Dossier SUR sobre Recursos Naturales y derechos humanos

¿Un nuevo “tercer mundo” en materia de energía en Norte América?** Este artículo es una version actualizada para la Revista Sur originalmente publicado como: Michael Klare, “Tomgram: Michael Klare, Welcome to the New Third World of Energy, the U.S..” Tom Dispatch, 1 de abril de 2012, visitado el 3 de junio de 2017, http://www.tomdispatch.com/archive/175523/michael_klare_a_new_energy-third_world.

Michael T. Klare

Cómo las grandes empresas energéticas planean explotar a los Estados Unidos exactamente del mismo modo en que explotaron a países del Sur Global

Art K.

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RESUMEN

Michael T. Klare examina cómo las grandes empresas de energía están enfocándose cada vez más en los recursos energéticos sin explotar en Norte América, como el petróleo y gas de esquisto. Esto es el resultado, sostiene, de un aumento de las regulaciones y resistencia de los países en el Sur Global, que han sido el foco de las grandes petroleras desde los 1970s pero que recientemente se han vuelto más eficaces a la hora de proteger sus reservas de energía contra la explotación foránea. El autor sostiene que el foco de las grandes petroleras en Norte América conlleva serias amenazas al medio ambiente y los derechos humanos; debido, por ejemplo, a la técnica de la fracturación hidráulica, que puede contaminar el abastecimiento de agua, y los intentos de abrir espacios naturales y costeros antes protegidos a la perforación. El reciente cambio en el gobierno de EE.UU. solo aumenta la probabilidad de que las exigencias de los grandes consorcios de energía sean satisfechas. Todo esto, sostiene el autor, supone un riesgo para los EE.UU. de ser explotados por los grandes consorcios energéticos y la élite política, del mismo modo que lo fueron muchos países en el Sur Global.

Palabras Clave

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La “maldición” de la riqueza en petróleo es un fenómeno bien conocido en los Estados petroleros del Sur Global, donde millones se ven forzados a vivir en la pobreza, una pequeña élite se embolsa los dólares de la energía y la corrupción gobierna el país.22. Para una discusión sobre este fenómeno, ver Michael Ross, The Oil Curse (Princeton: Princeton University Press, 2012). Hace poco, Norte América fue proclamada la “nueva Arabia Saudí” del siglo XXI por sus gigantescas reservas de energía “no convencional”; petróleo en aguas profundas, arenas bituminosas canadienses, petróleo y gas natural obtenidos por fractura hidráulica (fracking).33. Ver por ejemplo, Daniel Yergin, “Oil’s New World Order.” The Washington Post, 28 de octubre de 2011, visitado el 3 de junio de 2017, https://www.washingtonpost.com/opinions/daniel-yergin-for-the-future-of-oil-look-to-the-americas-not-the-middle-east/2011/10/18/gIQAxdDw7L_story.html. Pero hay una pregunta que nadie plantea: ¿llegará un día en que maldición del petróleo sea tan conocida en este continente como consecuencia de una nueva fiebre de energía americana como lo es en África, Latinoamérica y otros lugares del Sur Global? ¿Será Norte América, no solo el nuevo continente para bonanzas energéticas, sino un nuevo “tercer mundo” en materia de energía?

Las grandes empresas petroleras de Estados Unidos (EE.UU.) – Chevron, Exxon, Mobil, y Texaco – comenzaron sus actividades en Norte América, iniciando un boom de petróleo que duró un siglo y convirtió a EE.UU. en el productor de energía más importante del mundo. Pero todas estas compañías hace tiempo que buscan en otros lugares nuevas fuentes de petróleo. Impacientes por escapar de las restricciones ambientales cada vez más severas y los yacimientos petrolíferos moribundos, los gigantes de la energía se sintieron atraídos de modo natural a las zonas productoras económica y ambientalmente abiertas en Oriente Próximo, África y Latinoamérica; lo que se llamaba el tercer mundo, donde los depósitos de petróleo eran abundantes, los gobiernos sumisos, y la normativa ambiental escasa o inexistente.

Esta es la sorpresa energética del siglo XXI: con condiciones operativas cada vez más difíciles en el Sur Global, las grandes empresas están volviendo en manada a Norte América. Sin embargo, para poder explotar reservas previamente ignoradas de la región, las grandes empresas petroleras van a tener que superar una serie de obstáculos normativos y ambientales.

Los observadores atentos están notando ya los primeros signos de la “tercer mundialización” de EE.UU. por parte de la industria del petróleo. Los espacios naturales a los cuales se les prohibía el acceso a las empresas petroleras están siendo abiertos a la explotación de energía y otras limitaciones sobre operaciones de perforación invasivas están siendo desmanteladas. Se espera que, tras la temporada electoral de 2016, se anulen todavía más normas ambientales y se abran más espacios protegidos para el desarrollo energético. En el proceso, como ha ocurrido a menudo con los Estados petroleros en el Sur, los derechos y el bienestar de los ciudadanos serán pisoteados.

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1. Las grandes petroleras miran al Sur

Hasta 1950, EE.UU. era el principal productor de petróleo del mundo; la Arabia Saudí de la época. En ese año, EE.UU. produjo aproximadamente 270 millones de toneladas cúbicas de petróleo, alrededor del 55 % de toda la producción mundial. Pero en pleno auge de la recuperación de la posguerra, el mundo necesitaba muchas más energía mientras que los yacimientos de petróleo estadounidenses más accesibles, aunque todavía capaces de crecimiento, estaban alcanzando sus niveles máximos de producción sostenible. La producción neta de petróleo estadounidense alcanzó un máximo de unos 9,2 millones de barriles por día en 1970 y entonces comenzó a bajar (hasta el auge del esquisto bituminoso en los años 2010s).44. “Annual Energy Review - Table 5.2, Crude Oil Production and Crude Oil Well Productivity, 1954-2011,” U.S. Department of Energy, Energy Information Administration (EIA), 27 de septiembre de 2012, visitado el 3 de junio de 2017, https://www.eia.gov/totalenergy/data/annual/showtext.php?t=ptb0502.

Esto motivó a las grandes empresas de petróleo, que ya habían puesto un pie en Indonesia, Irán, Arabia Saudí y Venezuela, a rastrear el Sur Global en busca de nuevas reservas para explotar; una saga contada con gran entusiasmo por Daniel Yergin en su historia épica de la industria del petróleo, El Premio. Se prestó particular atención a la región del Golfo Pérsico, donde en 1948 un consorcio de empresas estadounidenses – Chevron, Exxon, Mobil, and Texaco – descubrieron el mayor yacimiento de petróleo del mundo; Ghawar, en Arabia Saudí.55. Ver Daniel Yergin, The Prize: The Epic Quest for Oil, Money and Power (New York: Simon and Schuster, 1991). Para 1975, los productores en el Sur Global estaban produciendo el 58 % del suministro mundial de petróleo, mientras que la contribución estadounidense se había reducido al 18%.

Las preocupaciones ambientales también impulsaron esta búsqueda de nuevas reservas en el Sur Global. El 28 de enero de 1969, una explosión en la Plataforma A del yacimiento marino de Union Oil Company en el Canal de Santa Bárbara de California causó un vertido masivo de petróleo que cubrió gran parte de la zona y diezmó la fauna local. Ocurriendo en un momento de creciente concienciación ambiental, el vertido provocó un estallido de indignación pública y ayudó a inspirar la creación del Día de la Tierra, que fue celebrado por primera vez un año después.66. Ver Robert Olney Easton, Black Tide: The Santa Barbara Oil Spill and Its Consequences (New York: Delacorte Press, 1972). También fue importante porque estimuló la aprobación de varias restricciones legislativas de las actividades de perforación, incluyendo la Ley Nacional sobre Políticas Ambientales (NEPA, por sus siglas en inglés), la Ley de Agua Limpia, y la Ley de Agua Potable de 1974. Conforme a la NEPA, el presidente Richard Nixon creó la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) en 1970. Además, el Congreso prohibió nuevas perforaciones en aguas cercanas a las costas atlántica y pacífica y en la zona oriental del Golfo de México, cerca de Florida.

Durante esos años, Washington también expandió las zonas designadas como reservas naturales o silvestres, protegiéndolas de la extracción de recursos. En 1960, por ejemplo, el presidente Eisenhower, creó el Recinto Nacional de Vida Silvestre del Ártico y, en 1980, el Congreso pasó a denominar a esta remota región del noreste de Alaska, el Refugio Nacional de Vida Silvestre (ANWR, por sus siglas en inglés). Desde el descubrimiento de petróleo en la adyacente Bahía de Prudhoe, las empresas de energía han estado clamando por el derecho de perforación en el ANWR, solo para ser bloqueados por un presidente tras otro, o por alguna cámara del Congreso.

En gran medida, la producción en el Sur Global no planteaba tales complicaciones, al menos entonces. El gobierno nigeriano, por ejemplo, hace tiempo que ha recibido de manos abiertas la inversión extranjera en sus yacimientos terrestres y marítimos de petróleo, mostrando que no les preocupa la expoliación de su costa sur, ni siquiera cuando las operaciones de las empresas petroleras provocan enormes desastres ambientales. Como ha descrito la situación resultante Adam Nossiter del New York Times, “El delta del Níger, donde la riqueza [de petróleo] subterránea es totalmente desproporcionada con respecto a la pobreza en la superficie, ha soportado según algunas estimaciones el equivalente al vertido de Exxon Valdez [de marzo de 1989] cada año durante 50 años.”77. Adam Nossiter, “Far From Gulf, a Spill Scourge 5 Decades Old.” The New York Times, 16 de junio de 2010, visitado el 3 de junio de 2017, http://www.nytimes.com/2010/06/17/world/africa/17nigeria.html?mcubz=2&_r=0.

Como ha explicado perfectamente el autor Peter Maass en su libro Crude World (Mundo Crudo), hay una dinámica similar evidente en muchos otros Estados petroleros donde todo está permitido y los funcionarios gubernamentales, recibiendo a menudo sobornos generosos u otros favores de las empresas petroleras, miran habitualmente hacia otro lado. Las empresas, por su parte, no se preocupan por los violaciones de derechos humanos perpetradas por sus gobiernos “socios” extranjeros; muchos de ellos dictaduras, señores de la guerra, o potentados feudales.88. Ver Peter Maass, Crude World: The Violent Twilight of Oil (London: Lane Allen, 2009).

Pero los tiempos cambian. Muchos países del Sur Global se están volviendo más protectores de su medioambiente, cada vez más dispuestos a quedarse mayores tajadas de la riqueza de petróleo de sus propios países y más dispuestos a castigar a las empresas extranjeras que infringen sus leyes. En febrero de 2011, por ejemplo, un juez del pueblo de Lago Agrio en el Amazonas ecuatoriano ordenó a Chevron a pagar 9000 millones de dólares por el daño ambiental causado en la región en los años 1970s por Texaco (que fue adquirida después por Chevron).99. Simon Romero y Clifford Krauss, “Chevron Is Ordered to Pay $9 Billion by Ecuador Judge.” The New York Times, 14 de febrero de 2011, visitado el 3 de junio de 2017, http://www.nytimes.com/2011/02/15/world/americas/15ecuador.html?mcubz=2. Aunque es improbable que los ecuatorianos reciban ni un dólar de Chevron, el caso muestra el clima normativo más severo al que se enfrentan las empresas en el Sur Global. Más recientemente, en un caso provocado por un vertido de petróleo en un yacimiento marino, un juez en Brasil confiscó los pasaportes de 17 empleados de Chevron y de la operadora de la plataforma de perforación Transocean, para evitar que abandonasen el país mientras el vertido estaba siendo investigado.1010. Mayara Vilas Boas, “Brazil Tries to Lay Down the Law With Chevron.” Bloomberg News, 22 de marzo de 2012, visitado el 3 de junio de 2017, https://www.bloomberg.com/view/articles/2012-03-22/brazil-tries-to-lay-down-the-law-with-chevron.

Además, la producción está disminuyendo en algunos de los países del Sur Global como Indonesia y Gabón, mientras que otros han nacionalizado sus yacimientos de petróleo o restringido las zonas donde pueden operar las empresas internacionales. Durante la presidencia de Hugo Chávez, Venezuela forzó a todas las empresas extranjeras a conceder una participación mayoritaria en sus operaciones a la empresa estatal de petróleo, Petróleos de Venezuela S.A. (PdVSA). De modo similar, el gobierno brasileño, bajo el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, estableció una ley para que todas las operaciones de perforación en los nuevos yacimientos del “presal” en el Océano Atlántico, considerados por muchos como el mayor descubrimiento de petróleo del siglo veintiuno, fuesen gestionadas por la empresa con control estatal, Petróleo de Brasil (Petrobras).1111. “Brazil’s Oil Boom: Filling Up the Future,” The Economist, 5 de noviembre de 2011, visitado el 3 de junio de 2017, http://www.economist.com/node/21536570.

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2. Fracking: abriendo camino hacia un planeta tóxico

Tal tipo de presiones en el Sur Global han forzado a las mayores empresas de EE.UU. y Europa -BP, Chevron, ConocoPhillips, ExxonMobil, Royal Dutch Shell, y Total de Francia – a buscar en otros lugares nuevas fuentes de petróleo y gas natural. Desafortunadamente para ellos, no hay muchos más lugares en el mundo que posean reservas prometedoras de hidrocarburos y que al mismo tiempo sean favorables a la inversión de las mayores empresas energéticas. Es por eso que muchos de los mercados de energía nuevos y más atractivos yacen ahora en Canadá y EE.UU. (o en sus aguas mar adentro), donde los gobiernos se muestran más receptivos a la extracción de petróleo y gas. Como consecuencia, ambos están experimentando un repunte notable en nueva inversión de las principales empresas internacionales.

Ambos países todavía disponen de depósitos considerables de petróleo y gas, pero no de la variante “fácil”; depósitos cerca de la superficie, cerca de la costa, o con fácil acceso para la extracción. Todo lo que queda para explotación a gran escala son reservas “difíciles” o “no convencionales”; éstas se encuentran a gran profundidad bajo tierra, lejos de la costa, o son consideradas difíciles de extraer y procesar. Aunque abundantes, estas reservas difíciles solo pueden ser explotadas utilizando tecnologías agresivas que probablemente causen grandes daños al medio ambiente, y en muchos casos, también a la salud humana. También tienen que encontrar la manera de obtener la aprobación del gobierno para entrar en zonas de protección medioambiental hasta ahora vedadas.1212. Para conocer la historia de los combustibles no convencionales, ver Deborah Gordon, Understanding Unconventional Oil (Washington, D.C.: Carnegie Endowment, 2012).

La fórmula para hacer de Norte América la “Arabia Saudí” del siglo veintiuno es desalentadora pero relativamente sencilla: las protecciones medioambientales deben ser retiradas y aquellos que están obstaculizando el camino de la perforación intensificada, desde propietarios de tierras hasta grupos locales de protección medioambiental, deben ser quitados del camino. O por decirlo de otra forma, Norte América tendrá que ser “tercer mundializada”, de la misma manera en que los países del Sur Global fueron explotados por empresas extranjeras con poco o ningún respeto por el medio ambiente local o las personas que ahí vivían.

Considere la extracción de petróleo y gas de esquisto, ampliamente considerado como el aspecto más fundamental de la vuelta de la industria petrolera al mercado norteamericano. Se cree que las formaciones de esquisto en Canadá y los EE.UU. albergan cantidades enormes de petróleo y gas natural, y su extracción acelerada ya está ayudando a reducir la dependencia de la región del petróleo importado.

Ambas fuentes de energía, sólo pueden ser extraídas mediante un proceso conocido como fracturación hidráulica (“hidrofracking,” o simplemente “fracking”) que usa potentes chorros de agua en cantidades masivas para hacer pedazos formaciones subterráneas de esquisto, creando fisuras a través de las cuales pueden escapar los hidrocarburos. Además, para facilitar el escape del petróleo y el gas por estas fisuras, el agua utilizada es mezclada con una variedad de solventes y ácidos venenosos. Esta técnica produce cantidades enormes de aguas residuales tóxicas, que no pueden ser devueltas a la naturaleza sin poner en peligro el suministro de agua, ni fácilmente almacenadas y descontaminadas. Las fallas de las empresas perforadoras a la hora de garantizar una eliminación y almacenamientos seguros de las aguas residuales han producido numerosas filtraciones, poniendo en peligro en algunos casos el suministro local de agua potable.1313. Ver, por ejemplo, Ian Urbina, “Regulation Lax as Gas Wells’ Tainted Water Hits Rivers.” The New York Times, 26 de febrero de 2011, visitado el 3 de junio de 2017, http://www.nytimes.com/2011/02/27/us/27gas.html?pagewanted=all&mcubz=2. El bombeo de las aguas residuales a depósitos de almacenamiento subterráneos también puede desencadenar terremotos; un peligro percibido con mayor frecuencia en Ohio y Oklahoma, donde la práctica está extendida.1414. Ver Michael Wines, “Oklahoma Recognizes Role of Drilling in Quakes.” The New York Times, 21 de abril de 2015, visitado el 3 de junio de 2017, https://www.nytimes.com/2015/04/22/us/oklahoma-acknowledges-wastewater-from-oil-and-gas-wells-as-major-cause-of-quakes.html?mcubz=2.

La rápida expansión de la fracturación hidráulica (“hidrofracking”) sería problemática en las mejores circunstancias, y estas no lo son. Muchas de las fuentes más ricas de petróleo y gas de esquisto, por ejemplo, están localizadas en áreas pobladas de Texas, Arkansas, Ohio, Oklahoma, Pensilvania, y Nueva York. De hecho, uno de los lugares más prometedores, la formación de esquisto Marcellus, bordea la cuenca hidrográfica de una de las mayores reservas de Nueva York. En tales circunstancias, la preocupación sobre la seguridad del agua potable debería ser primordial, y la legislación federal, especialmente la Ley de Agua Potable de 1974, debería en teoría dar a la EPA el poder de supervisar (y potencialmente prohibir) cualquier procedimiento que ponga en riesgo el suministro de agua.

Sin embargo, las empresas petroleras que buscan aumentar los beneficios maximizando la utilización del hidro-fracking se unieron, ejercieron presión en el Congreso, y consiguieron quedar exentos de las disposiciones de la ley de 1974. En 2005, tras un intenso lobby del entonces vicepresidente Dick Cheney, anterior director ejecutivo de la prestadora de servicios petroleros Halliburton, el Congreso aprobó la Ley de Política Energética, que prohibía a la EPA regular el hidro-fracking mediante la Ley de Agua Potable, eliminando así un obstáculo significativo a una mayor utilización de la técnica.1515. Ver Clifford Krauss y Eric Lipton, “U.S. Inches Toward Goal Of Energy Independence.” The New York Times, 22 de marzo de 2012, visitado el 3 de junio de 2017, http://www.nytimes.com/2012/03/23/business/energy-environment/inching-toward-energy-independence-in-america.html?mcubz=2.

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3. Tercer mundialización

Desde entonces, las grandes empresas petroleras se han abalanzado sobre la región de esquisto, habiendo devorado antes en muchos casos a las empresas más pequeñas que habían sido pioneras en el desarrollo del hidro-fracking. En 2009, por ejemplo, ExxonMobil pagó 31 mil millones de dólares para adquirir XTO Energy, uno de los principales productores de gas de esquisto.1616. Jad Mouawad y Clifford Krauss, “Tapping the New Gusher.” The New York Times, 15 de diciembre de 2009, visitado el 3 de junio de 2017, http://query.nytimes.com/gst/fullpage.html?res=9C01E7D9163BF936A25751C1A96F9C8B63&mcubz=2. Otras grandes empresas, incluyendo Chevron, también han adquirido los derechos de perforación de vastas extensiones de tierras de esquisto en Texas, Pensilvania y otros lugares.

Al acelerarse la extracción de petróleo y gas de esquisto, la industria ha encontrado otros problemas. Para explotar con éxito formaciones prometedoras de esquisto, por ejemplo, las empresas de energía deben hacer muchos pozos, pues cada operación de fracking solo alcanza algunos cientos de metros a su alrededor, requiriendo operaciones de perforación ruidosas, contaminantes y potencialmente peligrosas en zonas rurales y suburbanas bien pobladas. Aunque algunas de estas comunidades han recibido bien las perforaciones como fuente adicional de ingresos, muchas se han opuesto con vigor a la invasión, viéndola como un asalto a la paz, salud y seguridad del vecindario.1717. Ver Eliza Griswold, “Situation Normal All Fracked Up.” The New York Times Sunday Magazine, 20 de noviembre de 2011, visitado el 3 de junio de 2017, http://query.nytimes.com/gst/fullpage.html?res=9C0DE7D91E3EF933A15752C1A9679D8B63&pagewanted=all&mcubz=2. En un esfuerzo por proteger su calidad de vida, algunas comunidades en Texas y Pensilvania han aprobado una legislación urbanística que prohíbe el fracking dentro de los límites de sus municipios. Viendo esto como un obstáculo intolerable más en su búsqueda de beneficios, la industria ha ejercido una presión intensa sobre ciertos miembros de legislaturas estatales para aprobar leyes que privan a la mayoría de jurisdicciones locales de su derecho a excluir las operaciones de fracking. “Nos han vendido a la industria del gas, pura y simplemente,” dijo Todd Miller, un comisionado del pueblo en el municipio de South Fayette, Pensilvania, que se opuso a la legislación.1818. Tal y como es citado en Sabrina Tavernise, “Pennsylvania Set to Allow Local Taxes On Shale Gas.” The New York Times, 7 de febrero de 2012, visitado el 3 de junio de 2017, http://www.nytimes.com/2012/02/08/us/pennsylvania-senate-passes-compromise-bill-on-gas-drilling.html?mcubz=2.

Si la industria energética se sale con la suya en Norte América, habrán muchos más como Todd Millers quejándose de cómo sus vidas y mundos han sido “vendidos” a los barones de la energía. Batallas similares ya se están luchando en otros lugares de Norte América; las empresas de energía buscan superar la resistencia a la expansión de la perforación hacia áreas anteriormente protegidas de tal tipo de actividades.

En Alaska, por ejemplo, la industria está luchando en los tribunales y en el Congreso para permitir la perforación en zonas costeras, a pesar de la oposición de comunidades nativas americanas que están preocupadas con que los animales marinos vulnerables y su estilo de vida tradicional sean puestos en peligro. En sus últimos meses en funciones, el presidente Barack Obama utilizó una ley por bastante tiempo olvidada, la Outer Continental Shelf Lands Act (Ley de tierras de plataformas continentales exteriores), para prohibir la mayoría de actividades de perforación en las aguas de Alaska.1919. Coral Davenport, “Obama Leans on a 1953 Law to Ban Drilling.” The New York Times, 20 de diciembre de 2016, visitado el 3 de junio de 2017, https://www.nytimes.com/2016/12/20/us/obama-drilling-ban-arctic-atlantic.html?mcubz=2. Sin embargo, de acuerdo con su “Plan de Energía América Primero,” Donald Trump ya ha anunciado planes de abrir esas aguas a la perforación de petróleo y gas.2020. “An America First Energy Plan,” The White House, 2017, visitado el 3 de junio de 2017, https://www.whitehouse.gov/america-first-energy.

Y esto es solo el comienzo. Para obtener acceso a más depósitos de petróleo y gas, la industria está intentando eliminar casi todas las restricciones medioambientales impuestas desde los años 1960 y abrir grandes extensiones de espacios naturales y costeros, incluyendo los ANWR, a la perforación intensiva. También busca construir el controvertido oleoducto Keystone XL, que transportaría petróleo crudo sintético hecho a partir de las arenas bituminosas canadienses; una forma de energía especialmente “sucia” y ambientalmente devastadora, hasta Texas y Luisiana para posterior procesamiento. El presidente Obama intentó evitar la instalación del oleoducto Keystone, pero el presidente Trump ha dado su aprobación y se espera que su construcción comience pronto.2121. Ver Brady Dennis y Steven Mufson, “As Trump Administration Grants Approval for Keystone XL Pipeline, an Old Fight is Reignited.” The Washington Post, 24 de marzo de 2017, visitado el 3 de junio de 2017, https://www.washingtonpost.com/news/energy-environment/wp/2017/03/24/trump-administration-grants-approval-for-keystone-xl-pipeline/.

Sin duda, la industria energética espera un apoyo firme del presidente Trump en su intento de eliminar cualquier, y todo impedimento a la extracción de petróleo y gas en territorio estadounidense. “Por demasiado tiempo nos frenaron con engorrosas normativas para nuestra industria energética,” reconoce el “Plan de Energía América Primero” del gobierno.2222. “An America First Energy Plan,” The White House, 2017, visitado el 3 de junio de 2017, https://www.whitehouse.gov/america-first-energy. “El presidente Trump está decidido a eliminar políticas perjudiciales e innecesarias como el Plan de Acción Climática”;2323. Ibid. una medida adoptada por el presidente Obama para reducir las emisiones de la quema de combustibles fósiles. Además,

el gobierno de Trump abrazará la revolución del petróleo y gas de esquisto para traer empleo y prosperidad a millones de americanos. Debemos aprovecharnos de los estimados 50 billones de dólares en reservas de esquisto, petróleo y gas natural no explotadas, especialmente aquellas en tierras federales, propiedad del pueblo americano.2424. Ibid.

Esto incluye espacios naturales como el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico, que Trump espera abrir a la perforación en un futuro cercano.2525. Matt Egan, “Trump Wants to Drill for Oil in Alaska’s Fragile Wildlife Refuge.” CNN Money, 25 de mayo de 2017, visitado el 3 de junio de 2017, http://money.cnn.com/2017/05/25/investing/alaska-arctic-oil-drilling-trump-anwr/.

Durante las campañas electorales presidenciales de 2012 y 2016, la industria del petróleo y del gas, a través de su asociación comercial, el Instituto Americano del Petróleo (API, por sus siglas en inglés), publicó anuncios sugiriendo que un aumento de la producción nacional de combustibles fósiles era la mejor opción que tenía EE.UU. para garantizar la prosperidad económica y la independencia energética, mientras que la normativa medioambiental y un énfasis en la energía verde pondrían en peligro estos objetivos. “Podemos tomar dos caminos” en política energética, proclamaba el sitio web de la campaña del API. “Un camino lleva a más empleos, más ingresos para el gobierno, y más seguridad energética para EE.UU.; que puede ser logrado aumentando el desarrollo del petróleo y el gas aquí en casa. El otro camino pondría en peligro los empleos, los ingresos y la seguridad energética.”2626. Del sitio web de Vote4Energy, the campaign vehicle of the American Petroleum Institute. Ver en “About,” Vote4Energy, 24 de junio de 2015, visitado el 3 de junio de 2017, http://www.vote4energy.org/about/.

Según la industria energética, estamos en un cruce de caminos y podemos escoger un camino que lleva a mayor independencia energética (con los combustibles fósiles) o a una inseguridad energética cada vez más peligrosa (sin ellos.). Pero hay otra manera de describir esa “elección”: en un camino, los EE.UU. se parecerán cada vez más a un típico Estado petrolero del tercer mundo, explotado por grandes empresas energéticas, con líderes gubernamentales sumisos, un sistema político cada vez más dominado por el dinero y la corrupción, y una escasa protección al medioambiente y la salud; en el otro, daría prioridad a una mayor inversión en el desarrollo de energías renovables alternativas, y a la garantía de una regulación firme y estricta en relación al medioambiente y a la salud e instituciones democráticas robustas.

El modo en que interpretemos nuestra situación energética en las próximas décadas y qué camino escojamos finalmente determinará en gran medida el destino de los EE.UU., y de todas las naciones.

Michael T. Klare - EE.UU.

Michael T. Klare es profesor de estudios de paz y seguridad mundial en la Universidad de Hampshire en Amherst, Massachusetts. Es autor de 14 libros, siendo el más reciente, The Race for What’s Left: The Global Scramble for the World’s Last Resources (Nueva York: Metropolitan Books).

Recibido en mayo de 2017.

Original en inglés. Traducido por Sebastián Porrúa Schiess.