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“Todo lo que está al servicio de la vida nos acerca”

Padre Paolo Parise

Mary Louise Eklund

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Por Sara Baptista. Traducido por Sebastian Porrua.

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Padre Paolo Parise

Para el padre Paolo Parise, el cristianismo es mucho más que una fe, es una práctica. Desde su infancia en el pequeño pueblo de Marostica, en el nordeste de Italia, donde nació, Paolo va más allá de las misas y vive el catolicismo en el día a día, en su forma más pura: ayudando a los demás.

La forma en que se toma su misión religiosa no es más que el desarrollo de una formación orientada a ver al otro como un igual. Su generosidad, atención y dedicación son una consecuencia directa de cómo fue criado. Cuando era niño, con su madre, llevaba calidez a las personas enfermas que vivían solas. Con su padre, aprendió a valorar y luchar por lo que es justo.

La sensibilidad que desarrolló a partir de estas experiencias transluce en su actuación como líder espiritual. Una actuación que es extremadamente práctica y orientada hacia lo social y ya le brindó premios de derechos humanos.

Poseedor de una sensibilidad y espiritualidad agudas, unidas a una intensa formación religiosa, Paolo Parise decidió, siendo aún muy joven, entrar en el seminario. Aparte de su educación, explica que la forma como ve su propia religiosidad lo llevó, en el camino de la fe, a comprometerse con las causas sociales. Dejar de percibir su relación con Dios como una obligación o simple tradición y pasar a entenderla como una relación no linear, llena de dudas y a veces hasta conflictiva le hicieron abrazar todavía más la misión de ayudar al otro.

La Iglesia Católica está dividida en congregaciones y cada una de ellas tiene su carisma, un tema al que se dedican sus miembros. Justo al comienzo de su formación, a los 19 años, Paolo escogió empezar a trabajar con migrantes y refugiados en la congregación de los scalabrinianos.

Paolo relaciona la elección a sus experiencias de infancia: “Diría que (la educación que recibí) creó una cierta sensibilidad para decidir vivir mi vida religiosa dentro de una congregación que ha escogido trabajar con los migrantes”.

Uno de sus primeros contactos con esas comunidades fue con los turcos que vivían en Alemania y que, en sus palabras, estaban siendo “profundamente explotados”. Otra de esas experiencias iniciales fue con personas que venían generalmente del norte de África a trabajar en cosechas en Italia, también sufriendo con trabajos análogos a la esclavitud.

Algún tiempo después de empezar a trabajar con migrantes en casa, los estudios le dieron la oportunidad de volverse él mismo un migrante, con el objetivo de entender un poco mejor lo que es vivir como un expatriado. A pesar de la proximidad con el tema, la reacción inmediata de Paolo fue la negación. “Nunca imaginé salir de Italia, estaba bien instalado”, cuenta. Tras algún tiempo de reflexión, sin embargo, acabó aceptando y vino a Brasil.

Lo que antes era impensable se volvió una realidad duradera. Excepto por un breve retorno a su tierra natal para ordenarse como padre, ya ha pasado casi 23 años viviendo en Brasil. “Pienso que si en la época hubiese dicho ‘no, no quiero’ no sería el mismo Paolo de ahora, sería una persona mucho más pobre a nivel de experiencia y nivel de capacidad de lidiar con el otro”, dice.

Llegó a São Paulo en 2010, a la parroquia Nuestra Señora de la Paz, en Baixada do Glicério. El local alberga también la sede de Missão Paz (Misión Paz), organización sin fines lucrativos, ligada a la Iglesia Católica, que actúa acogiendo migrantes y refugiados en la capital paulista.

Actualmente la historia de la entidad y la de Paolo se confunden, tan grande es la intensidad con la que se entrega a la causa. Missão Paz, sin embargo, data de 1930 y tiene una trayectoria que, como define el propio Padre Paolo, se basa en el diálogo constante con la realidad y sus desafíos.

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Al relatar el trabajo de Missão Paz, el padre Paolo subraya que acoger un migrante no es algo puntual, y si un proceso duradero. También resalta que no basta ofrecer cama y comida; es necesario ayudar a la persona migrante extranjera a insertarse realmente en la sociedad. Partiendo de esa base, hoy en día la organización recibe migrantes y refugiados de las más diversas partes del mundo, ofreciéndoles cama, comida, apoyo psicológico, clases de idiomas y ayuda para conseguir un empleo; este paso es señalado como el más difícil.

Además, con el paso de los años, Missão Paz percibió que este trabajo humanitario ya no era suficiente, y decidió involucrarse en procesos de presión y advocacy para el avance de legislaciones y políticas públicas que buscan el bien estar de los migrantes en Brasil. La entidad participó, junto a otras organizaciones, en la construcción y aprobación de la Nueva Ley de Migración, por ejemplo.

“Es un lugar donde hay un diálogo constante. Y donde, a pesar de tener una identidad clara, concretamente, somos cristianos católicos, hay un profundo respeto hacia el otro y sus tradiciones religiosas”, dice el padre, que rechaza los fundamentalismos y predica la unión entre las distintas creencias.

Para él, es necesario encontrar puntos en común entre las religiones. “Cuando se actúa a favor de la vida, de la dignidad del ser humano, creo que existe una gran convergencia en el campo ecuménico, interreligioso”, explica.

Los conflictos entre creencias, sin embargo, suponen obstáculos en la defensa de los derechos humanos. Padre Paolo usa su experiencia con los migrantes para ejemplificar tales disputas. Para él, quien dice ser seguidor de Jesús Cristo y actúa de manera xenófoba, llena de prejuicios, está haciendo “todo lo contrario de lo que fue el mensaje de Jesús”.

En esa realidad, extrapola la cuestión y no personaliza el problema. Para él, un conjunto de factores hace que los migrantes sean vistos de manera errónea y poco generosa. La politización de la migración, con discursos xenófobos profesados por políticos populistas y la falta de cuidado de los medios al tratar el asunto son algunos de los factores que conforman la cuestión. Otro punto a ser considerado es el elemento antropológico de lidiar con lo desconocido. “Ante lo desconocido el ser humano siempre se muestra cauto, desconfiado. Esto es natural, el problema es que aparecen otros elementos que alimentan esa disposición y lo que podía ser un desafío para conocer, se transforma en vez en un prejuicio”, resume.

Desde su punto de vista, este tipo de disputa e imposición entre las personas va en contra de los ideales de Jesús Cristo. “Cuando se dice que Dios hizo al ser humano a su imagen y semejanza, esto no se refiere únicamente a aquel que me gusta, aquel que piensa de la misma forma, aquel que forma parte de mi grupito. Son todos los seres humanos.”

En pocas palabras: “Todo lo que tiene que ver con los derechos humanos me conduce también a lo sagrado, porque la vida es sagrada”, dice. El Padre Paolo, como muchos líderes religiosos de distintas tradiciones de fe, cree que las religiones deben poner la vida del ser humano en primer lugar. “Todo lo que está al servicio de la vida nos acerca. Todo lo que está al servicio de la muerte no tiene que ver con Dios”; finaliza. Y hace un llamamiento: “Vamos a escribir juntos una página a favor del ser humano”.

Padre Paolo Parise - Italia / Brasil