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Protección, autocuidado y seguridad de las defensoras de derechos humanos

Simone Cruz y Jelena Dordevic

Una perspectiva feminista y de mujeres negras

Ryan

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RESUMEN

Las amenazas contra feministas, personas LGBTQI+ y mujeres negras en su diversidad son cada vez más evidentes. Esa violencia ha mostrado la falta de preparación de la sociedad civil para lidiar, en el actual contexto político, con riesgos inminentes al trabajo en derechos humanos. Por tanto, fue y ha sido importante actuar de manera inmediata, garantizando la seguridad cotidiana de las defensoras, pero también apoyar la sostenibilidad y la protección a largo plazo. El análisis presentado a lo largo de este artículo fue producido a partir del relato de nueves mujeres feministas, defensoras de derechos humanos. El artículo hace un llamamiento a la necesidad de profundizar en la reflexión sobre el desarrollo de mecanismos de protección que respondan a la manera como las desigualdades de género y raza operan para impedir que las mujeres reivindiquen sus derechos humanos, vivan libres de violencia y participen plenamente de los procesos democráticos.

Palabras Clave

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1. Introducción

Desde la victoria de la extrema derecha en las últimas elecciones presidenciales brasileñas, los ataques contra la agenda de derechos humanos han sido innumerables. Esto impactó directamente a las organizaciones y movimientos de la sociedad civil, ya que hubo un aumento en la hostilidad al activismo y a los activistas. Las amenazas contra feministas, personas LGBTQI+ y mujeres negras en su diversidad han sido cada vez más evidentes. Las trabajadoras y trabajadores rurales, liderazgos comunitarios, movimientos sociales, indígenas, quilombolas, abogadas/os populares y organizaciones que apoyan procesos de redistribución de tierras continúan estando muy vulnerables.

Tras el asesinato de la concejala Marielle Franco y de su conductor, Anderson Gomes, en marzo de 2018, la seguridad y la protección se volvieron ámbitos de preocupación para la mayoría de organizaciones de derechos humanos y de los movimientos sociales en Brasil. La impunidad derivada de esa violencia política expuso la falta de preparación de la sociedad civil para lidiar, en el actual contexto político, con riesgos inminentes al trabajo en derechos humanos.11. Como ejemplo, pocos meses después del asesinato de Marielle Franco, el congresista de izquierda Jean Wyllys, la candidata política Marcia Tiburi y la profesora y activista feminista Débora Diniz dejaron el país por temor hacia su propia seguridad física. Desde entonces, fue y ha sido muy importante no solo observar y actuar de inmediato, garantizando la seguridad cotidiana de las defensoras, sino también apoyar la sostenibilidad y la protección a largo plazo.

El análisis presentado en este artículo fue producido a partir de los relatos de nueve mujeres, feministas, defensoras de derechos humanos, obtenidos a través de los resultados de una consultoría realizada por las autoras para las organizaciones no gubernamentales (ONG) Themis – Género y Justicia, de Rio Grande do Sul, y Criola, con sede en Rio de Janeiro. Tuvimos como preocupación principal observar las vulnerabilidades a las cuales las defensoras están expuestas en el contexto de la lucha por los derechos humanos.

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2. Autocuidado y Seguridad: Conceptos en discusión

2.1 Autocuidado

Aunque los movimientos feministas se están esforzando hace ya algunos años para hacer del cuidado y autocuidado parte de la cultura de los movimientos sociales, no hay una definición específica de estos conceptos desde la perspectiva de los y las activistas. Sin embargo, a partir del trabajo ya desarrollado en este campo, podemos afirmar que estos conceptos han ido siendo construidos, incluso por medio de cuestionamientos sobre por qué hablar de autocuidado en el contexto de los movimientos sociales. Con base en esto, identificamos distintas percepciones de activistas feministas sobre el autocuidado, las cuales abordaremos aquí a partir de dos dimensiones: interna e individual y externa y colectiva, sabiendo que todas están directamente correlacionadas.

Desde el punto de vista de la dimensión interna e individual, el concepto de autocuidado, en la perspectiva de las activistas entrevistadas, es vivido con contradicciones. Esto ocurre porque, aun percibiendo la necesidad del cuidado de sí, hay un esfuerzo para tratar con el sentimiento de culpa generado por la incapacidad individual de responder a una demanda externa, la cual muchas veces exige demasiado. Como afirma una de las activistas: “La importancia que tiene que pares un momento, te oigas, te escuches, te sientas, te percibas frente a algo por lo que nunca te imaginaste pasar, y parece que no puedes parar porque todo depende de ti”.

La idea anterior refleja la opinión de otras mujeres, en la cual se puede ver que el concepto de autocuidado individual está directamente relacionado a la libertad. O cuando el autocuidado es vivido como algo colectivo, como en los terreros, eso se relaciona a un cuidado espiritual dentro de aquel espacio, como menciona otra activista entrevistada:

En el terrero una tiene aquella cosa de acoger, de recibir, de cuidar, realmente es [un lugar] de escucha, el terrero acoge, el terrero escucha, el terrero orienta, el terrero encamina. Así que nosotras ya estamos acostumbradas a vivir eso, es nuestro […] Así que esa cosa del cuidado, del autocuidado, de cuidar al otro, es del terrero.

La vivencia del autocuidado a partir de una dimensión externa y colectiva es compartida a través de relatos que remiten a la idea de una autopreservación relacionada a factores externos ocasionados por algo amenazador, que huye del control individual. Además de la amenaza a la vida, la práctica del racismo en todos sus niveles también es considerada una amenaza perpetuada por el Estado. Ese tipo de amenaza ha ido en aumento y ha generado distintas muertes: psicológica, política y física. En la percepción y vivencia de las activistas, principalmente de las mujeres negras, cuando están en situación de riesgo de vida, las opciones ofrecidas están limitadas al enfrentamiento a las amenazas locales, o la salida y alejamiento del activismo, lo que significa sacarlas de su convivencia con otras personas defensoras.

2.1.1 Autocuidado en la perspectiva de las mujeres negras

Al enfocarnos en las relaciones raciales, las activistas negras siguen una lógica de cuidado y autocuidado que va más allá de la dimensión personal: el cuidado en las relaciones entre activistas como elemento indispensable; una reflexión sobre la forma como viene siendo construida y mantenida esa relación; y también la necesidad de tener una estructura de vida, es decir, la garantía de una estabilidad (o seguridad) física y emocional.

Para las activistas negras, solo tiene sentido pensar el autocuidado en relación con el activismo. Especialmente al reconocer donde están integradas y qué están haciendo, cómo se perciben y cuidan a sí mismas en la perspectiva de “estar” en la lucha, abordando cuestiones importantes que, muchas veces, no son priorizadas. Por eso, ellas llaman la atención sobre la necesidad de mirar hacia las violencias individuales, el racismo y las violencias ocurridas dentro del propio activismo.

Las cuestiones estructurales señaladas en los testimonios apuntan, todavía, a la necesidad de la descolonización radical del cuerpo. Y el autocuidado es una gran estrategia de activismo en ese sentido, pues se enfrenta a la lógica del sistema al dirigir la mirada a los procesos en la relación con la/el otra/otro.

Para las activistas, es necesario recordar que el “afectar” siempre es relacional. Entonces, al pensarse en la descolonización, se debe tener en cuenta que, en las comunidades indígenas, por ejemplo, la dimensión del cuidado está relacionada al cuidado con los otros individuos de la comunidad; así como con los animales y las plantas.

Para las mujeres negras, el concepto de autocuidado y cuidado entre activistas es abordado de manera integrada. En la reflexión del feminismo, el ser mujer no se constituye, en una sociedad patriarcal como la nuestra, como un ser con autonomía, pero sí existente en función del otro. La mujer existe, entonces, para cuidar del hombre, de los niños, de la casa. Esta situación es agudizada por el racismo, pues si la mujer existe para cuidar de los otros, ese cuidado, cuando racializado, genera una mayor humillación y sometimiento.

Algunas entrevistadas, a pesar de tener años de experiencia en el activismo, varias veces expresaron una imposibilidad de “ser”, como si no pudiesen pensar en sí mismas, pues necesitaban pensar en la/el otra/o. En esas situaciones, es muy importante la formación de vínculos para la supervivencia y seguir adelante en la lucha. Los relatos demuestran que los vínculos que una mujer negra tiene con otra mujer negra son distintos de aquellos que se puede establecer con una mujer blanca, y esos vínculos son fundamentales para enfrentarse a diversas cuestiones. Por eso, se debe construir el lugar del autocuidado de la misma forma que se construyen ideas de resistencia, como en el caso del movimiento Black is Beautiful.22. Movimiento creado en Estados Unidos entre las décadas de 1960/70 como forma de afirmación de los sujetos en los niveles personal y político a fin de enfrentar el racismo.

Por tanto, el autocuidado es entendido como un espacio de afirmación de la existencia de sí, que no está relacionado con el individualismo capitalista mercantilizante, basado en la competición y la ausencia de relaciones sociales. Aquí, el autocuidado es comprendido, al mismo tiempo, en la autonomía y en la relación con los otros seres. La autonomía también se constituye en la reciprocidad y en la solidaridad.

Para otra activista entrevistada, es necesario radicalizar el discurso y buscar la seguridad para el colectivo en la raíz del movimiento feminista. Se deben buscar los efectos del proceso de colonización sobre el cuerpo, anteriormente citados, pues el nivel de violencia es grande. La violencia que hace que, por ejemplo, una mujer negra, aunque esté vestida de blanco en un hospital, no sea reconocida como médica, debido a su color. De forma aún peor, muchas veces la persona que practica la violencia vive situaciones violentas semejantes, pues también es negra.

Sobre la violencia entre activistas, se puede ver una “romantización” del movimiento feminista, como un lugar de muchos encuentros y descubrimiento de identidades. Aun así, se observa que la violencia de la sociedad también se reproduce en estos espacios. En realidad, se debería buscar constantemente, de forma colectiva, una manera de fortalecer relaciones de confianza tanto personales, como en el movimiento, a través del reconocimiento de las diversas formas de actuación de las mujeres. ¿Cómo no ver a otra mujer como enemiga, o como competencia? Esas formas de violencia deben ser reconocidas, en especial el prejuicio que el racismo y el machismo nos trajeron. A partir de esto, se intentan construir estrategias colectivas para combatir esos patrones de activismo, considerando la dimensión humana incluso cuando la tendencia es ver a la activista feminista como heroína o como villana, alguien que hace lo que hace solo por el poder.

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2.2. Seguridad

La seguridad, como un derecho, es intangible para muchas personas. El deterioro del tejido social generado por el avance del modelo económico neoliberal, la herencia de la impunidad y el modelo de seguridad basado en intervenciones policiales, justificado con el pretexto del combate al tráfico de drogas, ha servido únicamente para oprimir y controlar la población:

Seguridad es tener la libertad de expresar tu fe, seguridad es poder ir y venir sin ser constreñida por un policía, sin ser constreñida por una persona de la tienda, eso es seguridad. La seguridad nunca fue ejercitada a nuestro favor, a nuestro servicio, seguridad es que tengas una colectividad que si te pasa algo todos griten, todos sentirán tu falta. Así que tengo que caminar un poco para pensar qué es de hecho la seguridad. (Activista entrevistada)

El contexto en que tiene lugar este análisis es el de un aumento de la violencia contra las mujeres defensoras de los derechos humanos, particularmente mujeres negras de áreas urbanas y rurales, así como aquellas que se identifican como lesbianas, bisexuales y transgénero y que trabajan en diversas áreas de los derechos humanos: derechos sexuales y reproductivos; participación política; empoderamiento económico; derechos de la tierra y de los territorios; derecho de las mujeres; derechos LGBTQI+; democratización de la comunicación; así como en la lucha contra la militarización de las favelas y las periferias.

Para entender qué tipos de protección, cuidado y seguridad son necesarios para las mujeres defensoras de derechos humanos, se partió de la idea de identificar en primer lugar cómo las mujeres activistas comprenden la seguridad. ¿Qué factores contribuyen al aumento de riesgos que pueden resultar en ataques directos contra ellas?

Uno de los factores que influencia la experiencia de las amenazas, riesgos y violencia contra las defensoras y defensores es el género. Las mujeres defensoras de los derechos humanos, así como todas las personas que no se conforman con los roles de género prescritos tradicionalmente, están expuestas a riesgos específicos que tienen que ser tomados en cuenta en el desarrollo de las medidas de protección más apropiadas. Las defensoras de derechos humanos corren grandes riesgos por desafiar estructuras de opresión que contribuyen y alimentan las desigualdades de género, de las cuales ellas son con frecuencia el objetivo. El sistema que requiere la subyugación de las mujeres se mantiene por medio de diversas formas de violencia contra ellas, entre las cuales están: intimidaciones, amenazas, amenazas de muerte, violencia física, violencia digital, difamación, acoso sexual, desapariciones, asesinatos, ataques a familiares y niños/as, restricciones de movimiento, prisiones arbitrarias en las manifestaciones, agresiones sexuales y violaciones, ataques homo-lesbo-transfóbicos, silenciamiento, aislamiento y censura.

Sin embargo, podemos afirmar que la categoría género no es suficiente en los debates sobre la protección de mujeres defensoras. Como el racismo es estructurante y utilizado para defender intereses económicos y políticos, además de para justificar la persecución de activistas, es necesario que haya un análisis interseccional para examinar la interrelación de las opresiones a las que las mujeres negras se enfrentan. Una de las mujeres entrevistadas, que se identifica como mujer negra lesbiana, afirma:

La amenaza que sufrimos, para mí, son las mujeres negras quienes más la sufren porque el racismo… ahora es manifiesto, la gente está saliendo con descaro a la calle para decir que sí es racista. Esto implica lo siguiente: nos hacemos más vulnerables, y el riesgo que corremos es que todo el mundo está disputando nuestros cuerpos […] todo el mundo disputándonos, pero todo el mundo queriéndonos subordinar, nadie nos quiere liberar, todo el mundo quiere hablar por nosotras […] Así estamos bajo amenaza y nosotras somos las más vulnerables de las vulnerables. Siempre sobra para nosotras, pero nosotras no sabemos qué hacer con eso […].

Cuáles son las dinámicas que operan por detrás de la violencia contra las mujeres defensoras de los derechos humanos desde la perspectiva de raza y género fue una de las preguntas de la reunión nacional de activistas y organizaciones de defensoras de derechos humanos convocada y organizada por Themis y Criola en junio de 2019, con colaboración y participación de las autoras de este artículo. También, en la reunión nacional buscamos identificar si hay una diferencia entre protección y seguridad y, finalmente, cuáles son los riesgos actuales e inminentes y las amenazas enfrentadas por las organizaciones feministas así como por las organizaciones de mujeres negras.

Este encuentro fomentó un proceso de articulación para la creación de una red de Defensoras de Derechos Humanos. Así, en noviembre del mismo año, algunas organizaciones participantes se reunieron y formaron un Núcleo Impulsor de la Red de Defensoras de Derechos Humanos con el objetivo de constituir una red de referencia en la protección, defensa y seguridad con el objetivo de fortalecer a las mujeres defensoras para preservar sus vidas y las vidas de otras mujeres.

2.2.1. ¿Por qué necesitamos hablar de seguridad? ¿Qué tiene que ver con nuestra organización política?

A medida que las defensoras aseguraban el éxito de sus proyectos políticos, algunos sectores conservadores estaban organizándose sistemáticamente para suprimir una parcela de la sociedad civil. Prisiones arbitrarias, asesinatos, violencia sexual contra mujeres defensoras y difamación son solo algunas de las estrategias utilizadas por el Estado y por actores no estatales para restringir y limitar la influencia de aquellas que lideran la transformación social.

En respuesta, reconociendo el impacto de la opresión y violencia sistémica en sus subjetividades, y también en las formas de organización, esas defensoras comenzaron a desarrollar estrategias de seguridad y protección. En diferentes lugares y con nombres distintos, la resiliencia, la seguridad, el bienestar y la sostenibilidad de su vida y lucha política están en su esencia.

En 2006, el Kindred Healing Justice Collective, una red de organizadoras y curanderas practicantes en la área de salud, del sudeste de los Estados Unidos, comenzó a utilizar el término “justicia de sanación” (healing justice) como un concepto para identificar de qué forma podemos responder e intervenir holísticamente sobre traumas y violencias generacionales, presentando prácticas individuales y colectivas que puedan transformar colectivamente la opresión en nuestros cuerpos y vidas. A partir de las historias de las organizadoras negras del Sur, indígenas, mujeres de color LGBTQI+ y aliados, las cuales conectaron la realidad del trauma generacional con sus historias continuas de esclavitud, genocidio y privación de los derechos económicos con base en la economía del trabajo esclavo y la colonización, la “justicia de sanación” pasa a elevar la resiliencia y prácticas de supervivencia que centralizan la seguridad colectiva y emocional, psicológica, espiritual, bienestar ambiental y mental de las comunidades.33. “Healing Justice: Building Power, Transforming Movements,” Astraea, 2019, visitado el 21 de julio de 2020, https://s3.amazonaws.com/astraea.production/app/asset/uploads/2019/05/Astraea-Healing-Justice-Report-2019-v7.pdf, 10-11.

Casi simultáneamente, en círculos próximos al Fondo de Acción Urgente por los Derechos Humanos de las Mujeres, en 2007, las activistas comenzaron a mirar hacia el autocuidado, la sostenibilidad y la seguridad integral del activismo y de los activistas. En los años que siguieron, las organizadoras comenzaron a hablar sobre seguridad holística, a través de la cual se reconoció que el bienestar psicológico/psicosocial, la seguridad física y la digital son componentes fundamentales de movimientos y organizaciones fuertes.

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3. El autocuidado como estrategia política del movimiento feminista y de mujeres negras

Según Ana María Hernández Cárdenas y Nallely Guadalupe Tello Méndez,44. Ana María Hernández Cárdenas y Nallely Guadalupe Tello Méndez, “El autocuidado como estrategia política,” Sur – Revista Internacional de Derechos Humanos 26 (2017), visitado el 21 de julio de 2020, https://sur.conectas.org/es/el-autocuidado-como-estrategia-politica/. el autocuidado garantiza, más allá de la sostenibilidad de los movimientos sociales, una postura ético-política que implica el análisis de las prácticas de trabajo y de las relaciones establecidas a nivel personal y colectivo.

En 2009, nacía el Fondo de Acción Urgente para América Latina y el Caribe (FAU-ALC), con sede en Bogotá, Colombia, proveniente del Fondo con el mismo nombre en Estados Unidos. El FAU busca fortalecer a las activistas y los movimientos sociales de los cuales forman parte. Con respuestas rápidas ante las injusticias y desigualdades vividas por las defensoras ante situaciones de riesgo, el Fondo pone la protección integral y el cuidado como centro de su trabajo en tanto que cultura organizacional. A este respecto, el FAU, a partir de la edición del libro “¿Qué sentido tiene la revolución si no podemos bailar?”55. Jane Barry y Jelena Djordjevic, ¿Qué sentido tiene la revolución si no podemos bailar? (Estados Unidos: Fondo de Acción Urgente por los Derechos Humanos de las Mujeres, 2007). creó un programa específico de activismo sostenible.66. “Activismo Sostenible,” Fondo de Acción Urgente – América Latina y Caribe, 2020, visitado el 21 de julio de 2020, https://fondoaccionurgente.org.co/es/que-hacemos/activismo-sostenible/. Mediante procesos de formación, el programa promueve espacios de reflexión y fortalece capacidades y potencialidades, buscando, así, constituir una cultura de prevención que transforme las prácticas de las activistas en condiciones de bienestar, salud física y emocional. En esa línea, la concepción del cuidado de sí y el colectivo para el FAU son inseparables, tratándolo como cuerpo-territorio, es decir, cuerpo físico y cuerpo virtual como partes indivisibles de ese cuidado.

En Brasil, en enero de 2014, fue creado el Colectivo Feminista de Autocuidado y Cuidado entre Activistas por siete mujeres feministas y activistas que, reunidas durante tres días en la casa de una de ellas en Cabo Frio, en Rio de Janeiro, conversaron sobre sí mismas y sobre sus vivencias y sentimientos en el activismo. El objetivo era abrir un espacio de intercambio, experimentación y reflexión sobre el activismo y las prácticas de organización feminista y movilización social, de autocuidado, así como de cuidado unas con las otras (reciprocidad del cuidado).

La idea de crear un colectivo con ese objetivo surgió a partir de la situación crítica vivida por una feminista, organizadora de la Marcha de las Putas en Rio de Janeiro en el mismo año. Tras la realización del evento, ella fue expuesta a una serie de amenazas misóginas y fundamentalistas, investigada por la policía y vivió una situación de alta vulnerabilidad que afectó su salud física y mental. El Colectivo fue pensado con la intención de profundizar la reflexión sobre lo que estaba ocurriendo con cada una de las activistas, con sus cuerpos, corazones y mentes, tal y como una de sus integrantes, Rogéria Peixinho, explica:

Mirando a “nuestro mundo”, percibimos que muchas de nosotras, tras años viviendo y trabajando como activistas, nos sentimos exhaustas, desilusionadas, no conectadas, sin saber el significado de todo esto, en fin, ¡cansadas! Algunas de nosotras ya decidieron dejar los espacios donde estábamos actuando, otras enfermaron, algunas ya dijeron “no tengo nada más para dar, necesito cuidar de mí misma para ser capaz de continuar nuestra lucha feminista y antirracista”, y otras no encontraron formas de fortalecerse. Estas historias que ya oímos de muchas activistas/feministas con las cuales compartimos espacios de organización y articulación del movimiento nos ponen en jaque. Son cuestiones que han incomodado, desacomodado y convocado varias activistas del movimiento de mujeres y feministas a cambios, ¡tanto desde el punto de vista personal como de la militancia!77. Documentos internos. Colectivo Feminista de Autocuidado y Cuidado entre Activistas (2014).

La psicóloga Maria Lucia da Silva,88. En el evento Diálogo Mujeres en Movimiento: Derechos y Nuevos Rumbos, en la ciudad de Rio de Janeiro, en 2017 realizado por el Fundo Social Elas (Fondo Social Ellas). del Instituto AMMA Psique e Negritude, reflexionó sobre los temas de autocuidado y seguridad, afirmando que ambos están directamente relacionados e involucran pensamientos y acciones ligados a la sanación. En este contexto, la activista abordó el tema mencionado de como el movimiento feminista debe enfrentar el racismo en la perspectiva del cuidado y seguridad:

Como hablamos de un movimiento que es diverso, para que el tema del cuidado y la seguridad de las activistas ganen efectividad, es necesario comprender que el racismo no es un tema solamente de las mujeres negras e indígenas, y que enfrentarse al racismo implica renunciar a los privilegios preservados por el racismo. Solo así podemos trabajar, de hecho, como colectivo.

Acorde con la afirmación de Anna Haddad99. Helena Bertho, “Autocuidado: A Próxima Fronteira do Feminismo (E Que Deveria Ser Estendida A Todas As Mulheres).” Marie Claire, 30 de diciembre de 2018, visitado el 21 de julio de 2020, https://revistamarieclaire.globo.com/Comportamento/noticia/2018/12/autocuidado-proxima-fronteira-do-feminismo-e-que-deveria-ser-estendida-todas-mulheres.html. sobre el crecimiento del interés por el tema del autocuidado, relacionado al momento de crisis política en el país, la periodista Helena Bertho produjo un artículo en que relata sus conversaciones con activistas que han actuado en torno al tema, a fin de comprender por qué la palabra “autocuidado” se ha vuelto tan urgente entre las mujeres negras y activistas feministas en el país.1010. Íbid. Ella identifica que la exigencia de las activistas por el autocuidado es un requisito para la continuación del enfrentamiento en las luchas dado el contexto político actual, que se configura cada vez menos tolerante y más extremista.

Al relacionar el tema del cuidado y autocuidado con la salud podemos afirmar que no se trata de un asunto nuevo en el movimiento feminista y de mujeres negras. El compromiso con la vida, a cuenta de los daños causados por la esclavitud, debido a las diferencias culturales de la diáspora, la violencia sexual, la violencia psicológica y física y la pérdida de los hijos, situaciones hasta ahora vividas por las mujeres negras en nuestro país, siempre fueron objeto de atención del movimiento de las mujeres negras. La médica y activista Jurema Werneck1111. Jurema Werneck, Maisa Mendonça y Evelyn C. White, orgs., O Livro da Saúde das Mulheres Negras: Nossos Passos Vêm de Longe (Rio de Janeiro: Pallas, Criola, 2000). subraya la necesidad de que las mujeres negras hablen sobre la salud desde la óptica del autocuidado:

Salud aquí es más que un pretexto. Es un lugar privilegiado de explicitación de lo que somos. Para nosotras, salud va más allá de la oposición a la enfermedad y se acerca al concepto de bienestar general, físico, mental y psicosocial, definido por la Organización Mundial de la Salud. En un paso adelante, proponemos una definición de salud que incluya la búsqueda de un equilibrio dinámico con la vida y sus elementos, seres vivos y muertos, humanos, animales, plantas, minerales. Y esa búsqueda se traduce en una responsabilidad individual y colectiva. Responsabilidad que puede ser vista también como poder de realización, como pueden significar los términos axé (del iourba) y muntu (del banto)… discusiones sobre enfermedades y desequilibrios que nos afectan; y nuestra capacidad de actuar y transformar.

Hablar sobre la propia voz ha sido un instrumento de cuidado para las mujeres negras hace años. Mirarse, observarse y admirarse de sí mismas es constructo del cuidado individual y colectivo.

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Conclusión

Se ha de tener en cuenta que los conceptos “defensoras y defensores de derechos humanos” no son universales en su significado. Una lideresa comunitaria que lucha por los derechos de las mujeres y sufre persecución también es una “defensora de derecho humanos”.
La distancia que separa las amenazas, e incluso la ejecución, sufridas por personas con perfiles públicos de aquellas enfrentadas por activistas que están cotidianamente luchando por el cambio social puede crear una funcionalidad torcida en la concepción y aplicación de programas de protección de defensoras y defensores. Esto puede ocurrir en caso de privilegiar un perfil de activistas (hombre, figura pública) y volver invisibles otros perfiles (mujeres, negras, indígenas, jóvenes) y su actuación cotidiana.

Como elemento central de esta conclusión, hacemos un llamamiento a la necesidad de profundizar nuestra reflexión sobre el desarrollo de mecanismos de protección que respondan a la manera en que las desigualdades de género y raza operan para impedir que las mujeres reivindiquen sus derechos humanos, vivan libres de violencia y participen plenamente de los procesos democráticos. Por eso, entendemos que la existencia de la Red de Mujeres Defensoras es la principal estrategia para impulsar acciones de protección, seguridad y autocuidado para las mujeres activistas en Brasil, pues es solo en esos espacios que las luchas colectivas se fortalecen.

Así, las organizaciones, fundaciones, institutos e individuos que apoyan a defensoras y defensores de derechos humanos necesitan comprometerse con las luchas políticas de esos segmentos y considerar los aspectos específicos que marcan cada contexto social, como sus particularidades regionales y territoriales, raza y género, etnias y acceso a recursos públicos de justicia y seguridad.

Simone Cruz - Brasil

Simone Cruz es psicóloga, con maestría en Salud Colectiva, integrante de la Asociación Cultural de Mujeres Negras, Rio Grande do Sul, y de la Articulación de Organizaciones de Mujeres Negras Brasileñas (AMNB). Es una de las fundadoras del Colectivo Feminista de Autocuidado e integrante de la Junta Directiva del Fondo de Acción Urgente para América Latina.

Recibido en Junio de 2020.

Original en portugués.
Traducido por Sebastián Porrúa.

Jelena Dordevic - Serbia/Brasil

Jelena Dordevic es activista feminista. Natural de Serbia, vive en Brasil hace 8 años, asesorando a diversas organizaciones feministas  y de derechos humanos. Tiene una maestría en Estudios sobre Migración por la Universidad de Sussex, en Inglaterra. Es una de las fundadoras del Colectivo Feminista de Autocuidado. Trabajó en la prevención de la violencia contra las mujeres y el tráfico de mujeres en la región de los Balcanes. Es coautora del libro “¿Qué sentido tiene la revolución si no podemos bailar?” (Fondo de Acción Urgente por los Derechos Humanos de las Mujeres, 2007). Integró el Consejo Director del Fondo de Acción Urgente por los Derechos Humanos de las Mujeres. En los últimos 12 años ha trabajado para mejorar la práctica del autocuidado y la protección de defensoras y defensores de derechos humanos de todo el mundo.

Recibido en Junio de 2020.

Original en portugués.
Traducido por Sebastián Porrúa.