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“Unidad en la diversidad”

Romi Bencke

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Por Sara Baptista. Traducido por Mariana Costa.

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Romi Bencke

Romi Márcia Bencke nació con una vocación. La niña gaucha descendiente de alemanes ya sabía que en su futuro la religión ocuparía un papel más grande que lo representado por las idas a los cultos de la Igreja Evangélica de Confissão Luterana do Brasil. Iglesia esa que, como la familia de Romi, vino a Brasil por medio de la migración alemana y se estableció en el sur del país.

Cuando era menor, Romi le preguntó al pastor si mujeres también podrían ser pastoras. Al oír una respuesta afirmativa, ella decidió: “entonces es eso lo que voy a ser”. A los 14 años, Romi fue a estudiar en un internado en Ivoti, Rio Grande do Sul, para seguir el sueño que ya no era solamente suyo, sino de toda la comunidad que la había abrazado. Allá, hizo el curso de traducción, interprete y preteológico, que era una preparación para la faculdad de teología. Al concluir la carrera, sin embargo, cambió los planes y decidió volver a casa. “Decidí que yo no tenía madurez, no me sentía preparada para ir para la teología, entonces regresé a casa, frustrando a mi familia y también a la comunidad de fe”, dice ella.

Después de poco más de dos años trabajando como profesora en un colegio, su vocación le volvió a llamar y ella finalmente decidió estudiar teología. En la Escola Superior de Teología, en São Leopoldo, Rio Grande do Sul, Romi no solo tuvo contacto con el estudio sobre las diferentes religiones, sino también con el papel social ejercido por ellas y por las iglesias.

A partir del contacto con la teología de la liberación, ella empezó a involucrarse en acciones sociales e hizo uso de su vocación para un propósito aún más grande: la defensa de los derechos humanos. El lema “unidad en la diversidad”, repetido siempre que posible, no es solo una frase con efecto, también una guía para su actuación en un medio que, tal vez contradictoriamente, muchas veces está marcado por los conflictos.

En la facultad, a comienzos de los años 1990, Romi y sus compañeros pusieron en práctica la idea de acción social y crearon un grupo de apoyo a personas cero positivas en la ciudad de São Leopoldo. En aquella época, las informaciones sobre el VIH y la sida eran todavía muy incipientes en Brasil y, por eso, dice ella “en la iglesia, la gente se volvió loca, porque es obvio que había mucho prejuicio. Cuando supieron que había estudiantes de teología haciendo ese tipo de intervención, hubieron muchas quejas, pero nosotros enfrentamos esa lucha”. La experiencia que le marcó la vida también la presentó a otras realidades, como la de las trabajadoras sexuales y la discusión sobre sexualidad, que en aquella época era todavía muy limitada.

Después de graduada, Romi estudió y trabajó con el ecumenismo, intentando encontrar formas de unir las diferentes religiones en pro de un beneficio común. Unidad en la diversidad. Por siete años, la cuestión ecuménica fue tratada directamente con la comunidad por medio de su actuación como pastora de la iglesia luterana en una parroquia en el interior de Rio Grande do Sul, hasta que ella fue elegida la primera mujer a ocupar el puesto como Secretaria-General del Conselho Nacional de Igrejas Cristãs do Brasil (CONIC).

Tal vez ella no supiera, pero la pregunta que le hizo al pastor cuando joven ya demostraba que ella poseía también otra vocación: la de la lucha por los derechos de las mujeres. Romi no permitió que el hecho de ser mujer fuera un impedimento para que se volviera pastora o que le pusiera trabas en su trabajo en favor de una religiosidad más tolerante.

La formación feminista hace con que ella critique los valores patriarcales presentes en las relaciones de poder de la sociedad brasileña y defienda las discusiones de género tanto en las escuelas como en las iglesias. “Las mujeres tienen su dignidad, tienen sus derechos, y ningún grupo religioso, sea cual sea, puede negar la dignidad, la autonomía y el acceso a los derechos de las mujeres”, defiende ella.

Actualmente, son dos las líneas de actuación del CONIC: la promoción de la vivencia en comunión y de la espiritualidad ecuménica e interreligiosa y la presencia pública en diálogos sobre valores que fundamentan la perspectiva de equidad.

Romi resalta que el primer punto es fundamental porque hoy en día vivimos un contexto de mucho fundamentalismo religioso, y la perspectiva ecuménica es necesaria para que se difunda la idea de que “religión no es para promover el odio, tampoco para dividir”. “La religión puede fortalecer valores que prioricen la construcción de una cultura de paz, de tolerancia, de menos odio, de más aceptación mutua y así por delante”, explica la pastora.

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Pero el segundo pilar se destaca porque fue principalmente por eso que CONIC comenzó a actuar sobre el tema de la migración. Con el flujo intenso de refugiados haitianos que llegaron a Brasil desde 2010, el Consejo decidió que su participación en el asunto era importante, siendo este es un tema tan importante para las iglesias cristianas, ya que se mezcla incluso con la historia de Jesús.

En 2015, surgió un proyecto piloto llamado «Inmigrantes y Refugiados: Desafíos de la Casa Común», en el que, una vez más, era necesario mirar hacia adentro de la religión misma. En lugar de ofrecer asistencia a las personas que llegaron aquí – considerando que CONIC no tiene el conocimiento necesario – el Consejo ha optado por trabajar con la aceptación y recepción de migrantes con comunidades religiosas para luchar contra los prejuicios.

“Con eso, pusimos otros puntos que el tema de la migración y del refugio traen. Por ejemplo, la interculturalidad, la xenofobia, la interreligiosidad, porque cada migrante viene con su propia experiencia religiosa o no, entonces necesitamos trabajar esa diversidad”, cuenta Romi. Sin embargo, el proyecto pasó por dificultades cuando se enfrentó a casos de xenofobia dentro de la misma comunidad. «Tuvimos una primera experiencia que duró un año, y esta experiencia colaboró para confirmar nuestra sospecha, lo difícil que es llevar el tema de la migración y del refugio a las iglesias». “¿Por qué es difícil?”, ella misma se pregunta. Y responde: “porque las iglesias son muy centradas en sí mismas, entonces cuando hay que abrirse para un trabajo externo, diferente de aquello que suelen hacer, ellas entran en resistencia.

Abrir las iglesias para la diversidad es la misión de Romi. En esa ardua tarea de luchar por un país más diverso y, aun así, más unido, sobran alianzas, que van desde las propias iglesias hasta el Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST), y varias otras iniciativas. «Y así seguimos, haciendo el camino al caminar», resume Romi.

Romi Bencke - Brasil