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La historia de Lucha Castro y los derechos humanos en México

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Introducción

La Lucha: La historia de Lucha Castro y los derechos humanos en México es una historieta gráfica de no ficción y la primera de una serie de publicaciones enfocadas en representar y narrar la vida y lucha de defensores y defensoras de los derechos humanos (DDH) por defender los derechos humanos y lograr justicia y rendición de cuentas en comunidades de todo el mundo. Front Line Defenders cree básicamente que los DDH son agentes fundamentales en el intento de lograr sociedades abiertas y justas.

La serie de historietas gráficas fue concebida como una manera de atraer nuevos públicos a la comprensión y el aprecio no solo del trabajo, sino también de los desafíos y riesgos a los que se enfrentan los DDH todos los días. La Lucha fue creada como el primer libro en poner el foco en el gran riesgo que corren los DDH, sobre todo las mujeres, en México. Los capítulos de La Lucha, cuentan las historias de mujeres y sus familias amenazadas, detenidas, perseguidas y asesinadas por su insistencia en luchar por la justicia en México. El asesinato de mujeres mexicanas no es una historia del pasado, y La Lucha no es un libro de historia. Es un cuento de terror y una historia de increíble valentía. Algunos han llamado al feminicidio en México de una “epidemia” que no para de empeorar, y como el brote de una enfermedad infecciosa, las personas que le ponen la cara son las que corren más riesgos.

Llegar a públicos que normalmente no leerían un informe de derechos humanos es fundamental para que los DDH obtengan un apoyo más generalizado en sus comunidades. Esto es particularmente cierto en México, donde los DDH del libro viven y trabajan, y donde el apoyo del público es un elemento crucial de protección integral en una sociedad donde la violencia contra los DDH (y periodistas) es endémica y a menudo queda impune. Tras publicar el libro en español en México (con Editorial Resistencia), Front Line Defenders trabajó con el Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (CEDEHM) en Chihuahua para lograr el apoyo de los principales partidarios en el Estado. Después de las elecciones para gobernador en Chihuahua, que llevaron al poder al exsenador Javier Corral en octubre de 2016, Front Line Defenders inició conversaciones con instituciones estatales (educación y la oficina del gobernador) para introducir el libro en el plan de estudios de las escuelas de secundaria y las universidades del Estado. Como senador, Corral había acogido la presentación de La Lucha en el senado mexicano en noviembre de 2015. Tras una serie de encuentros, Front Line Defenders llegó a un acuerdo con la administración de la educación del Estado para introducir los libros en septiembre de 2017.

Front Line Defenders espera publicar en los dos próximos años los dos siguientes libros de la serie; uno de DDH enfrentándose a la industria minera y trabajando por defender los derechos de la tierra y proteger el medio ambiente; y otro sobre defensores de derechos LGBTI en países donde la homosexualidad está criminalizada.

Adam Shapiro
Jefe de Campañas y Visibilidad
Front Line Defenders

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PREFACIO

Vislumbrar el camino a seguir puede ser difícil cuando recibes llamadas telefónicas de amenaza de muerte y cuando la organización a la que perteneces, el Centro de Derechos Humanos de las Mujeres, está en constante ataque. Cuando la suprema corte en América, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, decide incluirte en su pequeña y selecta lista de beneficiarios de Medidas Provisionales porque tu vida está en peligro; y cuando tus amigos cercanos han sido asesinados por el simple hecho de defender los derechos humanos.

Algunas veces nuestras voces se pierden o son silenciadas. La fuerza en nuestras piernas en ocasiones flaquea y el miedo nos puede paralizar.

El riesgo en el que he puesto a mi familia, el precio que pago, es muy alto. Mis tres hijas, mi hijo y mis cinco nietos viven lejos de mí. Por razones de seguridad, me he apartado de ellos y no pasa un día sin que me agarre la nostalgia, cuando pienso que no estuve ni estaré cuando mis nietos den sus primeros pasos o digan su primera palabra o celebren sus cumpleaños. Para ellos soy una extraña que los visita cada año para darles amor por unos cuantos días y a quien con dificultad recuerdan…

Cuando el peligro incrementa, el teléfono comienza a sonar. “Mamá, qué estás haciendo allá, vente para acá, podemos cuidarte”, y les digo, los bomberos aman su profesión, no quieren quemarse, pero cuando hay un incendio salen a dar la lucha. Lo mismo pasa con los doctores, cuando existe un riesgo de epidemia, aún a riesgo del contagio enfrentan la enfermedad. En Chihuahua hay una epidemia de violación de derechos humanos. Por eso estoy aquí.

En mi organización, el Centro de Derechos Humanos de las Mujeres, empezamos por defender los derechos humanos en crímenes basados en el género, es decir, feminicidio, tráfico, violencia doméstica y sexual. Luego las víctimas invisibles de la guerra contra las drogas llegaron a tocar la puerta: madres, hijas, hermanas de torturados, los desaparecidos de manera forzosa y los defensores de derechos humanos bajo amenaza. Con toda la modestia, nos convertimos en el frente de batalla de Chihuahua.

Los defensores de derechos humanos siempre se han enfrentado a los poderes político y económico. Sin embargo, ahora existe un nuevo elemento que ha incrementado los riesgos: concretamente, el crimen organizado que trabaja de la mano con la policía y el ejército para implementar megaproyectos, sin escrúpulos para amenazar, torturar o asesinar a los activistas.

En el lugar donde trabajo, hay áreas donde el crimen organizado ha suplantado al Estado con la complicidad de las autoridades, y donde mujeres y niñas son las más vulnerables. Hablo de mujeres de pueblos que son forzadas a coexistir con grupos criminales y con la policía y el ejército. Las mujeres caminan aterrorizadas bajo la mirada amenazante de los hombres quienes están listos a disparar sus armas, quienes allanarían sus hogares o se llevarían a sus hijos como botín de guerra. Conforme a la lógica de este conflicto armado, se ha vuelto difícil distinguir miembros de las bandas del crimen organizado de la policía hasta el punto que es imposible discernir los autores de los ataques.

Me he tomado de las manos con cientos de mujeres en señal de resistencia civil pacífica para prevenir desalojos; he ofrecido mis brazos para abrazarlas cuando el sufrimiento trastornó sus vidas. He juntado mis manos para que mujeres puedan avanzar y alcanzar sus sueños de vivir una vida libre de violencia, y he levantado mi voz para que puedan ser escuchadas.

En mi paso por la escuela de derecho como joven estudiante, se plantaron las semillas en mi corazón y de estas semillas creció la fuerza y la rebeldía que aún conducen el anhelo por un mundo más justo.

En una etapa de mi vida fui empresaria exitosa, cuyo negocio era perforar pozos. Sin embargo, mientras hacía este trabajo, un deseo por un mundo diferente florecía en mi corazón, además de un impulso rebelde para buscar alternativas en mi vida personal. Es decir, cada día esa creencia creció con más fuerza en mí hasta que ya no pude ser parte de estructuras inhumanas que me ofrecían una vida más o menos cómoda, mientras que me olvidara de los que sufrían.

Me negué a seguir cooperando con el sistema patriarcal e injusto y cambié el rumbo de mi vida. Mi búsqueda por una respuesta a la pregunta: “¿Qué debo hacer en este mundo?”, me llevó a un seminario en Chihuahua para estudiar teología y este nuevo aprendizaje afectó mi vida profundamente.

De todas las pieles con las que he cubierto mi cuerpo, con la que me siento mejor es la de defensora de derechos humanos. Tengo diversas maneras sencillas de verificar si la forma de vida que he elegido es la mejor para mí. La primera es si lo que hago me hace feliz y he decidido aceptar que el día en que deje de ser así, buscaré otro camino. La segunda es consultar mi agenda y reflexionar sobre aquello en lo que estoy invirtiendo mi tiempo. Otra forma de evaluar mi camino en la vida es beber de la sabiduría de las mujeres en la historia.

En mi trayecto como defensora, he aprendido a escuchar las historias de mujeres que sufren violaciones de sus derechos con compasión y reverencia, fruto de mi respeto a sus vidas. Estoy convencida de que es a través de actos de amor y justicia que podemos hacer público el escándalo de todas las acciones injustas impuestas sobre las mujeres, representadas por todas las formas de violencia, muchas de ellas escondidas. Al empoderar a las mujeres podemos alentarlas a reconstruir sus vidas.

Finalmente, estoy aquí y me gustaría repetir las palabras de mi querida amiga Bety Cariño, a quien una vez la escuché decir, en el último acto público antes de ser asesinada, un evento de Front Line Defenders al cual fuimos invitadas: “Denunciamos las violaciones a los derechos humanos para que no olvidemos, para preservar la memoria histórica en la cabeza y en el corazón de quienes están torturando, quienes queman nuestras casas, nos amenazan, violan, nos desaparecen y asesinan a nuestros hijos”.

Lucha Castro, Chihuahua, México