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“El cuerpo es la fuente donde se localizan todas las luchas”

Sibongile Ndashe

Para la abogada sudafricana, la cuestión de la sexualidad lleva implícitas las múltiples facetas de los sistemas de opresión

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Por Luiza Bodenmüller

¿Por dónde empieza la lucha por los derechos de las mujeres? Algunos dicen que es necesario tomar las calles, otros, emprender un combate más activo contra las normas sociales. Para la activista sudafricana Sibongile Ndashe, tales alternativas no son excluyentes, pero la lucha comienza con la apropiación del propio cuerpo; los derechos sexuales son centrales en el camino que lleva a otros derechos. En el cuerpo, se manifiestan tanto las opresiones como también las libertades conquistadas por la lucha. La identidad de género, la orientación sexual, los derechos civiles: todo pasa por el cuerpo. Pero hasta Sibongile llegar a esta conclusión, pasaron muchas cosas.

A pesar de identificarse como feminista desde que su memoria se lo permite, Sibongile destaca una actividad escolar durante la secundaria como punto de inflexión. Un debate sobre el tema “El cambio en el papel social de la mujer en la actualidad” hizo que comenzara a preguntarse sobre el papel femenino, teniendo como punto de partida la propia escuela. “Fue allí que comencé a cuestionar lo que aceptaba como normal en la sociedad, en la escuela, en la familia y en todas partes, con preguntas simples como: ¿Por qué solo las niñas aprenden a bordar? ¿Por qué los niños en cambio están construyendo cosas?”, recuerda.

Este descubrimiento agudizó la mirada de la joven, que pasó a prestar más atención a los lugares que las mujeres ocupaban en la sociedad. Fue al final de la década de 1980 cuando Sibongile se dio cuenta de que las mujeres conseguían asumir papeles de liderazgo, en un tiempo en que eso todavía causaba cierta extrañeza. Los ejemplos de Margaret Thatcher – aun cuando más tarde se diera cuenta que no concordaba con sus políticas –  y de Ntfombi (reina regente de Suazilandia que asumió el poder tras la muerte de su marido) le mostraron a Sibongile que las mujeres podían ser “tan brutales, tan eficientes y tan combativas como cualquier hombre” en posiciones de poder. “Fue entonces que me di cuenta de que algo estaba mal en la manera en que nuestra sociedad estaba configurada y en la forma en que se perfilaban los papeles de género”, explica.

A los 16 años, Sibongile entró en la facultad de Derecho, donde experimentó una inmersión en el universo de producción de conocimiento sobre la lucha por los derechos de las mujeres. Desde el inicio del curso, se involucró con grupos ligados a la defensa de los derechos humanos y no tardó en dedicarse de manera más intensa a las temáticas dedicadas a las mujeres. “Yo sabía que era feminista, pero no creía que mi vida iba a estar caracterizada por trabajar con el feminismo”, afirma. Entonces Sibongile pasó a trabajar en organizaciones que actuaban con litigio constitucional dirigido a garantizar los derechos de las mujeres.

La experiencia acumulada a lo largo de los años le permitió a Sibongile discernir deficiencias en la manera como se litigan los derechos de las mujeres, lo que acabó siendo el foco de su trabajo. Fue en ese contexto que, en 2014, fundó la ISLA – Initiative for Strategic Litigation in Africa (Iniciativa para el Litigio Estratégico en África), una red panafricana que busca capacitar a abogados y activistas para constituir jurisprudencia con foco en los derechos sexuales de las mujeres. “La ISLA surgió a partir del reconocimiento de que había un déficit de habilidades y de que habían pocas instituciones que actuasen con litigio estratégico específicamente sobre los derechos de las mujeres. Me di cuenta de eso al analizar la jurisprudencia y notar que los derechos de las mujeres no eran caracterizados como tales [en la legislación]”, explica.

Desde entonces, la ISLA pasó a actuar en diversos países africanos con el objetivo de identificar brechas legales que perjudican el acceso de las mujeres a diferentes derechos e intentar subsanarlas mediante el litigio estratégico. En este momento, por ejemplo, cuenta Sibongile, la organización está liderando un proceso, junto a otras organizaciones de mujeres de todo el continente, para solicitar al Tribunal Africano por los Derechos Humanos y de los Pueblos que aclare las obligaciones de los Estados en relación al proceso de regristro de matrimonio. En algunos países, para que el matrimonio sea reconocido, es necesario que esté registrado. Por eso, muchas mujeres que pasan por el proceso de divorcio o por la pérdida del cónyuge no consiguen garantizar sus derechos, como al mantenimiento de la vivienda, debido a la falta de registro documental del matrimonio. “La ley no siempre está bien hecha. Nuestro trabajo es garantizar que la ley sea justa, que promueva la justicia”, defiende la abogada.

La experiencia de haber actuado en el continente africano contribuyó para que Sibongile entendiese que el movimiento feminista no es homogéneo y que hay diferentes cuestiones y distintos tipos de lucha por los derechos. Ella se da cuenta de que hay un aumento significativo de la participación de las mujeres en el movimiento, especialmente por parte de las más jóvenes. “Ahora que tenemos personas en el poder y en el gobierno diciendo cosas tan terribles sobre las mujeres, sobre los derechos de las mujeres, se vuelve importante tener una nueva narrativa que hable de desafiar y transformar la situación actual y recuperar lo que nos pertenece por ser mujeres, por ser ciudadanas”, afirma. Sibongile también hace una autocrítica al movimiento feminista de su época, en su país natal, Sudáfrica. Según ella, hace 20 años las activistas creían que, después que el Parlamento post apartheid aprobara algunas leyes, el sistema trabajaría a favor de la causa feminista, que habría buena voluntad por parte del gobierno para implementar las leyes por las cuales ellas lucharon tanto, lo que de hecho no ocurrió.

Sibongile defiende que la lucha por los derechos de las mujeres sea vista desde una perspectiva más amplia, que pasa, necesariamente, por la defensa de los derechos sexuales. “El cuerpo es la fuente donde están localizadas todas las luchas”, resume. Para ella, la cuestión de la sexualidad es central, pues comporta las múltiples facetas de sistemas de opresión que se complementan. Es en el cuerpo que se expresa la fuerza de las normas y convenciones sociales, del racismo y de las presiones que la mujer sufre para ocupar y desempeñar diferentes papeles. La abogada argumenta que las mujeres que desafían tales normas y papeles son tenidas como transgresoras, pero que, en verdad, solo buscan la coherencia al defender derechos y ocupar espacios que están en sintonía con su propio propósito de vida.

Curiosamente, buena parte de la inspiración y apoyo al comienzo de su carrera vino de una figura patriarcal: su propio padre, fallecido en 2012. “Mi padre no era convencional. Era rebelde y me hizo cuestionar y plantarle cara a las cosas”, explica. “Mi padre creía que mi feminismo debía ser apoyado. Así, cuando estaba dando una entrevista para la radio, él llamaba a las personas y decía ‘tienes que oír lo que ella tiene para decir’”, complementa. Aun así, afirma, él estaba “cómodo en su propio papel de género, como patriarca de la casa”.

Para Sibongile, las luchas de la agenda feminista son interseccionales y no deben quedar limitadas al combate al patriarcado. En su opinión, fenómenos como la militarización, el racismo y sistemas como el capitalismo actúan de forma opresiva y perpetuán la desigualdad, y la perpetuación de esos modelos contribuye directamente a la invisibilidad y marginalización de las mujeres. Aun así, Sibongile es optimista y cree en el derecho como herramienta de transformación social. Desde que se reconoció a sí misma como feminista, todo su trabajo ha sido encaminado a promover los derechos de las mujeres y luchar por una sociedad en que ellas tengan su espacio garantizado. Si la revolución femenina comienza por la comprensión de que el cuerpo es el inicio de todas las luchas, Sibongile se entrega y asume la responsabilidad en el enfrentamiento y transformación de los sistemas que oprimen a las mujeres en África.

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