces con el saber analógico de Pedro Paulo Poppovic. Este sociólogo paulista que, durante más de diez años, fue el editor de la Revista Sur, publicada por Conectas, es también uno de los pocos editores que pueden enorgullecerse de una inusual hazaña: haber transformado a filósofos griegos como Platón y Sócrates en best sellers nacionales, cuando dirigió la colección Os Pensadores, de la gigantesca editora Abril, en la década de 1970. Esos libros de tapas azules inundan aún los estantes de venta de libros usados de todo Brasil, contrariando, con su presencia incontestable, las estadísticas y lugares comunes sobre el rechazo brasileño a la filosofía y a la literatura.

Poppovic no es nada virtual. Alto y fuerte, armoniza la densidad de una presencia sólida y tranquila en una butaca estable situada entre estanterías de libros que llegan hasta el techo de su departamento, en un barrio tradicional de São Paulo. Con su mirada serena, que se detiene fija en el interlocutor al menos dos segundos más de lo habitual, él reafirma la importancia de la tinta y el papel, remando contra la marea de un mundo cada vez más aficionado a la ligereza de la virtualidad. Poppovic habla como quién tiene el tiempo a su favor. “El libro, físicamente hablando, es algo casi sagrado, algo lleno de valores simbólicos que transcienden la mera transmisión del conocimiento”. Pese al contenido aseverativo de la frase, lanza un suspiro, como buscando confirmación o abriéndose hacia una antítesis que no llega.

Pocos intelectuales se sienten cómodos en compañía de la duda. Cuando pasó a formar parte del equipo creador de la Revista Sur, hace diez años, Poppovic era una isla de ideas cercada por signos de interrogación por doquier. “Pensábamos mucho sobre la existencia o no de un Sur Global que fuera productor de conocimiento académico. Pero el propio concepto de Sur Global es un concepto comparativo y relativo. A pesar de la duda, mantuvimos esa idea pretenciosa de dar voz a ese Sur Global y acabamos asumiendo, finalmente, la tesis de que ese Sur Global existe.”

La decisión conceptual —marcada por una mezcla de intuición, experiencia práctica y decisión política— fue el pilar sobre el que se construyó, en 2004, la Revista Sur. “Estábamos en el Sur, bastante lejos del Estado de Derecho que se veía en algunos países del Norte, de donde procedía la mayoría de las publicaciones académicas dedicadas a la discusión sobre cuestiones relativas a los derechos humanos”*, recuerda Poppovic en un artículo escrito junto con la actual directora de Programas de Conectas Derechos Humanos, Juana Kweitel, para la edición número 15 de la revista, publicada en diciembre de 2011.

La misma idea se refleja en las palabras de la directora ejecutiva de Conectas, Lucia Nader, en un vídeo conmemorativo sobre los 12 años de la organización, publicado en 2013: “Si no tenías una sede en Europa ni en Estados Unidos, lo máximo a que podías aspirar era a ser regional”.

Esa decisión “dogmática” de pregonar la existencia de un Sur Global solucionó el problema del discurso. A partir de esa decisión, los editores de la revista pudieron delimitar su ámbito de acción y presentar un discurso lógico acerca de qué era la revista, qué hacía y para qué servía. Tras superar las preocupaciones de orden conceptual, el grupo pasó a lidiar a partir de entonces con un segundo obstáculo, de índole más práctica: las deficiencias de muchos de los trabajos académicos producidos en este Sur Global. Si en el debate conceptual todo se resolvía con una formulación coherente sobre la configuración del mundo, en la cuestión técnica, académica e intelectual no había manera de tergiversar.

“La mayoría de los artículos que recibíamos del Norte eran mejores que los procedentes del Sur Global”, reconoce Poppovic. “Muy a menudo los artículos del Sur Global tenían excelentes ideas, pero no estaban expuestas siguiendo las normas académicas vigentes”, afirma con franqueza.

Las afirmaciones categóricas como esa adquieren un tono diferente, según quien las haga, que puede variar de la autocrítica severa a un cierto prejuicio afectado por una visión eurocéntrica o americanizada del mundo. Para entender por qué Poppovic se arriesga a criticar a algunos de los colaboradores de la propia revista hay que remontarse 40 años en el tiempo, cuando él era un joven estudiante de Sociología en la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH/USP).

Brasil atravesaba uno de los periodos más oscuros de su historia. La Dictadura militar, instaurada en 1964 por el golpe de Estado que depuso al presidente João Goulart, que no solo torturaba, detenía y hacía desaparecer a disidentes políticos, sino que también dirigía su saña persecutoria y toda su paranoia anticomunista contra profesores y estudiosos de las ciencias humanas, en particular hacia los sociólogos, filósofos y antropólogos que se mostraban críticos con las tradiciones coronelistas, esclavistas y patrimonialistas que habían marcado los 500 años de historia de Brasil, y que seguían determinando de manera decisiva la forma en que el gobierno militar —apoyado por amplios sectores conservadores de la sociedad y por empresarios e industriales— se desenvolvía en aquel mismo momento histórico.

Cuando era un joven estudiante Poppovic desempeñó la función de asistente de uno de los mayores exponentes de la universidad brasileña de la época, el sociólogo Florestan Fernandes. Junto con él estaba otro joven amigo de los tiempos de la universidad, Fernando Henrique Cardoso. Cardoso fue senador, ministro y, finalmente, presidente de la República durante dos mandatos seguidos, de 1995 a 2003. En ese periodo, Poppovic coordinó un plan innovador de educación a distancia en las escuelas públicas del inmenso interior de Brasil.

La crítica de Poppovic sobre la calidad de la producción académica del Sur Global puede entenderse mucho más como un lamento sobre su propia condición y la de su gente, como un deseo de cambio y perfeccionamiento, que como un desprecio que acepta el estado de las cosas. Frente a esa limitación, Poppovic decidió apostar en un remedio para el propio mal que la Revista Sur, de forma metalingüística, pretendía combatir. “Decidimos publicar los artículos aun así. Seleccionábamos los mejores, aunque a veces toleráramos algunas deficiencias. Llegamos a recibir 80 ofertas de artículos, sin ofrecer ningún tipo de pago a cambio. Nunca nos faltaron textos.”

A medida que la expectativa de recibir artículos excelentes se revelaba poco realista, los editores empezaron a buscar soluciones para mejorar el nivel editorial de las contribuciones. La solución que se encontró, junto con los técnicos de la Fundación Carlos Chagas, fue el “coaching”; un osado programa de incentivo de la escritura académica para jóvenes investigadores y activistas brasileños.

“Desde el primer momento, entendimos claramente lo que significaba ese desafío”. No se trataba sencillamente de imprimir una revista con algunos textos. La misión de crear una revista con pensadores del Sur Global adquiría también un ambicioso carácter educativo y formador. Una vez más, la disposición para cuestionar las propias certezas y estar abierto a lo desconocido guió las decisiones de la redacción. “Nunca quisimos ser dogmáticos. Y, aunque hayamos hecho la revista con personas del medio, nunca fueron personas de nuestra propia organización. Nunca pretendimos usar la revista para expresar nuestro propio punto de vista sobre las cosas.”

Un grupo de editores en busca de beneficios, del aumento del número de ejemplares impresos y de las ventas quizás se hubiera hallado en un callejón sin salida. En ese punto, Poppovic reduce la velocidad de sus palabras. Intercala silencios cada vez mayores entre las frases que piensa decir, como quien pondera el peso de cada idea. Él sabe el momento por el que la revista pasa. Con cambios tan veloces en el mercado editorial, con el cuestionamiento del soporte impreso y los altos costos de traducción, impresión y envío, es inevitable que los editores se hayan ido preguntando a lo largo de los años cómo sería el futuro de la Revista Sur, considerando que el mundo virtual no deja de ganarle espacio al papel.

Poppovic suspira y mira alrededor, como si buscara una ventana que nunca estuvo allí. Tras horas de conversación, la tarde va llegando a su fin y en la biblioteca de su apartamento, rodeado de libros, a media luz, el editor de la revista parece querer decir que el futuro ha llegado de sopetón, como el final del día. “Yo soy el reaccionario. Me gusta lo impreso, aun a sabiendas de que eso duplica el precio de una publicación”, dice, como pidiendo disculpas. “Las publicaciones que solo subsisten en internet pierden substancia. La idea de que a la gente solo le interesan los textos cortos no es cierta. En Estados Unidos se publican 1 000 nuevos libros impresos al día. En São Paulo se abren cada vez más librerías. Yo creo que la Revista Sur, tras publicar 200 artículos, necesita evolucionar. Necesita tratar más asuntos de actualidad, aumentar su periodicidad y contar con un presupuesto mayor. Debe seguir siendo abierta, pero como una revista típicamente académica. Su proceso y su lenguaje son académicos.”

En diez años, la revista no ha cesado de reinventarse. Y también ahora, pese a su solidez tras 20 ediciones en tres idiomas y distribuirse en más de cien países, la SUR sigue buscando la innovación. El grupo original de editores, capitaneado por Poppovic, se abrió a las dudas e incertidumbres de su tiempo. Lo mismo sucede hoy, con las generaciones que asumen el desafío de remar contra la marea, dando voz al Sur Global. De la sinergia entre las lecciones aprendidas en el pasado y las apuestas por el futuro emerge cada día una de las experiencias más fascinantes de producción de conocimiento para la acción en derechos humanos fuera del eje Estados Unidos-Europa.

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Notas

* Vea el artículo completo en: http://sur.conectas.org/es/una-revista-del-sur-con-alcance-global/. Visitado el: 20 jul. 2014.

Pedro Paulo Poppovic

Pedro Paulo Poppovic es sociólogo, graduado en la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de la Univeridad de San Pablo (USP) donde fue asistente de la Cátedra de Sociología I (dirigida por el Prof. Florestan Fernandes). Fue director general de Abril Cultural S/A y socio-director de PPP Consultores Editoriales S/C Ltda, ambas dedicadas a la publicación de libros y revistas de cultura general, totalizando 32 años de actividad editorial, durante los que también fue profesor de la Escuela de Periodismo de la Fundación Armando Álvarez Penteado de San Pablo y “visiting scholar” de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, Nueva York. Fue Secretario de Educación a Distancia del Ministerio de Educación en los dos mandatos de Fernando Henrique Cardoso.

Email: contato.sur@conectas.org