
“Nuevos instrumentos políticos aún no probados pueden revitalizar nuestra razón deseante, nuestra felicidad guerrera y nuestra capacidad de reencantar el mundo mediante la convocatoria y movilización ciudadana de las fuerzas vivas de la sociedad.”
El siguiente texto es la transcripción de un discurso pronunciado por la reconocida activista e intelectual brasileña Sueli Carneiro durante la mesa inaugural del 17º Coloquio Internacional de Derechos Humanos organizado por Conectas en São Paulo en noviembre de 2024. En ese momento, faltaban pocos días para las elecciones que iban a garantizar la reelección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, un hecho que aceleraría los procesos sociales y políticos descritos por Carneiro.
En su discurso, Sueli reivindica la alegría y el deseo como fuerzas movilizadoras contra los afectos de la tristeza: el miedo y el odio. También sitúa históricamente la lucha por los derechos humanos, nacida de la tensión permanente entre las fuerzas de opresión y los movimientos de liberación, y llama no solo a la resistencia, sino a la “profunda revalorización de los principios que sustentan una sociedad justa”. “Hay que empezar de nuevo, rescatando sueños y utopías. Recordar cómo luchamos en otros tiempos oscuros. Recordar que ya hemos vencido otros tiempos oscuros”.
Camila Asano • Sueli Carneiro es fundadora de Geledés, Instituto de la Mujer Negra, creado en 1988. Sueli, junto a otros activistas, creó una organización que denuncia las desventajas y discriminaciones vividas por las mujeres negras en Brasil debido al racismo y al sexismo. Sueli es doctora en Educación por la Universidad de São Paulo y se convirtió en activista y teórica de la cuestión racial y de género. A lo largo de su trayectoria, publicó la obra Racismo, Sexismo e Desigualdade no Brasil,11. Sueli Carneiro, Racismo, sexismo e desigualdade no Brasil (São Paulo: Selo Negro, 2011). en la que analiza los principales avances y retos para superar las desigualdades causadas por la discriminación racial. También fue columnista del Correio Braziliense, un importante medio de comunicación brasileño, y miembro del Consejo Nacional de Derechos de la Mujer, donde su participación contribuyó a dar visibilidad a las cuestiones raciales y de género a nivel nacional.
En Geledés, Sueli lideró iniciativas como S.O.S. Racismo, que obtuvo reconocimiento internacional y homenajes del gobierno francés, además de proyectos de impacto social, como el Portal Geledés y el Proyecto Rappers. Iniciada en el candomblé como hija de Ogum [persona regida espiritualmente por ese orisha] y ekedi [cuidadora, guardiana] de Iansã, Sueli encontró en la religiosidad de matriz africana una fuente de fuerza y conexión con sus ancestros, lo que la inspiró a investigar una matriz de pensamiento afrobrasileño. Fue la primera mujer negra en recibir el título de Doctora Honoris Causa por la Universidad de Brasilia. Hoy en día, es una de las coordinadoras de Geledés y participa en los consejos de varias organizaciones. Tenemos el gran –honor de contar con Sueli como miembro del consejo de Conectas. Te paso la palabra, Sueli Carneiro.
Sueli Carneiro • Buenos días a todas, todos y todes. Le dije a Camila que dejase eso de dilatar el currículo para dar legitimidad. Da la impresión de que, para dar legitimidad a las personas, es necesario hacer una descripción exhaustiva. Yo soy activista, una feminista antirracista y coordinadora ejecutiva de Geledés – Instituto de la Mujer Negra. Ese es un deber que asumo con gran honor. Es una alegría estar presente en la inauguración de este 17º Coloquio Internacional de Derechos Humanos. Echábamos de menos este espacio, y quizá nunca haya sido tan necesario como ahora, ante las extraordinarias amenazas que acechan a la humanidad en este momento. Voy a reiterar algunas cosas que ya han dicho Camila y el profesor Aldo Fornazieri, de la Fundación Escuela de Sociología y Política de São Paulo (FESPSP).
Es inevitable reiterar los retos a los que nos enfrentamos en este momento, y no podemos dejar de destacar la escalada del conflicto en Oriente Medio, que se extiende más allá del conflicto entre Israel y el territorio de Palestina y su pueblo, y alcanza al Líbano, Irán e Irak, aumentado el drama al que nos enfrentamos. Tenemos la guerra entre Ucrania y Rusia, que se agrava con la idea de que Corea del Norte pueda ser un socio estratégico de Vladimir Putin en esta escalada. Las inusuales cuestiones regionales de América Latina, como la novedad del tenso diálogo entre Brasil y Venezuela, y lo peor de todo, la amenaza de la posible reelección de Donald Trump.
Estos son algunos de los hechos, sin mencionar todos los conflictos armados que están ocurriendo permanentemente en el continente africano. Todas estas situaciones colocan al mundo en una completa incertidumbre sobre el futuro de la humanidad y del planeta, bajo los auspicios del conservadurismo, los fundamentalismos religiosos y el supremacismo racial fascista.
El horizonte que se nos avecina es de múltiples holocaustos. Y, tal vez, un tercer conflicto mundial de proporciones destructivas nunca vistas antes que exigirá una resistencia y resiliencia incansables por parte de las fuerzas progresistas del mundo. A nivel nacional, nuestros conflictos y desafíos están en sintonía con los señalados a nivel internacional, con los agravantes inherentes a nuestro violento proceso histórico.
Tenemos las ideologías del odio y la intolerancia que incrementan todo tipo de violencia contra los grupos históricamente oprimidos, como el genocidio de jóvenes negros y pueblos indígenas, los feminicidios, la LGBTfobia, la violencia política, las facciones criminales —ahora articuladas internacionalmente, disputándose la hegemonía del tráfico de drogas—. También tenemos la acción depredadora sobre el medio ambiente, en especial las minerías, que degradan la tierra y envenenan las aguas de los territorios de los pueblos tradicionales, como los indígenas y los quilombolas, en una acción concreta de lo que llamamos racismo ambiental.
Organizado desde 2001 por Conectas, el Coloquio Internacional de Derechos Humanos tiene como objetivo promover la integración y el intercambio entre defensores y defensoras de los derechos humanos del Sur Global mediante el intercambio de conocimientos, experiencias y estrategias que permitan avanzar en la agenda de derechos humanos. Considero que entre los debates y objetivos que nos propone este Coloquio se encuentra la urgencia y la oportunidad de organizar la resistencia de la sociedad civil a nivel mundial ante la ascensión de la organización de la extrema derecha en Brasil y en el mundo.
Como nos muestra el programa del Coloquio, esta perspectiva intolerante propagada por gobiernos ultraconservadores y autoritarios en tantos territorios se ha popularizado y no ha encontrado una resistencia y una oposición a la altura de sus fuerzas. Ante este escenario, soy de los que entienden que Conectas, por la legitimidad y credibilidad que ha ganado como expresión de la sociedad civil a nivel global, ocupa una posición única en el contexto nacional e internacional para orquestar un esfuerzo de movilización y organización de diferentes fuerzas políticas del campo progresista de la sociedad civil mundial en defensa de la democracia, los derechos humanos y la justicia social. Sé que les horroriza oír esto, pero es necesario. A lo largo de sus 23 años, Conectas ha celebrado 16 ediciones del Coloquio de Derechos Humanos, con la participación de cerca de 90 países. Es, por lo tanto, una mini ONU de la sociedad civil global, lo que le confiere una gran responsabilidad para contribuir a la resistencia civil frente al asalto de las fuerzas reaccionarias sobre los valores y principios civilizadores que las defensoras y defensores de los derechos humanos de todo el mundo han ido incorporando al lenguaje y a la praxis de la defensa de los derechos humanos.
El repertorio de los derechos humanos ha sido reforzado y redefinido por el campo progresista para reconocer e incluir en su ideario las múltiples identidades que conforman la humanidad y que reclaman legítimamente reconocimiento o nuevos derechos. Como afirma Oscar Vilhena, la gramática de los derechos humanos,22. Oscar Vilhena Vieira, “A gramática dos direitos humanos”, Boletim Científico, no. 4, julio/septiembre de 2022, acceso en 4 de septiembre de 2025, https://www.academia.edu/download/59384981/A_gramatica_dos_direitos_humanos20190524-27592-8b666r.pdf. constituida a partir de las revoluciones liberales del siglo XVIII, situó al ser humano como ente dotado de valor moral en el centro del sistema político y social. Las instituciones dedicadas a la conjugación de esta gramática se han ido perfeccionando desde entonces. Paradójicamente, a pesar de todo el esfuerzo por construir este patrimonio emancipador, nos enfrentamos a un escenario temerario que reclama nuestra resistencia enérgica ante un mundo cada vez más dirigido por el odio, que es el arma de guerra de las fuerzas reaccionarias actuales, que debe combatirse con más principios y valores democráticos, más respeto y reconocimiento de la dignidad de todas las personas, más justicia, más derechos, más deber, más amor y más esperanza.
En tiempos de urgencia, de reencantamiento del mundo, me valgo de las palabras de la filósofa Marilena Chaui, para quien, en nuestro campo político, no tenemos derecho a no trabajar con esperanza. Tenemos la obligación política, ética e intelectual de descubrir las posibilidades del futuro. Citando a Baruch Spinoza, Chaui argumenta que somos seres esencialmente afectivos, que sentimos lo que ocurre en nuestro cuerpo, en la relación de nuestro cuerpo con los otros cuerpos y en nuestra relación con los demás. Somos sentimientos. Nuestro pensamiento es un tipo de sentimiento. Según Spinoza, por lo tanto, somos un deseo racional o una razón deseante, dice Marilena Chaui. En este sentido, para él, pensar es un deseo, es un afecto, y existirían tres afectos que están en el origen de todos los demás y de todo lo que somos. Son la alegría, la tristeza y el deseo.33. Marilena Chaui, “O Brasil precisa da vitória do Lula”, entrevista con Pedro Camarão e Alberto Cantalice, Focus Brasil, 19 de septiembre de 2021, acceso en 4 de septiembre de 2025, https://fpabramo.org.br/focusbrasil/2021/09/19/entrevista-marilena-chaui-o-brasil-precisa-da-vitoria-do-lula/.
La alegría es aumentar la capacidad de existir y de que los demás también existan. Es aumentar la potencia de nuestro ser. Los afectos de alegría aumentan la potencia de nuestra existencia, de nuestro ser y de quienes nos rodean. Los afectos de tristeza hacen exactamente lo contrario.
La tristeza disminuye nuestro potencial existencial, nuestro potencial para sentir, nuestro potencial para pensar y el de los demás. Y el deseo es lo que nos lleva a hacer algo. Entre los afectos de la alegría, Spinoza coloca el amor y la esperanza. Y entre los afectos de la tristeza, coloca el odio y el miedo. El miedo y la esperanza se oponen, como se oponen el amor y el odio. Y esta oposición es entre lo que hace crecer nuestra fuerza vital, nuestra fuerza de pensamiento, la capacidad transformadora de nuestro deseo, y lo que lo mata de raíz. Entonces, entre el miedo y la esperanza, dice la filósofa, yo elijo la esperanza.
Por lo tanto, es en esta disputa en la que nos encontramos: una disputa en la que el odio parece querer arraigarse en cada grieta, alimentado por ideologías extremas, buscando dividir, someter y destruir, creando un ambiente en el que impera el miedo y la desconfianza es la norma. Pero es precisamente en estos momentos, en los que las sombras de la intolerancia se vuelven más espesas, cuando la luz de los principios democráticos, del respeto y de la dignidad humana debe brillar con más intensidad.
La historia de la humanidad está marcada por luchas entre fuerzas opresoras y movimientos de liberación. Siempre que la humanidad se ha visto al borde del abismo, ha sido la unión de individuos comprometidos con valores más elevados lo que ha traído renovación y esperanza. Por eso, la lucha contra el odio requiere no solo resistencia, sino una profunda revalorización de los principios que sustentan una sociedad justa. Principios como la igualdad, la libertad, la solidaridad y el respeto por la diversidad deben ser defendidos con vigor.
El primer paso en este proceso es el reconocimiento de la dignidad innata de todos los seres humanos, independientemente de su color, origen, creencia o identidad de género. Cada persona tiene un valor intrínseco que no se puede negar. Este es un concepto que debe trascender las declaraciones formales e incorporarse a las acciones del día a día, a los sistemas educativos y a las políticas públicas.
Cuando una sociedad se compromete con la dignidad de cada ser humano, construye cimientos sólidos contra el odio, ya que es en la aceptación del otro ser y en el reconocimiento de su humanidad donde nacen la empatía y la solidaridad. Sin embargo, los principios y los ideales por sí solos no bastan. Deben ir acompañados de la construcción de una justicia real y concreta. Esto significa luchar por más derechos para garantizar una vida digna para todas las personas, pero también por deberes que refuercen la responsabilidad colectiva.
Una sociedad justa es aquella en la que los derechos y los deberes coexisten en armonía, donde el derecho a vivir en libertad va acompañado del compromiso de respetar la libertad del prójimo. La justicia no consiste solo en castigar el mal, sino en prevenir sus causas ofreciendo igualdad de oportunidades y combatiendo las desigualdades estructurales. Paralelamente, es necesario cultivar más amor y esperanza.
El amor, entendido aquí como un principio activo, que impulsa a las personas a luchar por un mundo mejor, es lo que inspira a alguien a tender la mano al otro, a levantarse contra las injusticias y a dedicarse al bien común. El amor es valiente porque desafía la corriente del odio y, así, se convierte en una acción revolucionaria que desarma ideologías opresivas y reaccionarias.
La esperanza, por su parte, no es una expectativa pasiva de días mejores, sino una determinación activa de construir esos días. La esperanza exige trabajo, perseverancia y fe en el poder transformador de las acciones humanas. Es lo que permite a las personas seguir luchando, incluso cuando las circunstancias parecen desfavorables. Mantener viva la esperanza es, en sí mismo, un acto de resistencia contra el desánimo que el odio y la opresión quieren instalar en nosotras/os.
La resistencia al odio y la defensa de la dignidad humana exigen una revisión de nuestros valores y la práctica diaria de la empatía. Y el ejercicio de la empatía no es solo la capacidad de ponerse en el lugar del otro, sino de sentir el dolor ajeno como propio y actuar para aliviarlo.
La empatía es la antítesis de la indiferencia. En un mundo cada vez más gobernado por el odio, la indiferencia es una forma de complicidad. Por lo tanto, necesitamos una nueva forma de educar que enseñe a valorar no solo el éxito individual, sino también la cooperación y la solidaridad. Necesitamos líderes que, en lugar de avivar las divisiones, promuevan la unión y la justicia. Necesitamos sistemas que traten con igualdad y reconozcan las complejidades del ser humano en un mundo diversificado.
La democracia es la única forma de gobierno que realmente permite la coexistencia pacífica de las diferencias y la libre expresión de las ideas. Sin embargo, debe ser más que un acuerdo político; debe ser un estilo de vida, un compromiso continuo con la participación, la transparencia y la inclusión. Cuando la democracia cobra vida en cada acción colectiva, en cada decisión individual, se convierte en la protección más eficaz contra todas las formas de autoritarismo e intolerancia. Esta transformación pasa por reconocer que la lucha contra el odio no es solo un enfrentamiento con ideologías externas, sino un proceso interno en cada persona. Es necesario reconocer y desmantelar los prejuicios que cada uno de nosotros lleva consigo, porque solo así seremos capaces de construir comunidades verdaderamente inclusivas.
El cambio comienza cuando abandonamos la comodidad de nuestras burbujas para escuchar y aprender de los demás, especialmente de aquellos que han tenido experiencias diferentes a las nuestras. El futuro que queremos solo se puede lograr con más justicia, más derechos y deberes, más amor y más esperanza. El amor, en su forma más pura, es inclusivo.
La esperanza, en su estado más vibrante, es colectiva. Y es a través de la unión de estos elementos que podemos crear un mundo donde la dignidad no sea la excepción, sino la regla. Por eso, resistir al odio significa promover continuamente una cultura de paz, diálogo y compromiso con los principios democráticos. No hay antídoto más fuerte contra el autoritarismo que una sociedad unida por valores comunes de respeto y reconocimiento mutuo. Juntas y juntos, podemos construir un mundo en el que el odio ya no tenga cabida y en el que la esperanza abra el camino para las próximas generaciones.
Para ello, ante este momento tan dramático, es necesario empezar de nuevo, rescatando sueños y utopías. Recordar cómo luchamos en otros tiempos oscuros. Recordar que ya hemos vencido otros tiempos oscuros para recuperar la fe y la esperanza en nuestras luchas. Tenemos que volver a disputar los corazones y las mentes. Tenemos que reeducar. Tenemos que reeducar para y por los derechos humanos. Tenemos que recuperar los valores civilizatorios que se aúnan en torno a los derechos humanos. Tenemos cuatro generaciones de derechos humanos con las que confrontar todo lo que hay ahí fuera. Tenemos un conjunto sustantivo de nociones, principios y valores que orientan las luchas progresistas. Libertad, igualdad, diversidad, solidaridad y participación son nociones con las que calificamos la democracia sustantiva capaz de hacer realidad los sueños emancipadores. Hay que luchar por la laicidad del Estado, por las libertades democráticas, por el debido proceso legal, por el Estado democrático de derecho, y eso significa luchas por los derechos humanos de todas, todos y todes. Ya derrotamos antes las ideologías discrecionales, reaccionarias y fascistas.
La Segunda Guerra Mundial se desarrolló en gran medida sobre la base de esos valores que están en auge en este momento, y que fuimos capaces de derrotar en aquel otro momento. La lucha que libramos contra ellos dio lugar a gran parte de los contenidos que constituyen la noción contemporánea de los derechos humanos. No podemos desanimarnos, no tenemos derecho a hacerlo y no tenemos otra salida que resistir y luchar. Creo que mi generación aún tiene la deuda de transmitir esta memoria libertaria y emancipadora acumulada en más de medio siglo de lucha por los derechos humanos. Necesitamos entregaros todo esto a vosotros, jóvenes, para facilitar el camino a las nuevas generaciones, porque, sin memoria, no es posible tener un proyecto para el futuro.
Tenemos que actualizar las tecnologías sociales de la educación popular, de la formación de nuevos sujetos políticos, del uso de los medios alternativos y digitales para disputar narrativas con estas ideologías conservadoras en ascenso. Tenemos que rescatar y re-significar el espacio público, no solo como espacio de manifestación, sino, sobre todo, como espacio de formación de la ciudadanía y de afirmación ciudadana. Por lo tanto, el ataque a las humanidades, en especial a la filosofía y la sociología, tan en boga en Brasil, debe responderse con más filosofía, más sociología. Las calles y las plazas deben convertirse en las nuevas cátedras para filósofas/os, sociólogas/os y humanistas en general, en respuesta a la descalificación y/o eliminación de estas disciplinas.
La coyuntura nos llama a luchar por la verdad histórica, en clara oposición a los revisionismos que ellos quieren llevar a cabo, en los que la propia esclavización en Brasil corre el riesgo de desaparecer de la historia, al igual que la Ley Aurea,44. Ley de 1888 que decretó el fin de la esclavización en Brasil que pretenden abolir, y la dictadura militar y sus víctimas. Estamos llamados a luchar contra el racismo ambiental que determina la violencia contra los pueblos originarios, los quilombolas, las poblaciones ribereñas, por las disputas por las tierras y territorios de poblaciones que se consideran desechables.
Estamos condenados a la resistencia y, para nosotros, especialmente para las mujeres y los hombres negros, el duelo es un verbo. Como dijo Veridiana Zurita, contra la muerte, solo la vida en lucha y la alegría de la movilización común. Pensando en esta edición del Coloquio y en los retos en los que estamos inmersos para contrarrestar la cultura del odio instaurada y para reencantar nuestra agenda y nuestros instrumentos políticos, y los nuevos instrumentos políticos que estos retos requieren, me acordé de un artículo de Fábio Konder Comparato, de hace 20 años, que tiene el sugerente título “Organizar el contrapoder popular”.55. Fábio Konder Comparato, “Organizar o Contrapoder Popular”, Folha de S.Paulo, 22 de febrero de 2004, acceso en 20 de mayo de 2025, https://www1.folha.uol.com.br/fsp/opiniao/fz2202200408.htm. El sugerente título que le da es para hacer frente a lo que, ya en aquella época, hace 20 años, él llamaba “la ruina moral” que prosperaba en la sociedad y en las instancias políticas, y a la indiferencia y el escepticismo que esta ruina moral provocaba.
Este artículo, que describiré más adelante, se vuelve aún más potente cuando lo comparamos con el último artículo de Oscar Vilhena en el diario Folha de S.Paulo, titulado “La lucha contra el crimen organizado es una cuestión de Estado”,66. Oscar Vilhena, “Combate ao crime organizado é questão de Estado”, Folha de S.Paulo, 1 de noviembre de 2024, acceso en 20 de mayo de 2025, https://www1.folha.uol.com.br/colunas/oscarvilhenavieira/2024/11/combate-ao-crime-organizado-e-questao-de-estado.shtml. en el que Vilhena describe el creciente proceso de apropiación del Estado por parte de milicias y facciones del crimen organizado. Vilhena nos alerta de que lo más preocupante en este momento ha sido el avance del crimen organizado sobre la política partidista, el poder legislativo, los gobiernos y las policías, e incluso sobre la justicia. Según él, “es fundamental que se tomen medidas urgentes antes de que este proceso de captura del Estado se vuelva irreversible”.77. Vilhena, “Combate ao crime organizado é questão de Estado”. Ante este panorama aterrador, cobra sentido la propuesta de Konder Comparato de constituir un sistema organizado de agentes de la política que actúen con el pueblo como instrumento de contrapoder frente a los órganos del Estado. Comparato concluye esta reflexión con la idea de crear un consorcio de organizaciones no gubernamentales dedicadas exclusivamente a la tarea de actuar como agentes de ese contrapoder popular. El pueblo soberano tendría así a su servicio un instrumento político capaz de fomentar protestas y campañas de opinión pública, así como de utilizar de la mejor manera posible los escasos mecanismos de denuncia y responsabilización de agentes públicos existentes en nuestro sistema jurídico. Acciones populares, acciones civiles públicas, denuncias ante el Ministerio Público por improbidad administrativa o prácticas delictivas en general, denuncias de delitos de responsabilidad.
Este consorcio también podría encargarse de promover iniciativas legislativas populares y presentar a los órganos competentes propuestas de cambio constitucional o de celebración de plebiscitos y referendos. Su actividad se completaría con la celebración anual de un Foro Nacional de la Ciudadanía, en el que se debatirían propuestas concretas de actuación política. En conclusión, Comparato afirma: “Lo que importa, ante todo, es que sepamos luchar contra nuestra vieja enfermedad —la falta de civismo—”.88. Comparato, “Organizar o Contrapoder Popular”. Así, nuevos instrumentos políticos aún no probados pueden revitalizar nuestra razón deseante, nuestra felicidad guerrera y nuestra capacidad de reencantar el mundo mediante la convocatoria y la movilización ciudadana de las fuerzas vivas de la sociedad, en un compromiso cívico por la reafirmación de los valores y principios que guían nuestra lucha por la ciudadanía en lugar del privilegio, por la democracia en lugar del autoritarismo y la arbitrariedad, y por la justicia, por los derechos y el reconocimiento de todas las personas.
Creo que es un reto interesante para los próximos días, pensar en el papel que esta organización puede tener en la movilización, convocatoria y organización de una estrategia como esta. Termino diciendo: soñemos y atrevámonos. Seguiremos con fuerza y honor. Y, como dice el Movimiento Negro Brasileño, haremos Palmares de nuevo. Marielle, presente. Gracias.