Recuperando el espacio cívico

Historias de lucha e inspiración

Valerie Msoka

Cómo los africanos se están levantando por la justicia, paz y dignidad en el contexto de la reducción del espacio cívico

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RESUMEN

Este artículo ofrece una visión general de los activistas del movimiento Africans Rising que participaron en un retiro piloto durante un mes en Arusha, norte de Tanzania. Este retiro les dio la oportunidad de examinar y compartir las estrategias que emplean para afrontar las restricciones a la sociedad civil que se ven por toda África. Africans Rising es un colectivo incipiente y en rápido crecimiento de movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales (ONG), artistas, personas del deporte, activistas culturales y otros. El retiro fue un encuentro del este, oeste, sur y norte de África y exhibió la diversidad y riqueza de la gente de África con activistas de Benín, Burundi, República Democrática del Congo, Kenia, Liberia, Marruecos, Senegal, Somalia, Tanzania y Uganda.

Palabras Clave

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“Aquellos que tienen una buena relación con el gobierno trabajan en libertad pero aquellos que están contra el gobierno son acosados, encarcelados, apaleados y a veces incluso asesinados. No obstante, incluso en este entorno represivo hay actualmente movimientos juveniles. [A veces] es difícil colaborar porque sospechamos unos de los otros, de que alguno esté trabajando para el gobierno, la oposición o un país extranjero, pero creo que como todos estamos luchando por la misma causa, por un país mejor, seremos capaces de colaborar en el futuro.”

Fue lo que dijo Sylva Mbikayi cuando describió lo difícil que es trabajar en la República Democrática del Congo (RDC) en el comienzo del programa Activistas en Residencia (AeR).11. Copatrocinado por el Fondo para los Derechos Humanos Mundiales y organizado por el Danish Training Center for Development Cooperation (MS- TCDC).

Sylva Mbikayi, o como él mismo dijo en el grupo, “me llaman cariñosamente Legrand”, era parte de un grupo de activistas africanos que se había reunido en Arusha, en el norte de Tanzania, para ver cómo podrían promover la justicia social, en un continente en el que el espacio para hacerlo es cada vez menor. El programa AeR es una respuesta práctica a las múltiples luchas y reivindicaciones en la vida diaria de los activistas defensores de derechos humanos. A través de sus interacciones, el programa pretendía fortalecer la infraestructura para la transformación de la sociedad, así como proporcionar tiempo y espacio para la reflexión, especialmente para aquellos que están sufriendo represión o aquellos al borde del agotamiento.

AeR fue una iniciativa de Africans Rising, un movimiento panafricano de personas y formaciones, trabajando por la paz, la justicia y la dignidad.22. Para más información, ver: Africans Rising, Homepage, visitado el 14 de noviembre de 2017, http://www.africans-rising.org/www/. El movimiento está decidido a fomentar una solidaridad y unidad de propósito por toda África para construir el futuro que los africanos quieren; el derecho a la paz, la inclusión social y la prosperidad compartida. Ezra Mbogori de Kenia y Kumi Naidoo de Sudáfrica han estado involucrados en el desarrollo del movimiento. Están de acuerdo en que la unidad africana, expresada en una mayor integración social, política y económica, es crucial para África y sus pueblos, naciones y nacionalidades. Una sociedad civil unida debería ser la vanguardia de un movimiento por la justicia, la paz y la dignidad. El AeR estaba expresando los discursos de Ezra y Kumi.

La iniciativa era oportuna dada la realidad en varios países africanos donde las elecciones han sido anuladas y no se han respetado las constituciones, o están siendo cambiadas para acomodar deseos personales. Estos escenarios están siendo confrontados por aquellos que se encontraron en Arusha, que creen en los derechos humanos y en construir sociedades pacíficas, justas y tolerantes. Sin embargo, como cada uno/a trabajaba en contextos distintos y tenían estrategias diferentes para responder a las restricciones de sus espacios cívicos, el programa AeR les dio la oportunidad de unificar estas estrategias y marcharse del retiro fortalecidos.

“Durante toda mi educación, desde la escuela primaria hasta la universidad, tuve que moverme desde mi mesa hasta la pizarra porque no podía ver y a nadie le importaba que, por ser una persona con albinismo, no pudiese ver las letras pequeñas,” dijo Franck Houètèhou C. Hounsa al contarle al grupo lo que le motivó a luchar por los derechos de las personas con albinismo.

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Hablando sobre la sociedad civil en Benín, Franck dice que, “aunque no tengo una definición de la sociedad civil en Benín, sé que tenemos sindicatos, organizaciones confesionales (cristianas, musulmanas y de la religión tradicional, el vudú), y ONG. Estos tres organismos son muy activos y fuertes en Benín. Trabajan por separado pero a veces se unen contra directrices gubernamentales. Por ejemplo, cuando el gobierno dijo que los musulmanes no deberían hacer culto en las calles el viernes, fueron los católicos los primeros que salieron a protestar contra la directriz y el gobierno se retractó.” Este fue un ejemplo, uno de los muchos que fueron discutidos durante el transcurso del retiro, sobre cómo las alianzas entre distintos grupos y movimientos sociales pueden significar una verdadera diferencia a la hora de confrontar una legislación represiva.

Legrand, que fue puesto en libertad de una detención militar una semana antes de asistir al AeR, habló de la situación en su país, “en la República Democrática del Congo hay un gobierno y una oposición. Hay [muy] pocas agrupaciones de la sociedad civil imparciales porque las organizaciones de la sociedad civil están o bien con el gobierno o con la oposición y aspiran a estar en uno de estos dos bandos, no están realmente interesados en las personas, piensan en primer lugar en sí mismos.”

Legrand, cuya liberación se produjo gracias a la presión internacional y nacional así como el cabildeo de miembros de su familia y amigos, negó las acusaciones de estar en un movimiento que estaba planeando un golpe, insistiendo en que “solo queremos democracia, una democracia real, eso es todo.” En 2013 fue esa necesidad de democracia lo que llevó al movimiento juvenil en la República Democrática del Congo (RDC) a formar la Cuarta Vía. Legrand explica el nombre, “el primer camino es el régimen, el segundo camino es la oposición y el tercer camino es la sociedad civil. Pero como la sociedad civil en la RDC no representa adecuadamente las aspiraciones de la gente, somos la Cuarta Vía, que representa a los jóvenes. El movimiento se conformó cuando el Presidente Kabila comenzó a hablar sobre organizar un diálogo para las elecciones. Nos opusimos a este diálogo porque sabíamos que él estaba preparando una manera de mantenerse en el poder después de 2016, cuando su segundo mandato iba a terminar,” dijo. Y aquí tenemos otra táctica para resistir la reducción de la sociedad; la construcción de movimientos.

Legrand explica que, para acercar el movimiento a la gente, participan en actividades comunitarias como la limpieza de las calles, proporcionar acceso libre a la justicia, ayudar a vendedoras con materiales y equipamiento, trabajar con discapacitados y ofrecer becas universitarias a jóvenes cualificados. Además, el movimiento realiza reuniones y consultas con la oposición. Se percibió que la decisión de mantener la comunicación con grupos de la oposición era correcta cuando, en 2014, algunos líderes de la oposición se unieron al movimiento y se negaron a participar en el diálogo que el presidente Joseph Kabila estaba exigiendo. Pero esto no disuadió al presidente y volvió a hacer un llamamiento al diálogo en 2015 “así que enviamos cartas [a las Naciones Unidas y la Unión Europea] y dijimos ‘No, esto no es lo que el pueblo congolés quiere’. Pero no se tomaron nuestras cartas en serio, así que nos radicalizamos y enviamos mensajes en los medios sociales diciendo que crearíamos ‘caos’ en las calles para impedir que la gente asista al diálogo. Finalmente nos tomaron en serio,” dijo.

Mbongo Ali, un abogado activista de Burundi que preside una ONG de derechos humanos, Via-Volonté, que significa “donde hay voluntad hay un camino”, dice que antes de 2015 la sociedad civil en el país era muy activa. “Burundi estaba de hecho entre los cinco principales países africanos donde la sociedad civil tenía espacio para trabajar libremente. Pero desde las manifestaciones de abril de 2015 en contra del tercer mandato del presidente Pierre Nkurunzinza, las cosas han ido de mal en peor. Aparte de las manifestaciones hubo un golpe fallido y el presidente Nkurunzinza dijo que la sociedad civil formaba parte del intento de golpe, por lo que todas las organizaciones de la sociedad civil fueron prohibidas y todos los activistas incluidos en una lista de enemigos del Estado. Según la constitución, la sociedad civil tiene autorización para actuar pero [en la práctica] el gobierno ha decidido cerrar el espacio cívico” dice Mbongo.33. Las organizaciones de la sociedad civil son consideradas enemigos de la democracia por el gobierno. Esta reciente declaración realizada el 13 de mayo de 2017 puede ser leída en la página web oficial de la Presidencia: “Message du Gouvernement du Burundi À L’occasion de La Commémoration de L’échec de La Tentative de Coup d’Etat du 14 Mai 2015 – (Deux Ans Après),” Présidence de la République du Burundi, 13 de mayo de 2017, visitado el 14 de noviembre de 2017, https://www.presidence.gov.bi/2017/05/13/message-du-gouvernement-du-burundi-a-loccasion-de-la-commemoration-de-lechec-de-la-tentative-de-coup-detat-du-14-mai-2015-deux-ans-apres/.

En abril de este año, Mbongo fue arrestado en Tanzania tras haber ido allí a manifestarse por los derechos de las minorías étnicas de Burundi. Mbongo dice que la situación en Burundi hace difícil trabajar. “Estamos en una especie de guerra civil; cuando dices o haces cualquier cosa contra el gobierno eres un enemigo del Estado, si dices o haces cualquier cosa que no le guste a la oposición también te conviertes en su enemigo y si trabajas con gente de fuera de Burundi se considera que estás trabajando con el enemigo. Siempre estás en peligro.”

En tales circunstancias, explica que la mejor forma en que su organización y otras pueden resistir es manteniendo debates con algunos líderes y fortaleciendo la capacidad de las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) para mostrar que la libertad de expresión y asociación es un derecho constitucional. “Es importante hablar de derechos humanos y democracia así como de la paz, que mi país tiene dificultades para lograr”.

Del mismo modo en que Ali siente que enfrentar la discriminación es lo que le lleva al activismo de derechos humanos, Julie Weah de Liberia siente pasión por “ver cambiar la condición de las mujeres, que se oiga su voz y sean vistas como personas que pueden hacer una contribución en una sociedad que es muy patriarcal.”

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Julie, o Madame Presidente tal y como fue llamada en honor a Ellen Johnson Sirleaf, la primera mujer presidente en África, lidera la Foundation for Community Initiative FCI (Fundación para la iniciativa comunitaria). La fundación trabaja sobre todo con mujeres para aumentar su participación en la gobernanza y gestión de recursos naturales. Ella explica que la sociedad civil en Liberia está basada en áreas temáticas como los recursos naturales, transparencia y rendición de cuentas, prestación de servicios como salud, agua, sanidad y los sindicatos. Las diversas organizaciones liberianas de la sociedad civil se benefician de una organización principal, el Consejo Nacional de la Sociedad Civil de Liberia, que busca “coordinar las actividades de las organizaciones de la sociedad civil de Liberia”.44. Para más información ver: “About NCSCL,” The National Civil Society Council of Liberia, 11 de enero de 2017, visitado el 14 de noviembre de 2017, http://ncscliberia.org/%22about%20us%22.

Ella dice que en general no hay restricciones a la sociedad civil. Sin embargo, esto no siempre es así, por ejemplo si un tema es considerado moral o socialmente inaceptable, como los derechos LGBTI o si es probable que el tema genere mucha oposición a la postura del gobierno. “Hubo una reforma en el sector forestal para formular una nueva ley y las organizaciones de la sociedad civil que trabajan con temas de la tierra pudieron participar plenamente, sin embargo, aquellos que se oponían al modo como está siendo llevado a cabo no fueron escuchados, siendo por tanto excluidos de un proceso democrático. Otro ejemplo es el proceso de referéndum actualmente en curso acerca de si Liberia debería ser declarado un país cristiano. Se permitirá que algunas organizaciones de la sociedad civil participen mientras que otras no, dependiendo de si están de acuerdo o en desacuerdo con la postura del gobierno. Para abordar este tipo de situaciones, dialogamos y tenemos una comunicación constante con las partes interesadas”.

El tiempo en AeR también era para la reflexión y para recuperar energías para enfrentar el siguiente obstáculo; una estrategia para garantizar que los activistas tengan suficiente energía para poder enfocarse en su trabajo. Otieno Ombok, hablando sobre la situación de Kenia dijo, “las OSC están atentas al cumplimiento de la constitución y de otras legislaciones que protegen los derechos humanos, civiles y socioeconómicos. Hemos formado directamente a unos 2,000 defensores comunitarios de derechos humanos [sobre estos temas]. Cuando observamos violaciones informamos de ellas a los organismos constitucionales como la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Kenia, la Autoridad de Supervisión Independiente de la Policía, la Comisión Nacional de Igualdad de Género, y el Defensor del Pueblo. Estos organismos han citado a los distintos poderes ejecutivos incluyendo a la policía para interrogarlos”.

“El Sabio”, tal y como era conocido Otieno Ombok, dijo que las OSC keniatas también dirigieron peticiones a la presidencia y al parlamento a través del líder de la mayoría y animan al público general a realizar peticiones e ir a los tribunales para pedir reparación. Estas estrategias han dado lugar a sentencias favorables en el pasado, especialmente después de que la constitución fuese reformada por un poder judicial independiente, demostrando que la movilización masiva incluyendo las protestas todavía tiene capacidad de influenciar a los parlamentos en ciertos contextos.

Amina Terras de Marruecos es miembro de la Unión de Estudiantes para la Transformación del Sistema Educativo. Este movimiento fue creado por estudiantes que estaban descontentos con el sistema educativo existente, “esto se debe a que la gente estaba teniendo dificultades para acceder a las especialidades que querían estudiar, debido a la naturaleza selectiva del sistema educativo así como a la privatización del mismo. El sistema de educación tanto en el sector privado como en el público ha conducido a la segregación al hacer accesible la educación [únicamente] para la clase media alta. La educación debería provocar la emancipación y no el progreso social de aquellos que ya son privilegiados.” Dijo, con la pasión que la lleva a salir a las calles en pro de lo que llama una “universidad popular”.

Explica que el movimiento, que comenzó en 2012, y que ahora ha cambiado su nombre a Tilila, que significa libertad o luz en la lengua indígena amazigh, fue consecuencia de la Primavera Árabe. “Después [de las revueltas de la Primavera Árabe en Marruecos] había más espacio para la sociedad civil porque el gobierno se vio obligado [a estar más abierto] debido a la situación política; era eso o más manifestaciones. Pero no hemos podido registrar nuestra organización porque de un modo indirecto el gobierno no quiere que tengamos estatuto jurídico. Llevamos este tema al Tribunal Administrativo y en 2015 ganamos el caso contra el gobierno. Pero el gobierno apeló y en 2016 nos ganaron ellos a nosotros. Así que cambiamos el hombre de la organización y los nombres de los líderes pero aun así no se nos permite registrarnos, así que continuamos sin estatuto jurídico,” dice encogiendo los hombros y sonriendo. Organizar grupos informalmente, y mantenerse por tanto fuera del radar de los gobiernos represivos, es una estrategia cada vez más utilizada en la lucha contra las restricciones a la sociedad civil.

En el entorno en el que se encuentra Amina, es difícil sobrevivir. Pero ha encontrado aliados que, como ya no se les permite celebrar encuentros en las calles, proporcionan espacios en sus recintos. Y es optimista, “tengo esperanzas, no en un cambio de régimen pero sí en un cambio social, que las personas verán la raíz del problema y se unirán y encontrarán sus propias soluciones. Esto es lo que el Estado no quiere, pero cuando las personas sean asertivas y exijan un cambio será el fin de la legitimidad del régimen actual,” finaliza asintiendo con la cabeza.

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Otro movimiento informal que está avanzando en la reivindicación del espacio público es el movimiento social senegalés, Y’en a Marre, que quiere decir “hartos”. Consiste en un grupo de raperos y periodistas senegaleses; la música y el poder de los medios sociales son herramientas de comunicación populares que están siendo utilizadas para atraer a los jóvenes senegaleses a su búsqueda de democracia y para reivindicar el espacio cívico. El movimiento comenzó en 2011 para protestar contra un gobierno ineficaz, movilizar a los jóvenes a registrarse para votar y adoptar un nuevo tipo de pensamiento y modo de vivir llamado “El Nuevo Tipo de Senegalés” o NTS tras el intento del presidente Wade de mantenerse en un tercer mandato y de establecer mecanismos para que su hijo le suceda. “Así que cuando llegó el momento en que el presidente iba a presentar su propuesta al gobierno, estábamos ahí frente al parlamento el 23 de junio protestando para que su propuesta no fuese aprobada,” dice Ngone Ngom de Senegal.

Ngone cuenta que la protesta de 2011 llevó a un reconocimiento más amplio de Y’en a Marre. Explica que, “en Senegal hay dos tipos de sociedad civil. Una que es como Y’en a Marre, siempre hostil al gobierno porque defiende los derechos de las personas y promueve la concienciación sobre temas que las personas necesitan tener en cuenta. Y otra que está a favor del gobierno y es con la cual el gobierno quiere trabajar.”

A pesar de estas diferencias, Ngone, que también trabaja para la Women in Law and Development in Africa (WiLDAF) explica que hay momentos en los que toda la sociedad civil se une. Da como ejemplo las elecciones que tuvieron lugar este año. Muchas regiones no pudieron votar debido a la falta de materiales y a la desorganización, así como a un apagón durante el anuncio de los resultados y soldados entrando a llevarse las urnas. “Hicimos una declaración y un llamamiento conjunto a anular las elecciones. Aunque las elecciones no se anularon mandamos nuestro mensaje,” dice Ngone.

Pepe, un señor bien vestido y tranquilo describe el tipo de espacio en el que la comunidad LGBTIQ de Uganda debe operar. Muchas personas deben soportar el sexo forzado para llegar a ser lo que se considera normal; son coaccionados a casarse mientras que otras son violadas por miembros de la familia u otros hombres para enseñarles una “lección”. Otros son expulsados de la escuela porque sus padres se niegan a pagar las cuotas y algunos son repudiados por negarse a cumplir con lo que la sociedad quiere de ellos. Algunos son despedidos de sus trabajos, y expulsados de las iglesias por considerarse que no pertenecen a ellas. Muchos sufren violencia de la comunidad y de la policía, a veces, por ejemplo, cuando entran en una tienda el vendedor comienza a gritar y viene gente de fuera para darles una paliza. En general, cuando llega la policía quien es acusada es la víctima y no los autores del crimen. El propio Pepe fue detenido y golpeado hasta quedar inconsciente el año pasado. Después fue puesto en libertad debido a sus tuits en los medios sociales, que provocaron intervenciones de sus amigos y colegas.

En cuanto a la reivindicación del espacio que la comunidad LGBTIQ necesita para poder actuar, Pepe explica que además de utilizar los medios sociales “constituimos coaliciones y redes porque compartimos la carga de estar siendo oprimidos y juntos podemos reivindicar nuestros derechos constitucionalmente garantizados. Y concretamente para la comunidad LGBTIQ también colaboramos con otros temas en la sociedad como el derecho a la educación y el derecho a la paternidad porque estos son temas relacionados con los jóvenes. Mediante tales colaboraciones estamos consiguiendo aceptación y avanzando poco a poco.”

Africans Rising también tiene a muchos de sus seguidores en el extranjero, lo que explica la presencia de Abdi Muse en el encuentro. Es de Somalilandia pero vive en el Reino Unido, es un miembro activo de la diáspora de Somalilandia y ayuda en la integración de refugiados de Somalia, Sudán, Etiopía y Eritrea en el Reino Unido. De su patria dice, “estoy extremadamente preocupado sobre los retrasos en las elecciones y la reducción del espacio cívico que está teniendo lugar en Somalilandia. Hasta ahora el gobierno ha retrasado dos veces las elecciones que originariamente estaban previstas para junio de 2015. Los cuestionamientos sobre la legalidad de estos atrasos han sido respondidos con restricciones continuas de cualquier crítica pública del gobierno o de sus políticas, deteniendo a menudo a periodistas, defensores de derechos humanos y cualquier voz disidente, a veces resultando en cargos penales. El gobierno también ha restringido las reuniones públicas bajo el pretexto de mantener el orden público y cuando las manifestaciones sí tienen lugar, las fuerzas de seguridad han utilizado fuerza excesiva contra los manifestantes. Las restricciones del gobierno de Somalilandia a las libertades de expresión, prensa, reunión y asociación, han dificultado que los ciudadanos se organicen y creen movimientos civiles fuertes que puedan exigir responsabilidades al gobierno.”

Abdi dice que aparte de las restricciones que ve en Somalilandia, también percibe que los grupos de la sociedad civil en Londres están afrontando muchos retos debido a la disminución de recursos: “los sucesivos gobiernos del Reino Unido han implementado recortes en la financiación de los servicios públicos y para las organizaciones que trabajan con refugiados. Esto ha tenido un enorme impacto en cómo nosotros los activistas comunitarios apoyamos y ayudamos a los refugiados. Los medios de comunicación y la opinión pública hostil a la migración, también han creado un entorno desafiante para operar”.

Él dice que tiene que buscar constantemente maneras para ayudar a los refugiados, trabajando y colaborando con otras organizaciones voluntarias, comunitarias y empresas sociales. “Mediante esta capacidad de establecer una posición colectiva hemos hecho campaña y promoción para concienciar sobre el efecto que los recortes en financiación del gobierno tiene en la vida de los refugiados. Gracias a estas alianzas he conseguido encaminar a refugiados a organizaciones asociadas que les han proporcionado servicios”.

Y así, los participantes del AeR eran diferentes pero iguales. Eran de países distintos pero todos se enfrentaban al mismo reto de operar en un espacio cívico cada vez menor. Estos activistas que en algún momento han sido acosados o encarcelados, tuvieron tiempo, mediante las distintas ponencias y sus interacciones durante el encuentro, para reconocer y comprender el poder de construir coaliciones, colaboraciones, alianzas y movimientos, así como el modo de hacerse relevantes desde el nivel popular hasta el nacional. Con estas estrategias en mente se fueron del encuentro. Aparecerán retos a la hora de trabajar juntos, pero la unidad de propósito es su fortaleza y su posibilidad de tener éxito. Con la red que han construido, estos embajadores de Africans Rising vuelven a sus países para aplicar acertadamente el proverbio africano que dice, “Si quieres caminar deprisa, camina solo, si quieres caminar lejos, camina con otros”. Juntos ahora caminarán con más fuerza en la búsqueda de africanos que se levantan por justica, paz y dignidad y para proteger y reivindicar el espacio cívico en sus respectivos países.

Valerie Msoka - Tanzania

Valerie Msoka es una de las fundadoras de Tanzania Media Women’s Association (TAMWA) que surgió como respuesta al trato dado a las mujeres en las salas de prensa y la imagen de las mujeres en los medios de comunicación. Desde entonces se ha convertido en una poderosa organización de promoción trabajando por la igualdad de género.

Recibido en septiembre de 2017.

Original en inglés. Traducido por Sebastián Porrua.